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Gabriel García Sánchez.
Lunes, 2 de abril de 2018
porque la CUP se está poniendo por delante al ocupar la calle

Crónica del despropósito catalán

[Img #15800]El llamado “problema catalán”, desde su inicio, ha alcanzado tal complejidad que, para su estudio, se hace necesaria una disección que parcele este macro problema: intentar analizar el totum revolutum en que se ha convertido, sólo puede llevarnos a conclusiones equivocadas.

 

Refresquemos un poco la memoria: es bien conocido que, desde hace años, el independentismo ha trabajado, sotto voce, en la extensión de un relato que, básicamente, se asentaba en dos ideas fuerza: “España nos roba”, el gobierno no quiere hacer públicas las “balanzas fiscales”. Ambos argumentos han sido desmontados por Borrell y Llorach en su libro, “Las cuentas y los cuentos de la independencia” y prácticamente han desaparecido al menos a nivel mediático.

 

Lo malo es que al otro lado del cuadrilátero ha estado el gobierno de Rajoy, el peor de la Democracia Española, incapaz de, en los inicios del problema, con Artur Mas de President de la Generalitat, establecer un diálogo franco que recogiera las legítimas aspiraciones del independentismo. Si a esto sumamos el recurso de inconstitucionalidad que el PP puso contra el Estatut, votado positivamente por el pueblo catalán, que condujo a la eliminación de partes importantes de su texto, es evidente que, en los albores, cuando el problema tenía fácil solución política, se perdió una gran oportunidad para resolverlo; por ejemplo, no parece razonable que mientras Navarra y Euskadi tienen un sistema de recaudación propio basado en el cupo, Cataluña, que supone el 18% del PIB nacional, no pueda disponer de la misma situación fiscal.

 

Esto dio inició una cadena de errores por las dos partes. El independentismo, que había decretado que las elecciones autonómicas de 2015, en las que CDC y ERC iban en coalición, serían plebiscitarias, a pesar de obtener la mayoría en diputados pero no en votos –había perdido al sacar un 47% frente a un 53% de la oposición-, de forma claramente antidemocrática, echó a andar el carro por el pedregal, pasando de la mayoría al aprobar, con gran desprecio de la oposición parlamentaria, las leyes de desconexión de España e incluso la Declaración Unilateral de Independencia: todo un disparate. Antes se había producido el referéndum del 1 de octubre, y, el gobierno de Rajoy, cometió el grave error de enviar a la Policía Nacional y la Guardia Civil contra la gente indefensa que fue a votar y se encontró una fuerte represión policial. Otra torpeza imperdonable que dio la vuelta al mundo, lo que supuso una muy mala propaganda para el gobierno de Madrid.

 

Después vino la aprobación del artículo 155 de la Constitución con el inexplicable voto favorable del PSOE; además, las elecciones del 21 de diciembre no cambiaron la relación entre los dos grandes bloques, aunque el gran ganador fue Ciudadanos y el perdedor el PP, que con sólo 4 diputados no pudo ni siquiera formar grupo parlamentario propio. Por la parte independentista, el ganador fue JxCat, formado a imagen y semejanza de Puigdemont, sin contar con su partido, el PDECAT. También ha funcionado la justicia, a la que el indolente Rajoy le ha cedido el protagonismo, y que llevó, inicialmente, a la huida del ex president y cuatro ex consejeros a Bélgica.

 

A lo largo del proceso, se ha producido una exagerada utilización de la prisión incondicional, injusta, y que no ha impedido la fuga reciente de otros políticos independentistas como Anna Gabriel y Marta Rovira. La reciente detención de Puigdemont en Alemania ha sido el último paso de un esperpento que pasará a la historia.

 

Hablemos del gobierno: JxCat está haciendo lo posible e imposible para que no se forme gobierno, ¿para qué?, la propuesta de las candidaturas de Puigdemont, Jordi Sánchez y, por último, de un Turull que no llegó a investirse por la abstención de la CUP, y la nueva propuesta del ex presidente, sólo conseguirían llevar a los tribunales a miembros de la Mesa del Parlament con su President, Roger Torrent al frente. Una propuesta miserable del “puigdemontismo” que ni hace ni deja hacer.

 

En estos momentos, la situación es muy complicada: el independentismo está dividido con JxCat obstruyendo la formación de un gobierno efectivo, lo mismo que la CUP –quién lo iba a decir-, mientras que ERC, más razonable, defiende una transversalidad de izquierdas, pero no avanza más por el respeto esclavo a JxCat, que fue el ganador entre los independentistas.

 

Pero la situación no se puede prolongar, porque la CUP se está poniendo por delante al ocupar la calle convirtiendo en violento un movimiento que siempre ha sido pacífico y, si no se forma pronto un gobierno, la situación se le irá de las manos a JxCat y ERC. De ellos depende el que desaparezca el art. 155, o que la reivindicación independentista se instale en la calle dirigida por la CUP.

 

En lo referente a la justicia, me parece exagerado juzgar a los dirigentes independentistas por rebelión o desacato y que pasen largos años en la cárcel, pero sí por dilapidar dinero público. También deben tener su castigo ético el haber iniciado un proceso con el apoyo en las urnas de una minoría en contra de la mayoría. Lo mejor que puede suceder es que se recupere el dinero de todos, y que los dirigentes independentistas sean inhabilitados –algunos ya, de hecho, han anunciado el abandono de la política activa-. Se lo han ganado a pulso, lo mismo que Rajoy al que las urnas, mejor antes que después, deben colocar en su sitio: un rincón escondido de la Historia.

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