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Juan Sánchez.
Lunes, 23 de abril de 2018
el envite está sobre la mesa…

¡Hay que echarlos pijo! Hay que echarlos

[Img #15977]Se nos conoce muy bien allende frontera patria, mejor que nosotros mismos. La mirada desde ese otero histórico aclara los designios de nuestra nación. No tenemos remedio, somos lo qué somos y seguiremos siendo lo que siempre fuimos: un país de palurdos ignorantes que se jactan de saber más que Lepe Lepijo, pero en realidad seguimos con la boina calada hasta la cencerreta y acojonaditos en el último rincón de este corralito de gallitos que echan a correr cuando las cosas se ponen mínimamente jodidas. Y donde dije Diego digo Juanlanas, y viva la Pepa!, Pepita, la mesonera de la esquina con vaselina para sufrir lo justo al tragar… saliva.

 

El contador de los innumerables ‘casos aislados’ de corrupción política, PP, Psoe, etc, está pasado de vuelta. Pero eso no importa, qué pijo va a importar que tanto sinvergüenza con mando en plaza se las lleve crudas y por la cara. Sí esto  fuera una nación civilizada, que no lo es, sí existiera un mínimo de amor patrio, que no lo hay, aunque algunos se llenen la boca y los bolsillos de tanto decírnoslo, sí a la mínima sospecha de corrupción institucional llovieran hostias como panes desde cada rincón de esta corrala marujera de tontos de baba, otro gallo nos cantaría. Pero consentimos que nos den por saco a tutti play, a to lujo, ya te digo, sin enseñar los dientes ni el trabuco de mierda pavo, bajo esa manta bandolera que todos portamos por si hemos de dormir al raso del desahucio de nuestros derechos ciudadanos. Cosa extraña, un país que desconoce, por desidia, miedo e ignorancia, que tiene derecho a tener derechos civiles, políticos e incluso humanos. Tranquilos, no salgáis en turbamulta a exigirlos, que os espera una tromba de guantazos judiciales al amparo de esa bonica ley de boca chitón y usted no sabe con quién está hablando (Ley ‘mordaza’), que hemos consentido y tragado sin que casi nadie haya levantado la voz para denunciarlo, excepto Naciones Unidas, Amnistía Internacional, el Parlamento Europeo, u otras organizaciones extranjeras sin relevancia patria que velan más por nuestros derechos democráticos que nosotros mismos. Lo normal, vamos a seguir yendo a lo que dijimos que íbamos: España, España, España!!, y tal.

 

Y así, amados mamados míos, nuestros, vuestros, de ellos, los que mandan o mandaron o mandarán, -¡chimpón-champán! porque el cava está en cuarentena patriótico-borrego-independentista-y a por ellos-, los que mandan seguirán mandando del mismo modo que mamaron, perdón, mandaron en el próximo pasado sin solución en este presente de bobos y esclavos con reseña de capullos patrios, y olé!. Y seguirán desollando esta nación de consentidores sin que nadie rechiste, por si acaso. Por si es el caso que se cabrean los amos y nos meten en prisión por no estar de acuerdo con su expolio a cara descubierta, sin tapujos, sin rodeos, sin vergüenza alguna, ni aclaración pertinente, penitente, de cuanto hacen con las telarañas de las arcas del estado; perras ya no quedan, se las llevaron.

 

La otra tarde, de camino a una reunión de [email protected] con UN PAR de COJONES, -cómo se echa de menos esa energía, inconformismo, rebeldía, de otros segmentos de edad huidos dentro de un Smartphone, hipnotizados o directamente embobaos en esa zona-santuario del confort que ya no es tan protectora ni confortable-, departía con un compañero de teclas, Juan Eladio, la posibilidad posible, si existiera voluntad y arrojo y ganas de limpiar el patio, de impulsar una opción político-social incitando esa complicidad natural entre [email protected] y [email protected], una opción para las próximas urnas que caminaría bajo la bandera blanca de un futuro mejor para [email protected]. Una opción social que marcase una diferencia abismal contra la insidiosa podredumbre en las alturas. Los [email protected] aportarían su experiencia vital, los jóvenes su energía renovadora. Menudo tándem ganador, ¿o no?

 

Ahí lo dejo, por si alguien de algún sitio quiere, puede, y se atreve, a impulsar esta idea y llevarla a buen puerto, por ejemplo el de Cartagena. Sin más letras, lo dicho, el envite está sobre la mesa…

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