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Padre Joaquín Sánchez.
Lunes, 23 de abril de 2018
POR EL PADRE JOAQUÍN SÁNCHEZ

Si no hay transformación social, ¿No nos movilizamos?

[Img #15980]Os suena estos comentarios: “¿Para qué luchar si no se consigue nada?” o “Yo ya no voy a ninguna manifestación, no voy a estar yo en la calle y la gente en sus casas?.” Lo hemos oído en muchas ocasiones, son afirmaciones de derrota, hemos fracaso en lo que queríamos transformar y con el paso del tiempo hemos perdido la esperanza, dejamos de luchar y nos refugiamos en el ámbito personal y familiar. La tentación de abandono la hemos vivido con cierta frecuencia.

 

Hay cuatros verbos que hay que conjugar vitalmente: Sensibilizar-concienciar-movilizar-transformar. Cuando decimos sensibilizar estamos afirmando que convertimos nuestros valores y principios en sentimientos, que queremos a la gente sencilla, obrera y empobrecida, que participamos de sus vidas, que establecemos relaciones de amistad. Una sensibilidad que nos dice que nosotros tenemos que ser el cambio que queremos ver en la sociedad, como decía Gandhi. Sin coherencia no hay credibilidad y sin credibilidad no hay posibilidad de cambio social. La sensibilidad nos lleva a amar, intentando que no anide en nuestro corazón el odio. Y, desde esta sensibilidad, queremos concienciar, que significa conocer cómo funciona nuestro mundo, cuáles son los mecanismos que están haciendo que estemos más cerca de que el 1% de la población tenga y disfrute del 99% de la riqueza y que el 99% de la población sólo pueda acceder al 1% de la riqueza. Conocer nuestro mundo, los mecanismos y estrategias de las élites económicas, financieras y sociales en su avaricia, codicia, ambición, poder y violencia. Para concienciarnos y concienciar tenemos que tener los ojos y el corazón abiertos al mundo, aunque nos duela y nos angustie.

 

Cuando decimos movilizarse lo solemos identificar con manifestarse, pero es mucho más amplio. Unas jornadas es movilizarse, expresar nuestras opiniones y reflejar las causas de la injusticia en las redes sociales es movilizarse…La movilización adquiere su mayor dimensión cuando salimos a la calle y las protestas sociales adquieren esa dimensión de confrontación con los que se consideran los dueños de la sociedad.

 

Queremos que se produzca un cambio social importante, donde la dignidad humana sea la expresión social en todos los rincones del mundo. Queremos es mundo más justo y humano y vemos que ese mundo que anhelamos se aleja cada vez más. Tenemos que aceptar el fracaso, porque si lo aceptamos nacerá un sueño nuevo. Reconociendo esto, hay logros, por ejemplo, ¿Cuántas familias han sido liberadas de los procesos de desahucios por las Plataformas de Afectados por la Hipotecas y que les ha permitido reiniciar sus vidas? ¿Cuántas personas han sido rescatadas por organizaciones humanitarias en el mar, huyendo de la muerte? Nuestra indignación se tiene que transformar en un compromiso esperanzador, donde los protagonistas somos todos y todas, tiene que haber empoderamiento, se trata de luchar “con”, no luchar “para”.

 

Creo que la vida es un tiempo, un tiempo para amar y luchar con libertad, para construir una humanidad con todas las personas. Merece la pena amar y luchar.

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