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Luis Solana.
Jueves, 3 de mayo de 2018

Olvidar, nunca; perdonar, depende.

[Img #16076]Vamos comprobando, paso a paso, que eso del final de ETA es verdad. Claro que todos hemos sido testigos de la lenta pero segura desaparición del terror, pero la noticia de que se va a hacer pública en estos días el final “oficial” de la banda, es algo que llena de alegría a muchas buenas gentes.

 

Todo el que ha vivido en sus carnes el terror, respirará recordando; todo el que convivió con el miedo, sonreirá un poco más aliviado; todo el que fue espectador indignado de los años de noticias atroces, sentirá que el tiempo ya es otro.

 

Ya sólo nos falta vivir alguna escena (incómoda para muchos) en la que se anuncie oficialmente que lo de ETA ya es Historia.

 

Pero viene a continuación, seguro, un intento de negociación. Vamos a ver si me explico bien: claro que no ha hecho falta una negociación concreta para este final, no, es que todo el viejo entramado nacionalista radical empezará a solicitar el perdón.

 

El perdón de los criminales condenados; el perdón de los delincuentes fugados por el mundo; el perdón de encubridores y soplones: el perdón general. Y a eso así planteado, me opongo.

 

En el viejo Museo del Ejército, había un texto presidiendo una sala de la Guerra Civil: “Españoles, perdonad pero no olvideis”. Y había un cuadro de un supuesto fusilamiento en Paracuellos del Jarama. Siempre me resultó insoportable todo aquello y ahora me viene a la memoria cuando otro terror termina.

 

Nadie debe olvidar su Historia, sea horrible o sea emocionante. Nadie puede olvidar el dolor o la alegría que en un tiempo vivió. Pero si alguien que nos causó daño nos pide perdón, no creo que deba ser automático ni obligado.

 

El perdón que van a pedir los amigos del tiempo del miedo, no se puede conceder sin una negociación. No hay perdón automático por el hecho de entregar las armas.

 

Por cierto: cuando hablo del perdón me refiero al perdón de Estado, no del personal. A cada afectado por ETA le corresponde valorar su dolor y su disposición a perdonar. Pero el Estado no puede declarar su perdón sin una negociación previa.

 

El Estado tiene que pedir la aclaración de todas las acciones que aún siguen sin aclarar su autoría; el Estado tiene que pedir una narración completa del funcionamiento de la banda y de sus conexiones concretas con la sociedad; el Estado tiene que conseguir que se le informe plenamente de todo lo que desconoce de ese tiempo negro.

 

Y una vez que el Estado conozca toda esta información, el Estado -por medio de las Cortes Generales- podrá plantearse un perdón total o parcial, general o personal para aquellos viejos protagonistas del terror que hayan negociado.

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