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Juan Sánchez.
Viernes, 4 de mayo de 2018

Reservoir cats

[Img #16090]Los veo merodear por todas partes. Con carácter variopinto. Habitantes de un mundo hecho por y para sí mismos. Mundo desconocido por humanos del pie más plebeyo. Viven a su ‘puta bola’ sin rendir cuentas a nadie. Deciden quien comparte el paraíso, quien camina a su lado, junto a ellos, tras ellos, bajo ellos, con ellos o contra ellos, no hay término medio. Son seres huidizos, ladinos, desconfiados, no de fiar. Seres que deambulan entre tinieblas como perico por su casa. Son ojos en la noche más inhumana, esos mil ojos que todo lo ven, incluso nuestro pensamiento, nuestro miedo, y nuestros sueños. 

 

Me paro a mirar sus evoluciones e involuciones, travesuras, venturas y desventuras al acecho de algún bicho raro –cual servidor-, desvalido frente a sus poderosas armas de caza masiva. Son predadores natos, nacieron para cazar incautos. De andrajosas garras bien afiladas, y colmillos prestos a la dentellada. Frialdad, paciencia y firmeza en sus acechanzas cuasi felinas (Ya quisieran). Siempre con un plan de huída, un plan de acción y evasión por si acaso se da el caso del ocaso público. La traición es forzosa – y a veces forzada- tradición en el gremio: mundo de lobos, chacales o perros, y algún que otro zorro viejo, al fin feroces camafeos.

 

Pillastres descuideros, ellos. Aún sin necesitarlo, pues bien servidos andan robando y robando, sin que boca alguna rechiste. Según ellos, son los putos amos. Y debe ser así, pues todo quisque agacha el lomo a su mayestático encuentro. El cuento de nunca acabar, les das un pez y te desahucian hasta los gayumbos aunque sean de esparto, más la sentina del barco. Pescar no, que de eso ya se ocupan los criados, cazar y robar, eso sí, que son los putos amos. Y tocarse el asunto de cuando en cuando, no sea que se vuelvan gárgoles los argamandijos y todo dios se burle de sus escasos redaños. Hay que aparentar los cojones aunque solo sea en los telediarios. Que da muy mala prensa que se sepa que están cagaitos y, o, u, capados. Y vuelta a la truculenta madriguera, con chófer y secretaria, o secretario, y es que son la repera. Y ponme ahí esa propuesta que ya si luego te la apaño, que voy entregadísimo de tanto y tanto trato y re-trato… “Reservoir Cats”

 

Pues no que me está saliendo en verso este legajo. Vive Dios! que lo escribo al despropósito, sin intención oculta y a destajo, y salen rimas a todo trapo. Parezco un poseso del espíritu de Don Mendo y su venganza para un rato. En fin, lo dejo, que sí poco gusta, mucho apesta de tan almibarado.

 

Habrás entendido, amigo lector, por quién y por qué van los previos reglones agrios. –Me cago en Don Mendo, tira por ahí, voto a tal– No sé si va quedando claro el espécimen de quién hablo. No me gusta mucho compararlo con auténticos gatos. Entre otras muchas consideraciones, porque los felinos verdaderos son gente cojonuda, independientes y muy, pero que muy sabios. Atributo este de la sabiduría ausente por propia definición del oficio que mentamos; sencillamente, porque si la hubiere quedan automáticamente descartados del juego, por exceso de entendederas en ese oficio de tinieblas y tontucios con poder y cargo. Muy al contrario, los inmensos felinos de andar por casa, esos pillastres de los mil saltos, volteretas y miau, miau, salvo alguna intencionada excepción, son más listos que Cardona; que no sé quién pijo fue, o tal vez sí, pero seguro que tenía gato. Servidor convive con tres, antes cuatro. El primero, Oliver, Oliberto ‘el liberado’: aterrizó literalmente en el patio, huyendo de San Juan y esa ‘bonica’ costumbre de los cohetes y petardos. Los otros tres, ahora dos, llegaron caminando por la acera una calurosa tarde del pasado verano. Abandonados a su suerte, -Por algún cabrón desalmado, o cabrona desalmada, o ambos- y creo que la tuvieron al encontrarnos, con pasos diminutos, sigilosos, desmayados, iban de andorreo extraviado, camino del cadalso. Al final de la acera discurre una carretera donde rugen cientos de imbéciles motorizados.

 

En fin, llegaron a tiempo de encontrarnos, e inmediatamente nos adoptaron como sus humanos. Ellos mandan, nunca olvides eso cuando te quedes con un gato. Y eran tres, había que pensarlo, no queríamos separarlos, tres bocas más en casa, que le vamos a hacer. .. Ya eran diez (Perros, gatos, loros, galápagos), ahora doce más uno a repartirse el rancho. Ella, Whitney, ahora rebautizada en Zoé, encontró otra familia con corazón para darle mucho cariño y exquisito trato – Otra vez Don Mendo- Quedaron por tanto, el señorito Rojo, alias Rojucio, Gared (Garfield+Red), o Rubiales, tú mismo. Un tipo de alta alcurnia gatuna, con ascendencia y heráldica que se remonta hasta los mismísimos faraones. El otro ‘nenico’ se nombra en Silver, Silverado, Silverio. No por na, es lo que traía bordado en los calzoncillos de pata larga cuando lo encontramos, un misterio, pero lo respetamos. En todo caso, Silver es blanco y negro, a roales bien diseñados. Los gatos son todos de pura raza, ninguno es mestizo o combinado (Podéis preguntarlo si dudáis de tal afirmación). El Rojo es absolutamente colorao, romano y colorao, antiimperialista vamos. Y  por último Zoé, una señorita de baja cuna y alta cama que hace lo que le viene en gana, y las delicias de sus humanos, es como la mayoría de las hembras felinas, un arco iris de colores –Solo las hembras tienen más de dos colores, curioso, verdad- con reminiscencias siamesas e inmensos ojos azulados, una princesa, vamos.

 

Cómo veréis, leeréis, si aún estáis por aquí, estos últimos colegas gatunos nada tienen que ver con el espécimen nombrado primero, en el principio fue el ‘mierdo’ (Macho de la con perdón). Pero nada de nada ni para nada. Entre otras cosas, porque les importa un zurullo-perro lo políticamente correcto. Además, no saben disimular al estilo perro-sapo traicionero, ese que poco ladra y muerte en diferido, siempre amparado por jueces y comisarios de la exposición ‘perruna’ que se celebra en cada pleno de un ayuntamiento, en la ordinariez consensuada del congreso, o en los tejemanejes de cualquier capullo con mando en cuerno de esos tipejos ‘electos’ para gloria y vuelta al ruedo, suyo y de sus cabestros. ¿A que sí, colega lector?. Miau! con ellos. Y Punto.

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