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María Antonia Bosch
Domingo, 6 de mayo de 2018
María Antonia Bosch.

El falso mito de la felicidad pasada. Dosis de realidad para el alma

[Img #16106]A casi nadie le es ajena la nueva moda de lo vintage, un eufemismo muy elegante para referirnos a lo viejo, lo pasado, aquello a lo que querríamos volver y así sentirnos felices para siempre. La felicidad regresiva vendida en una botella de cerveza, que nos promete disfrutar de una vida epicúrea donde las haya, en la que los colores se tornarán más claros y el sol brillará con una luz diferente a la que nuestra retina está acostumbrada. Toda una puesta en escena que nos permitirá realizar una regresión a nuestra tierna adolescencia, una vida epicúrea y llena de ocio donde las obligaciones adquiridas en la sociedad adulta se desvanecen, se esfuman, se transforman en verano, verano infinito.

 

La falsa proyección de una realidad pasada se nos presenta en forma de spot publicitario, y es entonces, cuando la nostalgia de ese pasado, al que atribuimos la cualidad de cuasi perfecto, retorna a nuestra mente: la infancia, la adolescencia, la juventud, retumban en nuestra mente como la época más feliz. Aquella etapa vital añorada, cuando las obligaciones eran escasas y nuestra libertad parecía infinita. Y es aquí, cuando nuestras frustraciones se hacen presentes. Tenemos la terrible costumbre de pensar el pasado solo en los aspectos positivos, cuestiones de defensa dirían los psicólogos, en cuanto a lo malo se difumina, convirtiéndose en un aspecto desagradable pero llevadero, nada que ver con el momento en el que la sensación de una mala experiencia no era aún recuerdo, sino hecho. El avance de las nuevas tecnologías no ha logrado borrar la nostalgia de ese pasado cuasi perfecto, más bien lo han alimentado con la posibilidad que nos presenta poder compartir recuerdos fotográficos de viajes, reuniones escolares, fiestas… Es decir, aquello que queda registrado gráficamente, los buenos momentos.

 

La máxima kantiana de la salida del hombre de su minoría de edad queda ahora lejos de su consecución. El idealismo trascendental de Kant nos enseñó que el mundo que conocemos es el mundo real, donde el espacio y el tiempo son parte del conocimiento subjetivo, pero es nuestra realidad, y, por tanto, esta deviene objetiva. El mundo real es aquel que conocemos a través de nuestra condición humana de conocer, condicionado por nuestra forma de aprender. Pero ahora ya no podemos pensar libremente, los medios de producción audiovisual crean y forman nuestro modo de relacionarnos con la realidad, nos dicen como y que pensar, actuar, vestir, beber…construyen nuestro modo de relación social, nuestra educación sociocultural y establecen las tendencias en moda.

 

Rousseau, mucho antes de la invención del cine, vio necesario establecer un contrato social donde definir la voluntad general en la constitución de una sociedad, ya que ésta es fácilmente manipulable, y en la voluntad general la razón determinará mediante la expresión soberana lo que conviene a todos: “La voluntad general siempre es recta, pero el juicio que la guía no siempre es lúcido”. Y es este juicio al que debemos volver, en un momento en el que el concepto Filosofía forma parte del argot social, donde cada uno establecemos nuestra “propia filosofía”, existe una “filosofía empresarial”, las cosas se “toman con filosofía”, hay una “filosofía de vida”, ahora es el momento de ponerlo en práctica, accionar el pensamiento crítico en nuestra relación con los medios audiovisuales y su influencia en el imaginario colectivo, analizar la degeneración de la educación socio-familiar en educación tecnológicamente determinada por la influencia estética del cine y la televisión, sin olvidar las redes sociales.

 

Hay que accionar el pensamiento crítico, y éste es la esencia de la Filosofía, sí, Filosofía con mayúsculas, aquella que genera el pensamiento autónomo, libre, descodificado, el que cuestiona todo y a todos, aquella que nos permitió salir de la caverna, la que nos enseñó a pensar el feminismo, el idealismo, el escepticismo…y tantos y tantos -ismos que necesitaría todo un párrafo para enumerar. Sí, aquella que nos enseñó a atrevernos a saber, y que sólo sabemos que no sabemos nada. Pongámoslo en práctica, lancemos de nuevo a la lechuza de Minerva hacia el vuelo crepuscular.

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