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Fabiola Cecere.
Miércoles, 9 de mayo de 2018
Fabiola Cecere, doctora en Literaturas Hispanoamericanas. Universidad de Venecia

Murcia y Santa María Capua Vétere, dos ciudades hermanadas por Salzillo

[Img #16132]Mi relación con la ciudad de Murcia y con los nombres de Nicolás y Francisco Salzillo ha surgido de manera inesperada en mi vida. En mayo de 2013 conocí una delegación de la ciudad de Murcia encabezada por el pintor Zacarías Cerezo en visita a Santa María Capua Vetere (Caserta, Italia), mi ciudad natal, para hacer una nueva donación de acuarelas para el Museo Cívico. Aquel día yo estaba de intérprete, bastante emocionada, y no sabía nada sobre el evento. Cuando entré a la majestuosa “Sala degli Specchi” del Teatro Garibaldi me encontré con una serie de fotografías que retrataban las obras magnas de los Salzillo. Esculturas casi humanas, con unos detalles vivos y elegantes que estaban llamando mi atención a través de las fotografías de Ana Bernal. Muy pronto descubrí que la ocasión se insertaba en un proyecto cultural de colaboración entre Murcia y Santa María Capua Vetere, inaugurado algunos años atrás y promovido por el murciano Zacarías Cerezo y el sammaritano Giovanni Laurenza. Este fue mi bautismo en el arte de los Salzillo y, sobre todo, fue entonces que comenzaron mis interrogantes acerca de qué concretamente unía Santa María con Murcia. Después la delegación viajaría a Piedimonte Matese a participar en el evento cultural IlluminArti, ciudad que también ha conocido el germen de Salzillo.

 

Nacer en Santa Maria significa vivir rodeada por un patrimonio arqueológico milenario. Ya desde los años de la escuela primaria los maestros enseñan los acontecimientos históricos clave de la ciudad, especialmente a través de actividades y de visitas extraescolares. El Anfiteatro Campano es el segundo por dimensiones tras el Coliseo en Roma y en cada rincón de la ciudad se pueden observar las huellas de un pasado de época romana notable. Nacer en Santa Maria significa también, y desafortunadamente, vivir la contradicción de no ver todo esto valorado como merece, supongo que debido a la falta de conocimiento histórico e interés cultural de algunas administraciones municipales. Durante años, unos pocos ciudadanos y políticos se han dedicado a la promoción del rico patrimonio que la historia nos ha regalado. Sin embargo, he visto que en la última década las asociaciones culturales locales y las organizaciones sin fines de lucro han hecho un gran trabajo, han dado un gran empujón a la visibilidad de nuestra herencia arqueológica, acompañados por la diligencia de algunos profesores y estudiantes de nuestra tierra.

 

A través de la organización de eventos y, al mismo tiempo, a través de peticiones a los órganos del ayuntamento, el interés en una mayor valoración de nuestros bienes ha crecido en las últimas épocas. El proyecto cultural de colaboración con Murcia es el ejemplo más representativo, que ha sido impulsado por Zacarías Cerezo, ayudado por su mujer Nicol y los amigos Miguel, Isabel, Remigio, Pilar, Joaquín y Nieves. Zacarías tiene el mérito de haber sacado a luz, en nuestra ciudad, las figuras de los Salzillo, su vínculo con Santa María y Nápoles, su obra, y sobre todo el nombre de Nicolás, cuyo viaje a Murcia hace 320 años era casi desconocido entre nosotros. En aquel encuentro de 2013 tuve la suerte de encontrar a todo el grupo de los murcianos y de conocer mejor a Zacarías y a Nicol, dos personas especiales.

 

Antes de asistir a la exposición fotográfica como intérprete, no podía imaginar que aquel evento iba a ser una ocasión enriquecedora para mi conocimiento sobre Santa María. Mi relación con el mundo hispano remonta al comienzo de mis estudios universitarios y continúa hoy en día gracias a una pasión personal y a mi trabajo. Pero nunca había pensado en alguna forma de colaboración o en un vínculo entre España y mi ciudad natal.

 

Aquel día no solo conocí el nombre de los artistas Salzillo, sino que me enteré acerca del largo camino que había ocasionado la visita de los murcianos a nuestra tierra: el primer viaje de Cerezo en 2006 que llevó al redescubrimiento de documentos acerca del nacimiento de Nicolás Salzillo, padre de Francisco; la exposición de Zacarías en Murcia sobre la ciudad de Santa María , patria natal de Nicolás; la instalación de una sala dedicada a la ‘ciudad hermana’ en nuestro Museo Civico en 2007; los contactos entre los alcaldes de las dos ciudades; las acuarelas donadas por Zacarías Cerezo a Santa María; la exhibición de 2013 y finalmente las numerosas propuestas de las dos poblaciones sobre la posibilidad de un hermanamiento oficial, que ratificaría una relación empezada siglos atrás y recuperada gracias al interés de los amigos murcianos.

 

Todo me parecía increíble y, al mismo tiempo, interesante. Pasé una jornada intensa, pronto me llevé muy bien con Zacarías y Nicol y el tiempo transcurrido en charlas, preguntas, explicaciones fue el germen de una amistad que vive todavía hoy. Estuvimos juntos desde la mañana hasta la tarde, pero enseguida percibí que mi relación con ellos y con Murcia se desarrollaba y engrandecía. También me surgió la curiosidad de visitar la ciudad española y de ver de cerca la obra de Francisco Salzillo. Sin embargo, pasaron 3 años antes de mi viaje.

 

[Img #16131]Viajé a Murcia en el verano de 2016, otra vez de manera inesperada. El doctorado que hice en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia me llevó a planear un viaje a España para efectuar algunas investigaciones en la Universidad de Murcia. Aproveché la ocasión para volver visitar las obras de Francisco Salzillo y también para conocer la realidad ciudadana en compañía de Zacarías y Nicol. Me gusta afirmar que fue ‘un viaje con dos direcciones’, en el que disfruté las experiencias imprevistas que la ciudad me regaló y la compañia de nuevos amigos. Me sentí acogida de manera familiar y andar por la calle, por el casco antiguo, me infundía alegría y tranquilidad. Pasé mi días paseando y estudiando en la biblioteca de la universidad, visitando lugares y probando la rica comida (¡me gustan muchísimo los paparajotes!), redactando los primeros capítulos de mi tesis de doctorado y en descubrir el arte de Francisco Salzillo. Creo que la obra que más me impresionó fue la ‘Santa Cena’ en el Museo a él dedicado, por la expresión viva en las caras de las figuras representadas: parecen revelar sus pensamientos más íntimos. Me quedé algunos minutos delante de las estatuas inmensas, saqué fotos, pero enseguida pensé que iba a ser imposible llevar a Italia los detalles de esa majestuosidad solo a través de una imagen en el móvil.

 

Zacarías Cerezo y Nicol fueron dos anfitriones impecables y, junto con ellos, descubrí la herencia que Salzillo ha dejado en la ciudad de Murcia, la resonancia de su nombre y (otra vez de manera inesperada) el conocimiento, entre la gente, del nombre de mi ciudad, Santa María Capua Vetere. También me enteré que, en esos días, Zacarías, junto con Fernando Esteban Muñoz, hicieron una solicitud de una calle para Nicolás Salzillo al alcalde José Ballesta, solicitud que se materializará en este mes de mayo, a través del descubrimiento de la placa con el nombre del escultor.

 

Después del viaje volví a Italia con un arsenal de informaciones que me permitieron encontrar al alcade de mi ciudad, Antonio Mirra, y hablarle sobre la importancia de un hermanamiento oficial. Propuse mi ayuda como intérprete o como traductora, como persona intermediaria entre el alcalde de Murcia y él. Parece que, por fin, en las próximas semanas se va a producir el encuentro entre los dos alcaldes y se iniciará el proceso de hermanamiento.

 

Murcia y Santa María han compartido eventos e investigaciones en nombre de figuras artísticas dignas de nota, y cuando se visitan las dos ciudades se percibe el compromiso histórico y cultural que existe. En ambas se observan las huellas de una historia importante. A través del hermanamiento serían muchos los proyectos de colaboración que las dos ciudades podrían realizar juntas.

 

Han pasado dos años desde mi encuentro con el alcalde de Santa María, los pasos hacia el proyecto han sido lentos y fatigantes, aunque las dos ciudades nunca han dejado de compartir amistades, visitantes y estudiantes universitarios de Erasmus. Sé que estamos ante una nueva situación en que se vislumbra el hermanamiento y nuevos proyectos culturales. Actualmente los contactos entre las dos municipalidades han sido retomados. Yo espero poder volver a viajar a Murcia muy pronto, tanto por mis investigaciones académicas como por asistir a la realización de un proyecto ciudadano que estoy esperando desde hace mucho tiempo.

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