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Jesús de Las Heras.
Viernes, 11 de mayo de 2018

Los siete colores de la montaña

Una de las más bonitas y escondidas bellezas de Perú es La Montaña de los Siete Colores. Muchos peruanos la desconocen, y pocos extranjeros han oído hablar de ella. Se encuentra en las proximidades (relativas, claro, pues el autobús tarda casi cinco horas en llegar) de Cuzco, la ciudad cuya bandera tiene siete colores quizá por la montaña mágica que hoy he querido visitar. Y digo que la he querido visitar porque al posible mal de altura (ya que la subida total es de 5100 metros sobre el nivel del mar) se une mi propensión a las taquicardias. La última vez que pretendí subir a un castillo en Baeza, Jaén, me dio una fibrilación ventricular por la que tuve que ser hospitalizado diez horas en Úbeda. Pero al contratar la excursión no me advirtieron de eso. Para mi alegría, los peruanos han pensado en ese problema, y tienen un servicio de caballos para las personas que, como yo, no pueden subir cuestas muy empinadas o tienen problemas de corazón, o bien descubren aquí arriba que padecen el mal de altura. No en vano en este punto la cantidad de oxígeno en el aire es menor del 50% de la que hay al nivel del mar.

 

No obstante, mi gozo en un pozo: aunque los caballos van sujetos al ronzal del guía, que va andando los seis kilómetros mientras lleva al equino, al verme me preguntaban que cuánto pesaba yo. No quise mentirles del todo y les dije que cien kilos. Entonces se abrió a mi comprensión una gran variedad de tipos humanos: más de veinte guías de caballos se negaron directamente, otros me pidieron tres veces el precio habitual, otros el doble, y finalmente uno se conformaba con cien soles en lugar de los 90 reglamentarios. Este guía, de nombre Augusto, me ofreció llevarme a lomos de su "Picaflor". Poco antes de esto, y mientras los demás se negaban a cargarme en su animal, la amable y dulce Davinia, una inca ataviada en su traje típico, me había consolado con palabras de afecto y esperanza. Pero como ya he dicho, Augusto me ofrecía su Picaflor. Sin embargo, al montar sobre el noble animal noté su estremecimiento y recordé una máxima de mi abuelo Salvador que a él le mantuvo con vida 87 años, y a mí, por observarla, me ha llevado hasta ahora a veinte menos que él, pero con promesa de superarlo: "Si te da miedo, no lo hagas". Por lo tanto le dije al amigo Augusto que le agradecía su intención y que me bajaba. Tuve que apoyarme sobre su hombro, pues a pesar de ser de pequeña estatura era todo un Hércules, y en cuanto estuve en tierra firme le di las gracias y una propinilla.

 

[Img #16151]Por suerte algunos amigos que hice en las horas de autobús que nos llevaron allí me proporcionaron las fotos de lo que yo pretendía ver y que les ofrezco como ornamentación de este artículo. Les he esperado aquí, sentado en una piedra, y uno a uno, me han contado las maravillas de llegar a la cima.

 

El guía, Valerio, me recomendaba subir a pie, "muy despasito", pero yo le comenté que mi vida valía más que siete montañas de los siete colores, por lo que me conformaba con lo que ellos me contasen y las fotos que tuvieran a bien compartir conmigo.

 

[Img #16152]Mi artículo, pues, no pretende hablarles a ustedes de una maravilla que me ha sido vedada por no disponer de motocicletas en lugar de caballos, sino de hacerles notar que en esta vida ésta es el bien más preciado y que los riesgos hay que disfrutarlos en la habitación del hotel, o en el 747 como mucho. Pero también les quiero resaltar que la gente es buena en general y comparte lo que tiene. Rag, de Canadá, me dijo que a pesar de estar en su segunda década de vida y hallarse en perfectas condiciones físicas había creído morir en el tramo final, de 37ª de inclinación, y que estaba dispuesta a compartir sus fotos conmigo, y por tanto con ustedes. Igual hicieron Elba, de Venezuela, Agustín, de Chile, Paulina, de Méjico, y otros más que me pidieron que omitiera sus nombres en este artículo.

 

Así que si ustedes son expertos montañeros, no le temen a las subidas pronunciadas y se sienten en perfectas condiciones físicas y mentales, cuando visiten Perú no se pueden perder esta excursión de un día a la maravilla de La Montaña de los Siete Colores. De lo contrario, desistan ustedes de ello, porque la vida es la mejor excursión que pueden hacer, y cuanto más tarden ustedes en terminarla mejor.

 

En la Montaña de los Siete Colores,

Cuzco, Perú, a dos de mayo de 2018,

siendo las 11:30.

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