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Padre Joaquín Sánchez.
Miércoles, 16 de mayo de 2018
una iglesia de los pobres, para los pobres y con los pobres

¿Por qué hay tanto rechazo dentro de la Iglesia al Papa Francisco?

[Img #16179]Con el paso del tiempo en el pontificado del papa Francisco percibo con más claridad la aceptación, la valoración y el reconocimiento en la sociedad por sus gestos, sus mensajes y sus compromisos, al contrario que en la propia Iglesia, que hay un rechazo significativo y una oposición abierta de algunos cardenales, que incluso se atreven acusar al Papa Francisco de hereje, de anticristo. Se oye muchos desprecios dentro de nuestra iglesia, desde “el argentino” hasta “este hombre no sabe” o “¡Qué ganas tengo que desaparezca y volvamos a la verdadera iglesia! Estas afirmaciones tienen una raíz: Echan de menos a Juan Pablo II, que junto a Margaret Thatcher y Ronald Reagan formaron una trilogía ultraconservadora, identificando cualquier lucha por la justicia social y la libertad con el comunismo y defendiendo el neoliberalismo como forma económica y política con el aval, la complicidad y la legitimación de la Curia Romana, un sistema neoliberal que está causando la destrucción de la humanidad, tanto las personas como la naturaleza.

 

¿Por qué hay tanto rechazo dentro de la Iglesia al Papa Francisco? La respuesta, tal vez, habría que buscarla en el modelo eclesial que defiende, que no es otro que una iglesia de los pobres, para los pobres y con los pobres. Alguien puede decir, que esto también estaba en los documentos de otros papas y llevarían razón, ¿dónde radica la diferencia? Que el Papa Francisco lo dice y lo lleva adelante, su credibilidad está en su coherencia, con sus limitaciones y equivocaciones. Por ejemplo, Juan Pablo II también tiene encíclicas preciosas y profundas, y una invitación a la transformación social y a estar en los lugares donde el ser humano esté sufriendo, pero, quien era coherente con este mensaje, enseguida se recelaba, se sospechaba de comunista y quedaba apartado, en cambio, quien defendía lo contrario, defendiendo a los enriquecidos, ritualistas, desencarnados del sufrimiento humano y espiritualista se consideraba alguien de confianza y que subiría en la Curia Romana y tenía la garantía de llegar muy lejos.

 

El Papa Francisco ha sido muy crítico con la Curia Romana, muy duro, diciendo que “no quiero cardenales de aeropuertos” o “que huelan a oveja” y está intentando, dentro de lo que puede, le torpedean y se lo ponen muy difícil, una renovación profunda. Hizo una reforma en las fianzas vaticanas para que no sirvieran de paraísos fiscales, sobre todo del dinero que venía de las diversas familias mafiosas, que le costó que lo condenaran a muerte. Reconoció que existe un lobby gay en el Vaticano y dijo “no sé cómo resolverlo”.

 

Denuncia a la propia iglesia de triunfalista, clerical, que busca el poder y el dinero y propone un iglesia que renuncie a cualquier poder y sea servidora y en especial que haga una opción preferencial por los pobres. Junto a esta denuncia, ha hecho afirmaciones contra el capitalismo de un gran calado como que es un sistema terrorista, que es un sistema que asesina, lo cual ha provocado el gran rechazo de las élites financieras, económicas y sociales y el enfado de muchos católicos. Ha apoyado a los diversos movimientos populares, creyentes o de otras ideologías, que defienden una sociedad de todos y para todos.

 

El Papa Francisco pide que luchemos por la tierra, nuestra casa común, porque cada persona tenga un trabajo digno, que cada campesino o campesina tenga un trozo de tierra para vivir y que cada familia tenga una vivienda. Pide una reforma agraria donde la gente tenga el derecho a un trozo de tierra para cultivar, denunciando a los terratenientes. Ante la propiedad privada, está el bien común, ante los robos de los poderosos, la explotación y la opresión está la dignidad humana. Hace una defensa valiente de los refugiados y de los inmigrantes, nos pide que nos pongamos en “sus zapatos”.

 

Dice “quien soy yo para juzgar a los homosexuales” que entra en confrontación con los que dentro de la jerarquía católica han despotricado contra ellos, tenemos reciente las declaraciones de Mendoza, que atenta contra la dignidad de estos colectivos en contraposición a la actitud del Papa Francisco y los propios documentos de la Iglesia.

 

Podríamos seguir diciendo cosas del Papa Francisco, un Papa de la justicia social, la libertad, la paz y la reconciliación, una Papa que llama hermanos a los que no creen y les pide que podamos caminar juntos para conseguir ese otro mundo posible.

 

¿Quiénes los rechazan? Los que creen en una iglesia poderosa a la sombra de los poderes económicos, políticos y militares. Los que siguen creyendo en un clericalismo, en una iglesia jerarquizada, llena de confort, lujo, poder y ambición, en definitiva, en una iglesia cínica, hipócrita y cruel. Dicen muchas veces “este hombre no sabe lo que dice y hace” y yo les preguntó: Jesús de Nazaret ¿tampoco sabía lo que decía y hacía?

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