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Redacción
Miércoles, 16 de mayo de 2018

Homenaje al pintor Molina Sánchez ante el centenario de su nacimiento

[Img #16184]Han ido yéndose, casi sin darnos cuenta, uno a uno los grandes maestros de la pintura de Murcia de la llamada Generación Puente.

 

Sin duda, el pintor José Antonio Molina Sánchez (1918-2009) es uno de los que más echamos de menos. Hace ya 9 años que su paleta colorista se secó en la casa del Camino de Salabosque.

 

Un grupo de amigos y admiradores se han reunido para conmemorar el centenario del nacimiento del pintor en torno a una escultura que lleva por título 'Homenaje a Molina Sanchez' que el pintor y escultor Antonio Rosa Barbero ha realizado. Se trata de un torso alado fundido en bronce que Antonio concibió y abocetó en 2009 recién fallecido el maestro y que ahora, después de ciertos avatares, ha encontrado su sitio en el jardín, casi secreto, de una casa tradicional de la huerta en La Azacaya en un rincón sombreado de palmeras en el que Molina Sánchez se sentiría a gusto conversando con un grupo de amigos como estos.

 

[Img #16185]Entre setos de mirto, petunias, romero y rosas de fuego surge el torso de una Venus angelical. Sus alas desplegadas parece que le quiten peso al bronce. La luz que se filtra entre las ramas del nisperero modela a su capricho lo que ya modeló el autor: el autor y la luz son coautores. Siempre es así, Antonio lo sabe y la luz también. Antonio Rosa ha acertado con su obra; hay un diálogo entre este torso alado, de gracia contemporánea pero de ecos intemporales, con la obra más lírica de Molina, la de jóvenes angelicales y de mirada serena. Antonio Rosa sabe de su oficio y no resta horas a la corrección de formas, al pulido de superficies. Se maneja bien en ese caos de materiales ásperos y herramientas diversas que él mismo se fabrica; un ambiente de trabajo de cierta rudeza que contrasta con esas formas de delicada sensualidad que luego salen de sus manos.

 

Sobre la mesa un arroz huertano, los productos de la huerta y la amistad. El anfitrión, Miguel Olmos, el amigo fiel que tanto hizo por Molina Sánchez; la conversación amena, las anécdotas sobre el pintor, los recuerdos y, también, las opiniones sobre cómo gestiona y administra la sociedad murciana y sus instituciones la memoria de sus hijos ilustres, ¡ay! Apenas 11 personas que rememoran sus vivencias relacionadas con el maestro, al que conocieron y admiraron, tanto en su faceta artística como en su calidad humana. En Molina Sánchez coincidieron cualidades artísticas excepcionales que dieron lugar a una obra personalísima e inconfundible y también las del humanista que fue: lo mismo podía darte un consejo artístico o unas palabras sabias para manejarte en la vida.

 

En su vida dilatada, de años y éxitos, recibió numerosos premios entre los que están la Medalla de Oro de la Región de Murcia, la Medalla de Bronce en Pintura en la Bienal de Alejandría, Palma de Oro en la Exposición de Artistas del Sureste en Elche, la Espiga de Plata en el Certamen Internacional de Arte de Albacete, la Medalla de Plata en el Salón de Otoño y la Medalla de Plata en el Salón de Pintura en Murcia.

 

En la foto Antonio Rosa Barbero, Rosa Hernández, Miguel Olmos, Isabel Noguera, Remigio Tolmo, Pilar García, el editor Joaquín Caravaca y Mari Nieves García, Beatriz Caravaca, el pintor Zacarías Cerezo y Nicol Meseguer

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