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Merche C. Servellera
Domingo, 27 de mayo de 2018
Merche C. Servellera

Lo imposible

[Img #16223]Hace unos días, desayunando con unos directivos cuyo sector no viene al caso, me sorprendía su gran resistencia a promover un cambio en el sector que los ocupa, augurando que era de por sí IMPOSIBLE.

 

Un cambio que reconocían era indispensable para poder continuar en el desarrollo de su profesión, pero que, aún así, lo daban por perdido, y preferían seguir apagando los fuegos, conforme fueran saliendo, y resignarse…

 

Personalmente, a lo largo de toda mi carrera profesional,( y también en el aspecto personal), cada vez que escucho esa palabra, lo único que me provoca es pasar a la acción para demostrar que IMPOSIBLE no hay nada.

 

Vivimos rodeados de ejemplos que nos lo demuestran cada dia. Son aquellos ejemplos en los que nos sorprendemos, cuando escuchamos éste o aquel suceso, y sentimos, a veces con frustración y envidia, y a veces con admiración y motivación, que fulanito o menganito ha conseguido esto o aquello que querríamos para nosotros.

 

Si esta situación se da, la vemos y nos provoca sentimientos, cómo afirmar que para nosotros es IMPOSIBLE.

 

El vocablo entonces hay que cambiarlo y personalizarlo: es IMPOSIBLE PARA MI desde mi YO, desde lo que yo estoy dispuesto a cambiar, a esforzarme, a arriesgar para que ese cambio se produzca.

 

Tiene mucho que ver con la seguridad que tenemos en nosotros mismos, y sobre todo en si queremos salir de ese estado de resignación, que si bien no nos aporta nada nuevo, ni  nos impide crecer todo lo que podríamos; también nos protege de tener que levantarnos, decir basta, y empezar a trabajar. Esto último es solo para valientes, claro está.

 

El resto se queda en el título: ES IMPOSIBLE.

 

La cuestión última, y objetivo de esta entrada, es saber con quién de esos dos tipos de personas te identificas tu, que amablemente estas dedicando un espacio de tu valioso tiempo para leer lo que humildemente  me he atrevido a proponer.

 

Si te identificas con los primeros, con los que se han acomodado en ese estado, y que por supuesto merecen todos los respetos, o te identificas con los segundos, que son aquellos que marcan la diferencia, que suponen retos, cambios profundos de los que al final, todos nos beneficiamos, incluidos los primeros, los que les supone un trabajo extraordinario, los que no creen, pero que en el fondo es lo que más desean...Claro está, siempre y cuando se lo traigan servido en bandeja a costa del esfuerzo de los demás.

 

No saben los primeros, los acomodados en su resignación, que los cambios que se produzcan gracias al esfuerzo ajeno, aun cuando les proporcionen beneficios también, no supondrán nada valioso en sus vidas, más que meras anécdotas puntuales. Pues si el cambio no se ha producido desde su interior, no podrán hacerlo suyo, ponerlo en práctica en el resto de situaciones.  No formará nunca parte de su actitud.

 

Y con esto volvemos a recordar que en la ACTITUD, abierta a cambios, generadora de nuevos propósitos y retos, y trabajadora en su consecución, es donde encontramos las tan ansiadas y valoradas diferencias.

 

Mas esta ACTITUD, no se puede dar sin uno de los sentimientos más valorados: es el sentimiento del COMPROMISO.

Solo cuando nos comprometemos realmente, con todo lo que la palabra implica, es cuando se producen los cambios.

 

Averiguar cual es nuestro grado de compromiso, es esencial para llevar a cabo cualquier propósito. Ahí está la clave.

 

Nada de lo que se ha  logrado alcanzar a lo largo de la historia de la humanidad, y que ha significado los grandes avances en la misma, se pudo conseguir sin un total grado de COMPROMISO por parte de sus ejecutores.

 

Y ahora, responde a esta sencilla pregunta: ¿Cual es el grado de COMPROMISO que estás dispuesto a adquirir para que se produzcan esos cambios en tu vida, laboral o personal, que tanto ansias?

 

Escribe la respuesta en tu agenda. Escríbela al final de cada página, a modo de recordatorio, para que cada día puedas comprobar si lo que vas haciendo se corresponde con el compromiso que has adquirido contigo mismo. Esto hará que cada día te reafirmes en él, que camines siguiendo la ruta que lleva hacia tus propósitos, que anotes lo que te aleja y puedas corregir el rumbo.

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