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Adolfo Caparrós.
Lunes, 11 de junio de 2018
Aquellos maravillosos años…

“Los cinco y yo”, de Antonio Orejudo

Clasificación: Novela

Editorial: Tusquets

 

[Img #16288]Dos saltos al pasado. Uno, a la infancia en la que se leyeron las exitosas novelas de “Los cinco”, de Enid Blyton; otro, el salto a una universidad en la que se formó un grupo de amigos que se reencuentra con el paso de los años.

 

A grandes rasgos, ahí están las claves de lectura de esta deliciosa novela. Especialmente deliciosa para nuestra generación que, sin terminar de coincidir exactamente con la de Antonio Orejudo, convivió y entiende perfectamente sensaciones que, de tan parecidas, son casi las mismas.

 

Esa infancia que jugaba al fútbol en el patio con pelotas de plástico en la que tener unos pantalones tejanos era un sueño de niños ricos que los habían conseguido en Estados Unidos.

 

Luego llega la Universidad, Felipe González, la movida, la OTAN… Tiempos que me ha encantado recordar de la mano de los protagonistas múltiples porque hay dos grupos.

 

[Img #16289]Por un lado, quienes deciden fundar una revista que tenga como inspiración a “Los cinco”, de Enid Blyton al igual que, en su día, la Generación del 27 se fraguó en torno al Homenaje a Luis de Góngora para que los lectores se hagan una idea.

 

Por otro lado, la idea de uno de los componentes del grupo de crear una ficción que recupere a los protagonistas de aquellas novelas con el paso de los años. La narración de los Congresos, los viajes y la vida de los protagonistas de aquellas ficciones 50 años después es tan verosímil que parece todo realidad. A uno lo coloca como militar retirado; a otro, como responsable de ética de una gran empresa farmacéutica; ella, es una periodista de investigación que destapa corruptelas varias…

 

Por un momento, tiene uno la sensación de estar leyendo un libro de memorias o un diario íntimo en vez de una novela.

 

Hay otra idea que ha agradado mucho. Romper una lanza a favor de la novela a secas. Evitar la necesidad de meter policías y cadáveres varios, delincuencia y violencia para redactar una buena narración que sea capaz de atrapar al lector.

 

Por ahí, me parece que Antonio Orejudo abre una opción de nuevo paradigma frente al actual de relatos policíacos que puede que esté empezando a agotarse.

 

El ritmo, evidentemente, no puede ser el de una obra de acción. Así, las 250 páginas transcurren mansas y frescas sin necesidad de precipitar la acción ni de devorar el libro en la búsqueda del asesino. Preside la cubierta una foto de época en la que un grupo de seis niños posan subidos a un tobogán.

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