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Juan Mariano Pérez Abad.
Jueves, 14 de junio de 2018
Miguel Angel Cuadriello

"Los centros de menores son cárceles franquistas vigiladas por grises con escudo, porras y grilletes"

[Img #16301]Miguel Ángel Cuadriello nació en Santander. Muy joven viajó a Madrid donde trabajó esporádicamente como actor, o tertuliano de radio. Actualmente hace periodismo de investigación. Pero antes, buscando un trabajo que necesitaba, encontró una empresa de “servicios”, dirigida por un guardia civil, que hacía trabajos para centros de internamiento de jóvenes. “Mejor decir que eran auténticas cárceles donde se maltrataba a los niños y a los jóvenes."

 

Lo contrataron sin decirle que su trabajo iba a ser el de vigilante para “contención” de menores. Ni él ni ningún otro vigilante tenían cualificación profesional. En el centro en el que trabajó, San Idelfonso del barrio de Mar de Cristal de Madrid, público, la gestión era de una empresa privada llamada ESSO.

Un lugar donde había menores en régimen penitenciario de 12 a 16 años, sin discriminar tipos de delitos ni niveles de seguridad de peligrosidad. Los niños y jóvenes no eran enviados a colegios ni acudían profesores, tan solo se les “contenía” mientras ordenaba el juez.

Aquello recordaba una cárcel franquista, en donde tal vez vivían mejor. Surrealismo era que los vigilantes iban vestidos como un plagio de la antigua policía nacional del dictador, los grises, y armados con escudos, porras y grilletes, recuerda Miguel Ángel. A el lo despidieron porque se negaba a usar los elementos de disuasión, de hecho los niños le llamaban el vigilante bueno.

Los castigos físicos eran frecuentes y los niños que salían de allí lo hacían marcados por el estigma que habían vivido. “Estos centros son cárceles, y los presuntos educadores no tienen ninguna sensibilidad, humanidad, cercanía ni comprensión con los menores”, recuerda. Incluso había algún educador que provocaba a los menores buscando el placer del castigo.

“Muchas veces los menores estaban enfermos y se cansaban de llamar al timbre. Nadie subía, nadie les atendía. Algunas veces acudía algún familiar a verles y cuando se marchaba lloraban desconsoladamente, yo les atendía y les daba cariño”.

Cárceles encubiertas, donde el Estado paga 300 euros diarios por menor internado, y en donde se suprime la educación a favor del castigo, la intimidación y la pseudotortura en jóvenes que tienen sus ilusiones y toda una vida por delante. De allí salen más delincuentes todavía porque solo han recibido desprecio y maltrato, con el generoso apoyo económico de la administración del gobierno de turno.

Miguel Ángel tuvo hace poco un encuentro emotivo en un autobús con uno de aquellos niños, ahora casado, que lo reconoció y le agradeció el trato. Una satisfacción.


Atados a la cama

Sergio Aguilera
pasó 23 meses interno en régimen semi-abierto en el centro de menores Tierras de Oria de Almería, investigado por la Junta de Andalucía después de que una ONG denunciara maltratos habituales a los chicos con un vídeo en el que aparecen dos jóvenes atados a una cama. Uno de ellos, pidiendo ayuda y agua. La empresa que gestiona el centro, Ginso, asegura que las imágenes están manipuladas.

"El vídeo es real. Yo he escuchado gritos de chavales pidiendo ayuda mientras les tenían atados como perros, ese sitio es peor que la cárcel. Hay peleas, drogas y corrupción", explica por teléfono.

Sin embargo, la Consejería de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía recordó que "este centro de menores es emblemático en la justicia juvenil andaluza porque tiene unos resultados extraordinarios que avalan su buen funcionamiento". Ginso, que denunció a la asociación centrosdemenores.es por difundir las imágenes, niega rotundamente las acusaciones.

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