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Juan Sánchez.
Miércoles, 27 de junio de 2018
Juan Sánchez

Cateto a estribor

[Img #16334]El presente más que un artículo de opinión, pretende ser un gran vómito de rabia, la misma rabia que te recorre el cuerpo plebeyo al paso de algún trajeado señorón que te repasa de arriba abajo con asquito de alta alcurnia como si fueras un bicho sucio y raro por el mero hecho de estar currando como un cabrón mientras el señor decide si mereces o no seguir viviendo camino a una comilona de ‘trabajo’. Que está uno hasta los cojones de hijos de Satanás de altos vuelos que se dedican  joder al personal, vestidos de gris marengo, o de azul piloto de Iberia (Está más de moda), aunque de pilotos solo tengan licencia para conducir sus ‘bólidos’ los fines de semana, ya que a diario son llevados cual marqueses de “tocatelpijo” a bordo de un coche negro blindado con chofer y toda la cohorte de lameculos, palmeros y panderetas que suelen acompañar al cargo (o carga) oficial.

 

Somos catetos a babor, y no a estribor. Que la siniestra se nombra por babor y la derechona de toda la vida va por estribor. Y ahí estamos, clavaditos en la mierda eterna de ser de izquierdas, pobres y plebeyos, soportando las miradas detractoras de esa derechona inquisidora que se pregunta quién nos creó para dejarnos existir. Que su dios no sabía lo que hacía cuando ideo esta subespecie de animalejos que arrastran sus despojos cada mañana para acudir a un curro de asco, con un sueldo de asco, viviendo una vida de asco, con un futuro asqueroso rodeado y cebado en la miseria ‘pa’ un ‘guen’ rato.

 

Los imagino merodeando el misterioso arcón que atesorase el almirante Nelson en su camarote de comandante de la nao capitana de la navy inglesa, el Víctory. Arcón que dio para miles de elucubraciones sobre su insondable contenido. Se decía inlsuso, que era el recipiente de mágicas cartas de navegación, de mapas de tesoros inconmensurables, de instrumentos venidos del más allá, cuadrantes revolucionarios para su época, sextantes de oro puro, brújulas encantadas que marcaban la dirección del deseo, legados a Nelson por el mismísimo Neptuno conocedor de los más horrendos secretos y rutas por descifrar allende los siete mares. Los imagino con cara estupefacta a la muerte del gran almirante de la mar océana, desflorando el sello intacto de dicho cofre para descubrir la venganza póstuma del gran hombre. Aquel santuario de palo santo e indiano oropel solo contenía una diminuto trozo de pergamino que rezaba así: “Babor a la izquierda, estribor a la derecha” (Que lo entienda quien lo merezca).

 

Pero volvamos con los prohombres de azul Iberia y sus comilonas tras ardua jornada de trabajo dando rienda suelta a la húmeda y jodiendo vía acordada por unanimidad plenaria a la totalidad de la plebe currante. Y luego exquisitas viandas de toma pan y moja, ah, no, pijo!, que tales ágapes no maridan bien con modales tan burdos y palurdos, que si hay que mojar se coge una miguita de pan con la punta del tenedor y se desplaza muy educadamente hasta el escaso aditamento sopando con el dedo alfeñique bien erecto antes de su entrada en boca. La puntita nada más, que diría alguna que yo me sé. Y allí, entre puntitas, putitas, y puntillitas, se termina de joder al pueblo vasallo dejando las migajas y el bodrio del consuelo para que no se monte la 5ª revolución popular.

 

De vuelta al cochazo oficial, y  nuevamente el sacrificio de pasar ante los sudorosos currantes ataviados con fundas para monos, de color azul igualmente de piloto de iberia pero en modelo del recorte alemán y francés. Algo similar al ingenioso invento del marqués de Guillotine, pero venido a menos en esta España de miseria galopante gestada y digerida en esas reunencias de altos cargos político-empresariales a quienes importa un pijo afrancesado sin la gente de baja alcurnia, nosotros, llegamos, que ya te digo yo que no llegamos, a comer a partir del quince de cada mes.

 

Qué asco, por Dios, qué vulgaridad, qué ruralidad, qué plebeyez. Corra Felipe, sáqueme de estas callejuelas infectas de pobres gentes, que asco!. No entiendo cómo pueden vivir así. Alguien debería limpiar todo esto, habría que hacer algo con esta suciedad de las cloacas. Habría que hacer algo, no sé, igual la solución final sería un buen principio, ¿no le parece señor consejero?. Claro, claro, señor “menistro”. Deberíamos tener una nueva reunión para decidir qué hacemos con tanto monstruo suelto. No sé, no sé… Babor a la derecha, ¿verdad?

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