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José Juan Cano Vera.
Sábado, 14 de julio de 2018

Hagamos el amor y no la guerra

[Img #16385]El combativo eslogan de los años sesenta hasta la muerte del general ha quedado como una reliquia y hasta machacado por el feminismo radical que forma parte de un multimillonario lobby  internacional dedicado a reivindicar la supremacía de la mujer frente el macho depredador, antes llamado varón hoy convertido en víctima, linchado hasta por los medios informativos, en nuestro caso, de la España progre y los partidos de una izquierda que vacía de ideas para trabajar por el bien común de las clases menos favorecidas, ha tomado partido  para engordar electoralmente,  pretendiendo dividir a una sociedad con apenas cultura regalando espectáculos que chorrean noticias falsas, sectarias y hasta crueles.
 
La revolución de las faldas dibuja una imagen de un país que ha tomado carrerilla para saltarse la realidad y el más común de los sentidos, desde la ignorancia que ha crecido con la formación de un Gobierno que debiendo ser faldicorto y moderno, no enseña ni los tobillos. El desparrame continúa.
 
Hace años, no muchos, corría por el mundo de la sexualidad renovada del mundo gipy, una frase que entró de lleno en la praxis del coito que dejaba detrás la masturbación legendaria. Desde la moción de censura que terminará en un coito interruptus la revolución rosa feminista de lujo e intelectualizada en la Universidad de Lesbos ha dado tres golpes que ha puesto a la plebe masculina, machista y verdugo a cien por hora. Nos lo explica con suma ironía el periodista y escritor ARCADI ESPADA en la página dos del diario de moda, EL MUNDO, con este resumen que ofrecemos, eternamente agradecidos por su valentía, corriendo el riesgo de ser calificado no solo de machista sino de fascista  siguiendo instrucciones de la vicepresidenta, del Gobierno del macho Alfa y guaperas, don Pedro Sánchez: "ESTA OBSCENA criatura reaccionaria CALVO... la vicepresidenta de España, claro.... dijo ayer, como indicándo el camino a una reforma del Código Penal, lo siguiente ... "SI UNA MUJER NO DICE SI EXPRESAMENTE SIIIII, TODO LO DEMAS ES NO". La frase fue dicha para que se entienda y se aplique en sentido recto. Mi divierte imaginar qué pensaría la socialista progre CALVO, claro, de aquellas mujeres que gritan  desaforadamente no, no, no, porque ése es el modo con el que en un preciso instante y con una pareja precisa, obtienen el mayor placer del sí. Está completamente descartado que la vice entienda el carácter del juego malicioso que tiene el sexo, incluso para las victorianas que se entregan por Inglaterra. Pero lo importante no son las ridículas ingerencias penales que plantea la señora Carmen Calvo, sino la trascendencia  cultural del punto de vista que sostiene."
 
La carcajada sonora de millones de seres humanos, hembras y hombres, ante la  deriva imaginativa de la neo lidereza del feminismo ultra, apunta  en una dirección  cuáquera, y es que barruntamos que el Gobierno del 69 con sus 89 diputados ha puesto en el aire un globo sonda, inspirado por Pablo Iglesias con sus cáscaras de plátanos, como es llevar al Parlamento la creación de oficinas municipales de orientación sexual o en medios afines para evitar que caigamos en el pecado o en la cárcel populista. O esperemos a que sea mejor un certificado de asentimiento, una grabación por móvil o el levantamiento de acta notarial como testigo de cada una de las diferentes suertes que se desarrolla el coito, que nos recuerdan costumbres medievales, como cuando las reinas debían demostrar su virginal ante numerosos caballeros y damas de la Corte. O aquel famoso cinturón de castidad cuando el esposo marchaba a luchar contra el casto musulmán en sus harenes vigilados por eunucos. La verdad  es que esta ola de vigilancia sexual en la intimidad o tampoco, tan extrema,  no la he visto llegar, ni sospechar. Me refiero al momento en el que el hombre --todos los hombres sin excepción-- sería percibido o castigado en nuestra sociedad populista como un predador terrible de la mujer o como un abusador potencial "que justificaría la impugnación de ciertos preceptos tales como la igualdad ante la ley .O la presunción de inocencia." La ola de empoderamiento ha llegado hasta el gasoil proletario, para imponer  más impuestos o terminar con las escuelas o colegios concertados, que llevarían al paro a miles de empleados y al cierre de escuelas que no sobran en un país inculto que llora solo por un ojo, por desinformado.
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