[Img #16408]El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado la exhumación de los restos de Francisco Franco. El prior del Valle de los Caídos se ha enrocado y pretende evitarla, en un intento de arrastrar así a toda la Iglesia a una sinrazón. No estamos hablando de un expresidente. Estamos hablando de un asesino que, en ningún caso, merece un mausoleo.

 

Esos apoyos tienen nombres y apellidos y tienen origen local e internacional, civil y militar, religioso y laico. Hoy, como entonces, Franco vuelve a necesitar de colaboración para triunfar, y la Iglesia católica no debería volver a verse involucrada en semejante atropello.

 

El vuelo de Franco del 18 de julio de 1936, desde Canarias a Marruecos, es considerado el acto inaugural de la Guerra Civil. Ese acontecimiento, y los posteriores perpetrados por los golpistas, necesitaron de una cuidada organización y, sobre todo, de una importante financiación.

 

Uno de los personajes clave para lograrla, fue Juan March, un empresario y contrabandista mallorquín. Él fue quien puso el dinero para la ruta del Avión Rapide hasta Marruecos. Ese vuelo también tuvo el apoyo necesario del periódico ABC. Luis Bolín, su corresponsal en Londres, organizó los contactos técnicos. También hubo que pagar un seguro, y de eso se encargó el duque de Alba. Toda esta financiación fue clave para el éxito de los sublevados.

 

Franco vuelve a necesitar de colaboración para triunfar, y la Iglesia católica no debería volver a verse involucrada en semejante atropello

 

También hubo apoyo militar. Cuenta Claude G. Bowers, embajador de Estados Unidos en España durante la Guerra Civil, en su libro Misión en España, que el apoyo de Hitler y Mussolini fue mucho más allá de la masacre indiscriminada de Gernika o Granollers. Otros de los servicios a Franco prestados por la aviación alemana e italiana contra la población civil que se encontraba en la retaguardia. Además de los aviadores, el patrocinio llegó junto con el ejército italiano fascista, ingenieros, técnicos, soldados, jefes y material. Conocido es también que el conde Ciano, yerno y mano derecha de Mussolini, llegó a Barcelona con cuatro cruceros y varios torpederos. Paralelamente, Juan March, también se ocupó de la compra de armamento en el extranjero.

 

Por último, el nacionalcatolicismo se ha autoadjudicado la representatividad de todos los católicos, cuando entre los republicanos hubo muchísimos católicos fervientes, tanto religiosos como laicos, que se enfrentaron a los sublevados. Franco recibió honores religiosos.

 

Si la Iglesia permite que el prior del Valle de los Caídos se ponga del lado de la familia del dictador y de la fundación que lleva su nombre, toda la institución podría volve a quedar manchada. Sólo dos personas pueden obligar al prior a dar un paso atrás: el abad de la Congregación de Solesmes, en Francia -los monjes benedictinos no responden ante la Conferencia Episcopal-, y el mismísimo Papa Francisco.

 

No hay que confundirse, exhumar a Francisco Franco de un templo católico no es una afrenta a la propia religión. Quizá sea todo lo contrario.