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Juan Sánchez.
Lunes, 13 de agosto de 2018
Juan Sánchez

Asco

[Img #16491]“En tiempo de los apostóles habían unos barbáros, que se subían a los arbóles y se comían los pajáros”… De críos nos rulábamos de la risa con estas y otras tonterías que algún ‘mayor’ largaba para entretener a los zagales y reírse también él jugando a ser nuevamente niño. (Ahí lo dejo por si luego lo utilizo, que lo utilizo, bien, que no, pos na).

 

Un título, el precedente, emparentado directamente con “La Nausea” de Sartre. Una cabecera, que viene a resumir esa amalgama de sentimientos que nublan la cotidianidad de esta sociedad prostituida por sus mandatarios. Un pueblo, grande o pequeño, que sobrevive dando zarpazos y ‘boqueas’ intentando evadirse del infierno al que han sido abocados por la escasez de vergüenza y responsabilidad de sus políticos.

 

Gobernar no es hacer el juego a los grandes tahúres del cotarro, tal cual acontece. Gobernar debería ser un servicio vocacional, nunca profesional, y mucho menos ambicioso del ‘monturrio’ de los dineros públicos; una profesión forzosamente temporal con dedicación plena, en cada pleno, en cada sesión, en cada comisión, en cada ‘reunencia’, en cada despacho y negociado, dedicación y vocación de servicio al ciudadano. Ciudadano, ciudadana, que vocablos tan manoseados y enchulados por esa camarilla de profesionales sin profesión conocida salvo babosear las arcas del pueblo y de paso arañar y escaquear unos muchos ‘doblones’ por el bien de la generalidad… ASCO, a esto me refería; pero hay más.

 

Dan las ocho en el campanario del Barrio Peral de Cartagena. Tañen las campanas blancas como intuyendo el calor implacable que asolará sus calles en pocas horas. Unos pajarracos verdes aletean de rama en rama, lanzando graznidos de cotorras al mundo extraño que les vio nacer, sin entender dónde están los ríos mayestáticos, la lujuria escarlata desaparecida, la selva impenetrable prometida, le realidad dormida en esta pesadilla que les convirtió en escandalosos apátridas invasores por la ‘gracia’ y  la estupidez humana.

 

ASCO y estupidez suelen ser primos hermanos. Los políticos saben demasiado de todo ello. Y, si no lo saben, ya se encargan los encargados de iniciarlos en esa disciplina de golfos y proxenetas con mando en plaza. Los encargados siempre han estado ahí. Generación tras generación, tesoreros del conocimiento imprescindible para continuar la ‘merma’ institucional consentida, presuntamente, por los estúpidos: el pueblo.

 

Nadie llora en el campanario blanco, ¡nadie!. Salvo esas cotorritas trajeadas de esmeralda que lanzan chirridos al viento ciego, sordo, y lelo. Y las gentes se arrastran sudorosas amparadas, eso creen, por el velo del desconocimiento. Insensibles, casi siempre, ignorantes del tortuoso vuelo de traición que siembra el desconsuelo en los despachos que deciden cuantas lágrimas de fuego: esos ríos de sudor que habrán de derramar los lelos: el pueblo. A ellos se las trae al fresco en su ‘chalete’, suite, o palacete de verano, instruyendo las porquerías del próximo invierno… ASCO.

 

Predicar en el desierto de un apóstol sin feligresía. Árboles con nidos mudos, extraños. Pajarracos teñidos de escarlata para un mundo de bárbaros cegados por la estulticia. Ya lo dije, igual lo utilizo, igual no…  que ASCO, pijo, que ¡ASCO!.

 

 

Por cierto, y aprovechando esta imagen que viene ‘pintiparada’ y a propósito: ¿Cuándo pijo se prevee reacondicionar y rematar  la “Milla Verde” ?  Porque desde que Pilarica la inventara, ningún partido ha vuelto a poner sus zarpas sobre ella. Y es una pena que este pulmón escarlata solo sirva como disculpa para controlar si los perros paseantes de humanos van con o sin bozal, sueltos de vientre, liberados de sus ataduras o con las vacunas pertinentes. A alguno y alguna que yo me sé, si que les ataba en corto, les clavaba un bozal de acero en la trompa y les ‘recortaba’ los vuelos y la pasta pública de paso, para que se tomaran en serio al pueblo de Cartagena y dejaran de jugar a ser ‘mandamases’ dando por saco y derrochando los dineros de todos en gilipolleces urgentísimas y otras partidas presupuestarias que están arruinando el futuro de todos. Gracias por vuestra atención… Seguiremos dando caña a esa gentuza que dice gobernarnos… Gracias!

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