Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Mariano Sanz.
Lunes, 13 de agosto de 2018
Mariano Sanz

Aborto

[Img #16493]Seguramente porque estamos en periodo de “sequera”, que aflige de forma especial a los “medios” escritos, el director de un periódico con el que colaboro esporádicamente, me solicita un artículo sobre el aborto.
 
Y cuando me siento ante el artilugio intentando reagrupar las ideas que al respecto tengo, me percato de que por lo delicado y controvertido del asunto, debo ser cauto, no vaya a suscitar las iras de buena parte de la parroquia. El margen entre opiniones contrapuestas, según se ha comprobado en Argentina, no es demasiado ancho.
 
Me percato también de que es tema en el que no es prudente aventurarse, por ser de la exclusiva competencia de las mujeres que hayan de enfrentarse a tan difícil (y sospecho que nada agradable) decisión. Si acaso, puede que estuvieran llamados a opinar, incluso que su opinión pesara lo suficiente en la balanza, los corresponsables de la situación. Y nadie más. Las diferentes y contrapuestas teorías sobre el nasciturus y el momento en que le es otorgada el alma inmortal y su categoría de persona, son todas respetables y cada una/o tiene libertad para adherirse a la que mejor cuadre con sus creencias y situación.
 
Sí figura en el número de mis convicciones que las leyes permisivas, a diferencia de los otros dos tipos (imperativas y prohibitivas), solo reconocen o aclaran un derecho establecido, pudiéndose amparar en ellos cualquier persona que lo desee, con entera libertad.
 
Me parece que el asunto debe dejarse a la  decisión de cada una de las mujeres que se encuentre en ese trance, para que en conciencia tome las medidas que crea oportunas. Y que deben dictarse la leyes necesarias que las amparen en cuanto a plazos, procedimientos, lugares, etc. Me queda claro que a nadie puede obligarse a abortar contra su voluntad.
 
No entiendo el afán de oponerse a tales leyes, de colectivos que predican asuntos tan peregrinos y fuera de lo “natural” como el celibato, la segregación de sexos, la exclusión femenina de puestos de responsabilidad, etc., sin que nadie se lo reproche, más allá de la respetuosa opinión a la que todos tenemos derecho. Creo que una sana forma de convivencia consiste en que cada uno haga de su capa un sayo, y que cada mujer decida con entera libertad, y amparada por el estado, sobre su cuerpo, del que es soberana.
 
Dicho todo lo cual, aconsejado por quien bien me quiere, decido no enviar el articulo al director pretextando un imaginario alifafe. No es prudente remover aguas turbulentas.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress