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Mariano Sanz.
Viernes, 31 de agosto de 2018
Mariano Sanz

Aborto (y II)

[Img #16553]Algo se me debió quedar en el tintero cuando publiqué mi última entrada del mismo título hace unos días, a juzgar por la encrespada polémica que ha desatado en las redes (Vid: https://marianosanznavarro.blogspot.com/2018/08/aborto.html). Es bueno que se contrasten opiniones, más o menos fundadas, siempre que se manifiesten en el tono educado y respetuoso que debemos exigirnos unos a otros. El juicio pertenece siempre al informado lector.
 
Pretendía dejar clara mi posición de que en esa cuestión (la del aborto), deben opinar de forma principal aquellas que se ven abocadas, por unas u otras circunstancias, a enfrentarse con tan difícil decisión.
 
No entiendo el afán “moralizante” de quienes pretenden imponernos unas normas derivadas de unas creencias que solo son de obligado cumplimiento para los que las tienen por buenas. A los demás solo nos son de aplicación las emanadas de las leyes permisivas -en este caso, remachemos, defensoras de derechos- a las que podemos o no acogernos. A nadie se le obliga a abortar contra su voluntad.
 
No me gustaría verme abocado a participar en una decisión tan trascendental e incluso dramática como la de enfrentarse a la posibilidad de abortar. Estoy persuadido que a toda mujer que se vea en esa circunstancia ha de ocurrirle lo mismo. Para evitar que se llegue a esa situación existen una serie de medios a los que la sociedad debía aplicarse para poner en circulación: la educación sexual impartida en colegios e institutos habida cuenta de que según nos dicen las estadísticas la precocidad de nuestros jóvenes es cada vez mayor; los medios anticonceptivos y la píldora del día de después al alcance de cualquiera que los necesite; los centros de planificación familiar, en la actualidad sin dotación presupuestaria que los convierte en inoperantes…y un largo etcétera que supone prevenir antes que curar, lo que además de resultar de mayor eficacia, reduce los costes de la solución.
 

Y si al final de toda esa cadena de prevenciones, una mujer decide someterse a tal trance, que pueda hacerlo en las mejores condiciones médicas, sociales y legales.

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