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José María Hernández.
Viernes, 14 de septiembre de 2018
Un País que aún permanece bajo los auspicios y leyes del régimen de aquel golpista

Continuamos en lo mejor del Medievo

[Img #16622]El encierro, ayer, de Willy Toledo por haberse cagado en dios y no sé cuántas blasfemias más y por ser denunciado por un grupo de abogados muy católicos, no deja de ser la imagen del País que tenemos. Un País medieval que aún permanece bajo los auspicios y leyes del régimen de aquel golpista que con su cruzada obtuvo el privilegio de caminar bajo el santo palio y, además, ser nombrado caudillo por la gracia de dios, cosa que no es, en nada, algo baladí, si no fuera porque más que la gracia de dios fue la gracia de aquellos ensotanados que tanto ganaron y ganan cuando se arriman a los poderes terrenales y que, a través de cualquier tipo de violencia, imponen sus santos cojones, el miedo y el terror más cruel. Todo por mantener sus privilegios y riquezas, la mayor de las veces arrebatadas de forma no muy lícita, ni muy ética y encomendándote al “Que dios  te lo pague hermano”, que ya nos encargamos nosotros de inscribir todo lo inscribible.

 

El caso es que en este mundo hay una inmensa variedad de lo que llaman religión y cada una de ellas posee su propio dios y cohorte. Siendo esto así, qué de cierto hay en ese ente. No son tres, son muchos más dioses. Y si por encima de las diferencias particulares de cada uno de ellos se confluyera en la existencia de uno solo, qué sentido tendrían entonces esas religiones y sus diferentes ortodoxias. No cuadra. Las creencias más antiguas creo que eran más acertadas, tenían un dios para cada una de las actividades, para cada uno de los hechos, para cada una de las situaciones y, además, eran como más humanos o, mejor dicho, antropomorfos. A todo ello le llamaron mitología para seguir despistando al personal.

 

Lo cierto es que todas fueron y son un perfecto vehículo de distracción; de alejamiento de la realidad; de ignorancia; de hipocresía y como definiera Karl Marx son el opio del pueblo, drogan al personal y, a cambio de promesas para después de muerto, te arrebatan, de las formas más sibilinas, directas e indirectas, hasta el último céntimo. Son un compendio de rituales   y costumbres –que cambian según convenga- para conformar y aplacar las naturales exigencias de bienestar y felicidad a la que todo hombre y mujer tienen derecho en esta bendita tierra mientras vive y no las que prometen en la otra vida de la que nadie, absolutamente nadie, sabe algo. Desde niños te educan en esos preceptos para que los adquieras como naturales cuando no lo son, delimitando tu libre desarrollo humano. Sus representantes si saben disfrutar del bienestar y felicidad, nada más hay que verles, gozan de perfecta salud y alcanzan una vejez larga y placentera. Poseen enormes riquezas, no pagan impuestos, son los propietarios de las mejores edificaciones en todas las ciudades, de las mejores y más numerosas fincas de todo tipo en todo lugar. Poseen sus propios hospitales, residencias, zonas de veraneo, sus propias universidades y todo cuanto les haga una feliz vida terrenal en todos los países que conforman este mundo. Poseen sus propios tribunales y son laxos, muy laxos con sus ovejitas descarriadas, aunque éstas hayan cometido de los peores crímenes abusando de su status y preeminencia. Grandes empresas multinacionales son suyas –ellos son la gran multinacional, la más antigua- y todo el sistema económico está controlado por ellos. Les han sacado un enorme y colosal rendimiento a esa historia que, por otro lado, es del todo falsa. Por ello tuvieron que emplearse a fondo en los siglos pretéritos y actuales. Guerras y más guerras, inquisiciones, oscurantismo, mantener ignorantes y analfabetas a las gentes y muchas inoculaciones de miedo y pavor en sus desgraciadas mentes y ponerse siempre del lado del más poderoso. Nunca han permitido poner en riesgo su grandísima bicoca, jamás lo permitirán. Por ello mantienen secretos los libros más antiguos y todo cuanto pudiera desenmascararles. Les va bien así. Y mienten, mienten más que hablan. Y luego te cuentan eso que llaman “Tener fe” y se quedan tan panchos… La mejor y más grande estafa al ser humano.

 

Pero enlazando con el segundo párrafo de este escrito, la cuestión, es que todo apunta a otra cosa muy diferente de la que nos han estado contado durante milenios. Puede que nuestra existencia no se deba a ningún ente de esas características, sino más bien a lo que en el propio Génesis (26) se dice: “Hagamos al hombre a nuestra semejanza…” Quien nos creara –de la forma que fuere- no fue uno, sino varios y además poseen una imagen, un cuerpo como nosotros. Así que todo escribe, desde el inicio, a que  nuestros creadores fueron otra raza de seres inteligentes –mucho más adelantada que nosotros y con muchos más de cientos de miles de años de existencia- Hasta es posible que aquellos, nuestros verdaderos creadores, sean los autores de tal entramado y desconozcamos cuál o cuáles son los beneficios que obtienen a cambio de nuestro pesar y sufrimiento Qué sentido tiene mantener tanta ignorancia obligada y tanto daño en nombre de algo que no es, en absoluto, verdad, sino el de perseverar en mantener tanto privilegio y buen vivir de una élite que vive del cuento.  ¡Dejen ya de encarcelar, de engañar, de meter tanto miedo y de tanto parasitar!

 

Ustedes pueden seguir con su adoración a las miles de vírgenes, a los miles de cristos y a los miles de santos hechos de barro, madera o mármol, pueden asistir a las miles de romerías y a los miles de templos y santuarios dorados y disfrutar de la fiesta, contemplar las joyas, los increíbles mantos y coronas, los tronos y toda la parafernalia de la que se han rodeado para procurar su distracción y control. Pero han de saber que los toman por tontos, que todo eso les distrae de la verdadera verdad y de su derecho a vivir y disfrutar de este paraíso que aún es nuestra tierra y que solo unos pocos pretenden destruir esos que se autodenominan la élite, lleven o no sotana (Siempre negra, por favor, que impone más), sayo, túnica o un traje de miles de euros… ¡Ángeles caídos! ¡Por Dios!

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1 Comentario
Fecha: Sábado, 15 de septiembre de 2018 a las 09:00
Juan Ballester
Este señor fue detenido para ser conducido a presencia judicial, en donde no se había presentado, voluntariamente, pese a estar citado en varias ocasiones. Y estaba citado porque existe contra él una denuncia por delito contra los sentimientos religiosos. Un delito aprobado por el parlamento español, es decir, por la mayoría del pueblo español. ¿Que no nos gusta ese delito?, pues ahora que existe otra mayoría, se legisla y se quita, no hay ningún problema. Pero este señor tiene que cumplir con la ley, como todo hijo de vecino. Su libertad de expresión termina donde se encuentran unos sentimientos defendidos por la ley.

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