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José Juan Cano Vera.
Lunes, 24 de septiembre de 2018
crónica de José Juan Cano Vera a puertas del Congreso

350 ingresados en el parlamento más afectado de Europa gravemente tocados por un "brote sicótico" de origen político

[Img #16669]UN BROTE SICOTICO, con P o sin P, se defiene como una ruptura de la realidad de forma temporal si se trata a tiempo. Puede ser provocado por diversas causas, segun nacionalidades y COMUNIDADES AUTONOMAS, pero el más frecuente es el de raíces iberoamericanas y árabes. Es como una fuente de estrés potente y constante en el tiempo o debido a un MASTER o a un consumo incorrecto de una droga, principalmente todas aquellas que poseen un principio activo alucinógeno adquirido por el uso frecuente de los plagios piratas y  fustigarse con una cadena o varias de televisión salvaje ofreciendo reportajes, relatos e inmarchitables, austeras y sinceras tertulias políticas, tan objetivas. O así mismo seguir atentamente entrevistas masturbadoras que anima a la militancia demócrata y enchufada.

 

Estos brotes o picos, en demasiadas ocasiones y oportunidades, obligan a los protagonistas, miles de inocentes criaturas de Dios a refugiarse en manicomios o centros de salud mental, donde los diputados, diputadas, concejales, concejalas, se dicen de todo lo loable y noble. Desde rufián, golpista, corrupto, rojo, populista, fascista, nazi, inmaduro, chavista, franquista, koleta, mea pilas, militarista, verdugo, inquisidor, leguleyo, pujolista, yijadista, capitalista, comunista, leninista, traidor, vendepatria y hasta asesino. En España están de moda, actualmente, cuatro adjetivos rencorosos cargados de odio delictivo, como machista, energúmeno, feminista, sanchista, negro escribidor de tesis presidenciales y hacer el Puigdemont. Bien es verdad que a última hora, me lo comunica telefónicamente una fuente competente, bate récords en las redes sociales llamar a un  falso escritor o troyano informático, MASTER en vez de mister.
 
Se me olvidaba por el peso de los años mentar al glorioso cuerpo de los chicos de la Prensa, que en el mejor de los casos es señalada violentamente con la piedra que esconde la mano, como CANALLESCA palabra de origen totalitaria, hoy nuevamente en  circulación a impulsos de los premios de la publicidad institucional, oficial o paraestatal que ha impedido cerrar un medio, aunque en la calle hay nueve mil parados, entre ellos centenares de periodistas depurados por sus empresas o por el índice de una Soraya o una mística Calvo. Tambien se conocen las sub especies de "púnicos" o mercenarios, unos más que otros, pero esto es obligado, porque si no pasas por el aro no comes.
 
Más de un millón de españoles, y españolas intocables, las diosas del presidente Sol sucesor de Luis XIV, aquel del " Estado soy YO", padecen enfermedades mentales. Y otros lo simulan siguiendo las enseñanzas del pueblo humillado que te dice DAME PAN Y DIME TONTO. Y eso que somos la cuarta potencia europea.
 
Estadísticamente se sabe que cerca del setenta por ciento de los políticos se sienten afectados debido al intenso trabajo, como observamos en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, siempre de bote en bote, vayan o no vayan a la corrida del maestro que mata toros indefensos.
 
Este dato de tantos locos sueltos o enfermos incontrolados, se debe a un estudio o tesis no monclovita, de JONATHAN DAVID, profesor de Sicologia en el famoso Centro Médico de la Universidad norteamericana de Duke, Durham, lo que nos da un estoque de atención que raramente se aborda desde parámetros clínicos y  en nuestro país permanece en la más absoluta oscuridad, cuando debiera ser todo lo contrario por lo que leemos, oímos y vemos, como la noticia que  se rebota entre redacciones, que afirman que la edición del libro del sabio PEDRO SANCHEZ, va por la quinta edición, agotado. Tambien se sabe que en este último Consejo de Ministros se ha aprobado un decreto-ley por el que se levanta la obligación de entrecomillar los textos fusilados de otros grandes autores, que apoyan las tesis políticas fraguadas en la oscuridad política. Al aprobarse la propuesta de una ministra, fuera de La Moncloa se oyó una tormenta de aplausos. A unos cien metros, Casado, camuflado, respiro agradecido por el gesto bipartidista.
 

La pregunta que nos hacemos o que se hacen es si ya nos podemos fiar de las obras de Quevedo, Cervantes, Pérez Galdós, Pérez Reverte, Cela, Raúl del Pozo o de nuestro colega Garcia Martinez, y si estamos obligados a un cambio revolucionario o extremista del Sistema al borde de estallar el brote sicótico, a la transvaloración de los valores humanos, culturales y morales que niegan los fundamentos de la razón y por qué no de la fe. El espectáculo de la España del momento necesita urgentemente, y no es de broma, que los actores salgan del manicomio o los arrojen a los contenedores, porque del gigantesco gran pesebre nos sobran los que están en su propio beneficio y no al servicio de los que les hemos votado. No están locos, lo parecen, simplemente actúan en el gran teatro de la España en declive.

 

Locuras de sangre y muerte como la del 36 radicalmente no, y los que lo intenten, que el peso del Estado del Derecho caiga sobre ellos con total dureza. La prueba del nueve la tenemos en La Moncloa y en Cataluña, solo falta quien sabrá administrar la dosis obligada con mano firme. La disyuntiva es clara. O elegimos la paz de la ley o la locura de la paz romana. Basta, indecentes, como creía Ortega. Sí, escribo en serio desde la humildad de un español desengañado y la ironía que tambien es medicina útil cuando estamos abochornados de una masa política de bufones que nos hacen humor negro.-

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