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Juan Eladio Palmis.
Domingo, 30 de septiembre de 2018
Juan Eladio Palmis cabreado

Cartagena donde mandar es un placer... y de pena, de puta pena

[Img #16722]Porque si escribo y titulo Cartagena, donde mandar jodiendo a la gentes es un placer, me incluyo dentro del lenguaje soez del rojerío, que nunca han tenido la belleza y la elegancia de la verborrea franquista que a las gentes de la calle siempre las califica de hordas: “Grupo de gente armada que no pertenece a un ejército regular.

 

Como al final no sé bien a quién dirigirme con tanto desperdigar el poder en la cortijá de Murcia en la cartagenera, al objeto de que el opus dei y la secta madre vaticana lo controle todo, escribiré como se escribía antiguamente en las cartas, rogándole al señor cartero (cuando Correos era español y mucho más que eficiente) que entregara la carta allí y donde se hallare el destinatario; Digo que me dirijo, por tanto en este escrito, al que mande en Cartagena, al que dispone en Cartagena, y al que llega al orgasmo placentero jodiendo a la gente cartagenera.

 

Para las fiestas sí vale; no peligra la patria por si mientras se están bañando en estos agobiantes calores veraniegos un grupo de muchachos, algunos mayores, en la “Cola de la Ballena”,  llega y necesita atracar el yate del jefe de la autoridad portuaria de sus necesarias travesías; o el enemigo nos ataca a traición y están los zagalicos bañándose y no se pueden hacer a la mar nuestros submarinos.

 

Escribir que Cartagena para estos arcaicos y biológicos atávicos es más que patética, no afecta absolutamente a mando alguno; nadie se da por aludido y, al contrario, está al servicio de la herencia franquista recibida de que el pueblo tiene que estar lo más jodido posible.  Y si para las fiestas de Cartagineses y Romanos (adaptables y ampliables hasta festejar lo de la “Batalla del Ebro”) resulta acojonante de bueno el habilitar una formidable piscina en la zona de la citada Cola de la Ballena, o dársena de botes para jugar a la pelota en el agua (no sé su terminología exacta la que es), adaptar la misma zona para que se bañe la gente tranquilamente, es harina de otro costal que no está escrito en página alguna del manual del perfecto gobernante estúpido de Cartagena, que a toda su ineficacia le echa la culpa a Murcia.

 

El Mediterráneo sigue siendo el mismo, el puerto sigue siendo el mismo. Si una cosa no presenta dificultad alguna para ser utilizada por unas horas o varios días porque son las fiestas, no hay lógica ni razón alguna para que los que estén veraneando a pie de playa; los que están viviendo mejor que ecónomos de clerecía a salud de todos nosotros; que antes, cuando la victoria no daba para casa en la playa, se bañaban tranquilamente en ese lugar, mientras el pueblo, las hordas, se achicharraba mirando sus acrobacias bañistas, antes de marcharse a veranear, adviertan que los que se bañen en aguas del puerto de Cartagena sean amonestados y multados severamente, porque habilitar un espacio para el baño de la plebe, ya se sabe, le das una uña, y como no tienen la cultura y la decencia de los buenos, de los de traje y mechones rubios, se cogen el brazo entero.

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