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Fuente: Raúl del Pozo/El Mundo.
Lunes, 8 de octubre de 2018
Raúl del Pozo

Tertulianos como chinos

[Img #16761]En El juez de la horca, Paul Newman, en el papel de Roy Bean, le dice a un granjero: "Contesta perro, ¿Mataste a un chino?". El granjero responde: "Sí". El juez pregunta: "¿Tienes algo que alegar antes de que te ahorque?". El granjero replica: "Ninguna ley dice que no pueda matarse a un chino". Los chinos en el salvaje Oeste eran los esclavos de los esclavos; los linchaban sin juicio. Ahora Donald Trump, con su ley al Oeste de Pecos, le gustaría tratar a los periodistas como a chinos, peor aún que a los mexicanos; su estilo se extiende por el mundo.

 

El odio a la libertad de prensa ya no se exhibe sólo en los países de la teocracia o las dictaduras, sino en las democracias más avanzadas. Trump, que llegó a ser presidente de Estados Unidos a pesar de la hostilidad de los medios, dice que los periodistas son los enemigos del pueblo, los seres humanos más deshonestos de la tierra y publican noticias asquerosas y falsas. Califica al NYT de "fracasado" y de ser el partido de la oposición.

 

Vivimos malos tiempos para la lírica de aquella la libertad de prensa como pilar, base, columna de la democracia. La revolución digital, las redes nuevo cuarto poder, la decadencia del papel del papel, la doble crisis de los medios escritos también ha llegado a España donde se agrava con la manipulación política, mezquinamente fanática y sectaria. Todos los políticos del signo que sea siguen haciendo purgas en los medios públicas cuando llegan al poder y tratan a los tertulianos como a chinos del ferrocarril. Y éstos tragan. Los políticos necesitan plumas y torsos dóciles y serviciales; pasan de esa sutileza, según la cual es más útil un periodista obediente aunque no sea de tu cuerda, que un rebelde de tus siglas. En las crisis de Gobierno lo primero que se cambian son los tertulianos. Llaman "nueva dirección" a los censores que llegan, cesan a los bocones del anterior Gobierno por email, diciéndoles que "no encajan en la nueva estructura". La libertad de prensa no es más que una palabra y los periodistas carecen de derechos. Firman contratos por semana, y cada año les pagan menos, porque hay miles de parados esperando chupar cámara, aunque sea por la patilla, por la cara. Llevamos a cuestas el sectarismo rastrero de los gobernantes.

 

Decía Ortega que la vida pública española solía andar mal, pero tenía una sociabilidad natural, una y libre conversación; por eso, siempre ha sido tan difícil que haya Estado y, en cambio, que sea imposible que no haya tertulias. Ahora las hay, pero trucadas, al servicio del poder de turno.

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