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Juan Ramón Calero.
Sábado, 20 de octubre de 2018
La opinión de Juan Ramón Calero

La división de la derecha

[Img #16805]En España, actualmente, hay tres partidos de ámbito estatal que se sitúan a la derecha de los socialistas: PP, Ciudadanos y Vox. Esta situación no es nueva. Ha ocurrido otras veces. En la década de los ochenta, del siglo pasado, estaba UCD, luego sustituida en parte por el CDS de Adolfo Suárez; la AP de Fraga, a la que acompañaban en coalición el PDP de Oscar Alzaga y la Unión Liberal de Pedro Swartz; y luego estaba Fuerza Nueva, cuyo líder, Blas Piñar, consiguió en unas elecciones un escaño en el Congreso de los Diputados. Esta fragmentación terminó en la década de los noventa. El PP flexibilizó su programa, se estiró y, en un alarde de pragmatismo, acabó con todos sus competidores en el espectro del centro derecha. El hecho de estar en el Gobierno de la nación, también ayudó. Desde el poder todo es más fácil.

 

Ahora parece que volvemos a la fragmentación. El domingo pasado, Vox manifestó públicamente su fuerza política. El partido de Santiago Abascal logró reunir a más de nueve mil personas en el palacio de Vistalegre, de Madrid; y parece que más de cien mil personas siguieron el acto a través de las redes sociales. Al día siguiente, se encendieron varias luces rojas. Para los medios de comunicación cercanos a la izquierda, Vox es un partido de ultraderecha, y su creciente fortaleza les hace temer que España vaya a dejar de ser la excepción en Europa, y que en el futuro se consolide aquí un partido claramente de derechas. De paso, desde la izquierda, se aprovecha también la ocasión para atacar al PP y a Ciudadanos, a los que acusan de que, por temor a Vox, están radicalizando sus planteamientos.

 

Los líderes del PP y Ciudadanos han sido más discretos en sus manifestaciones. Pablo Casado ha destacado que es amigo de Santiago Abascal, y que, en muchos puntos, el PP coincide con Vox. Y Albert Rivera ha señalado que serán las urnas las que demuestren que en España hay más liberales que radicales. En este ámbito del centro-derecha, la reacción más significativa ha sido la de José María Aznar, que no ha desaprovechado la ocasión para lanzarle otro reproche a Mariano Rajoy. El Sr. Aznar López ha dicho que, cuando en 2004 dejó la presidencia del Gobierno, el PP era el partido único del centro-derecha; y que, por el contrario, a Pablo Casado le han legado un centro-derecha fragmentado y dividido. La observación del veterano líder del PP es acertada. Sin embargo, además de los taimados reproches, sería necesario, creo yo, hacerse dos preguntas: ¿Por qué se ha llegado a la situación actual? ¿Y cómo se puede evitar que en el futuro la derecha política comparezca dividida y fragmentada?.

 

1.- En mi opinión, ha habido dos causas por las que el PP ha perdido el casi monopolio del centro-derecha: la corrupción y el olvido de los principios.

 

La inmensa mayoría de los militantes y dirigentes del PP son gente honrada, que han prestado grandes servicios a este país. Pero en puestos relevantes se colocaron algunos listillos, que se han enriquecido por las ventajas de su posición política, o directamente con dinero público, con la profunda convicción de que siempre gozarían de permanente impunidad, porque en este país nunca pasa nada. Cuando algunas de estas trapacerías se han descubierto, se han producido numerosos y sucesivos escándalos, que han deteriorado el prestigio del PP y le han hecho perder millones de votos. El PP, frente a la corrupción, ni reaccionó a tiempo ni reaccionó bien. Hubiera sido precisa una profunda regeneración interna, con radicales cambios de personas, actitudes y comportamientos. El dubitativo e indeciso Rajoy no lo hizo. Y de este modo, por su flanco del centro, fue creciendo Ciudadanos, un partido que hizo bandera de la lucha contra la corrupción, y que ha exigido al PP, a cambio de su apoyo político, sonoras destituciones de personas con imputaciones penales.

 

Por otro lado, el PP, a partir de 2011, contó con mayoría absoluta en el Congreso. Rajoy podía haber llevado a cabo todas las reformas que había prometido en su programa electoral. Pero no lo hizo. Se dedicó sólo a la economía. Lo que supuso olvidar algunas cuestiones importantes, relacionadas con los principios políticos y morales que cimentan la propuesta programática del PP. La caída de Alberto Ruiz Gallardón, que dimitió como Ministro de Justicia, tuvo relación con esta relegación de los principios. Y la inacción ante el problema separatista catalán, también. De este modo, y ahora por su flanco derecho, nació Vox, un partido que ha basado su mensaje en la defensa de principios políticos y morales. Y en el coraje y valentía en mantenerlos; entre ellos, la unidad de España.

 

2.- Conocidas las causas de la fragmentación, ¿cómo impedirla en el futuro?. El remedio más rápido es la coalición electoral. Pero ahora será difícil. Porque los que están subiendo no quieren cargar con los pecados de los que están bajando. A corto plazo, habrá, pues, división y fragmentación del centro-derecha.

 

Ahora bien, a medio y a largo plazo, se podría intentar una especie de refundación. Eso, o bien esperar a que sea el electorado el que coloque a cada uno en su sitio. Y sean las urnas las que acaben con la división.

 

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