Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
José Juan Cano Vera.
Martes, 20 de noviembre de 2018
opina José Juan Cano vera

Un juez dignio, la soledad de LLarena

[Img #16889]No sé si algun día tendré que arrepentirme por lo que hoy pienso y escribo, pero como nieto del cuerpo de jueces no puedo  resistirme a salir al paso de la tormenta desatada en una nación en la que el Estado del Derecho se ha convertido en  un instrumento político utilizado como arma por los piratas de los océanos de unas democracias de perfil bajo o de tiranos que gobiernan en las dictaduras que han convertido a sus países en enormes calabozos, prólogos de los campos de concentración que elevaron nazis y comunistas en espeluznantes piras  de las libertades y los derechos humanos. Pero en este endiablado mundo de la ira, la rabia, la venganza, los hay tambien que ejercen la crueldad mental enloqueciendo a millones, miles de millones de seres humanos, los muy cabrones amparándose en falsos estados de derecho  que se han labrado hasta en los parlamentos y se dejan representar en el escenario repugnante del escenario de las Naciones Unidas, en donde casi un centenar de dictaduras se dedican a pontificar, recomendar, enjuiciar y exigir el cumplimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a  esta altura transformada en papel mojado o papel higiénico, todas ellas bajo las alas protectoras de las siete grandes potencias.

Ellos fueron, son los culpables, los grandes siete magnificos, algunos de ellos también merecedores de otro Proceso de Nuremberg ¿o es que el bombardeo nuclear que dejó cientos de miles de cadáveres calcinados fue un acto de la fortaleza democrática de los aliados y del monstruo de Truman, arrasando dos grandes capitales japoneses en un acto de vil venganza ? El silencio de una justicia politizada y profesionales  vacíos de ideales, fue ruidoso, pero los culpables, los padres de las leyes, los defensores de las libertades perseguidas siempre son los mismos, los dirigentes y servidores de los retretes de la política, que finalmente aplican los jueces al pie de la letra o se enfurecen cuando la libertad de expresión se expresa libremente  o se dejan enredar en los escándalos de una corrupción que han manchado muchas puñetas con la excusa legal de una prescripción ¿ sorprendente?

Pero a pesar de la vetusta, insufrible o oscura Ley de Enjuiciamiento Criminal que está salvando muchas cabezas enloquecidas por la avaricia, conocemos y nos constan que hay verdaderos héroes en el mundo del Derecho del Estado, y es justo que se sientan heridos cuando económicamente se hacen comparaciones con otras profesiones de más baja categoria.
 
Me he sentido dolido y hasta desengañado, sentido, observando como ese gran juez que se llama Llarena, acosado, insultado, abofeteado moralmente y perseguido por los bandidos impostores del golpe catalán, se ha quedado solo, diría que hasta arrumbado, oyendo unas declaraciones inmudas del juez y ministro de Interior, Marlaska considerando incidente ocasional los ataques a su ilustre colega.
 
Y miren por donde hemos sido los periodistas, los que hemos salido a la carrera a dar la cara por el valiente juez, o por el que cumpla con su sagrado deber en defensa de una limpia sociedad, de una España libre y Democracia sana: "Que el ministro Marlaska despache los reiterados e inadmisibles ataques a un juez, Llarena, como un hecho puntual, me causa dudas sobre el arrojo del ministro débil y fruto de una total falta de inteligencia, de sus agallas  o de su mansa aceptación de las consignas de un varonil jefe de Gobierno que teme a sus amigos catalanes soberanistas".
 
O este párrafo indignado del columnista David Gistau: "Nadie del oficialismo ha acudido a alentar al juez LLarena ¿ Dónde estaba el Estado, quién o quiénes acudieron a aliviar la soledad del magistrado.? Ni siquera lo hizo ese ministro que fue juez que ahora se ha convertido en el ejemplo vivo de cuán desertores de sí mismos hacen a los verdaderos hombres los contratos fáusticos de la política. Márcháse el juez Llarena a vivir en un cuartel de la Guardia Civil, como el juez Giovani Falcone a un cuartel de los carabineros y se aislara allí, perseguido a muerte por las mafias italianas.".
 
Se me ocurre un homenaje, aquí en la Región, pero es una ingenuidad de otro periodista nieto de un juez que murió pobre, en esa Andalucia que nadie entiende, que vota  en letrinas de los ERE.
¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress