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Juan Sánchez.
Sábado, 24 de noviembre de 2018
Juan Sánchez, sin pelos en la lengua

Corrupción y más concretamente, ¡mierda!

Pero qué coño han estado haciendo durante estos últimos cuarenta años esas escorias al mando? Cómo hemos consentido que hayan llevado este país hasta la presente hecatombe social? Dónde narices estábamos mirando para no ver más allá de nuestros apéndices nasales? Qué hostias quedaron por repartir en la misa mayor del reino, y ‘ande’ paran los cojones tantas y tantas veces invocados por la historia?

 

No sé vosotros, pero servidor, en puertas de celebrar con todo el boato y fervor que obliga el calendario en fecha tan señalada con campanas y campanarios libres de impuestos al revuelo de esa gran estafa constitucional del 78, me embarga el lagrimeo precisamente por la ceguera de un pueblo que no merece tanto cabrón con la histórica misión de jodernos. No sé vosotros, pero servidor está en la cuenta de que todos ellos han jugado al ‘teto’ con nosotros y el resultado es este presente de vergüenza patria y pena en la mesa y semblante del españolito camino al carajo. Ya casi hemos llegado.

 

Ahora, según se va hurgando el estercolero patrio, -ya sabéis aquello de que la mierda cuanto más se remueve… y tal-, pues resulta que no queda rincón institucional que no esté podrido hasta la cencerreta. Y acojona poner la tele, por mil razones con intenciones muy intencionadas y por tanta porquería pactada que nos trabucan vía ondas hercianas, dejando en evidencia la mala sangre de villa-arriba y la pachorra de villa-abajo y sus inmensas tragaderas; asquean tanto como apremian a superar la trémula resignación y reinventar la única razón para una convivencia pacífica en verdadera democracia: vivir, no sobrevivir… Y tomar cartas populares en este asunto llamado España. No está todo lo que hay a la vista, se pone lo justo y necesario para seguir jugando, aún sin poder evitarnos esa rústica y profunda sensación de amargura y desazón, y que este modelo de estado heredado de una dictadura que nunca nos abandonó, está podrido, y aún más podrido de lo poco que se muestra. Úrgenos en una concluyente, constituyente, sesión de limpieza y desinfección nacional. Aquí lo dejo.

 

Empezando por donde hay que empezar, sin miramientos, que las instituciones se empapan de excrementos de arriba hacia abajo. No os llevéis a engaño, si la cabeza visible y responsable por mandato y heredad de un caudillo bajo palio y cierra España, está quedando evidentemente como un modelo de liderazgo para mandar a tomar por saco, no restan más cáscaras que decidir una alternativa más pulcra, justa, abierta y democrática, y sobre todo responsable desde un poder concedido por y para servir al pueblo. La jefatura del estado no es un privilegio que otorga carta blanca e impunidad divina a quien la ejerce, NO!. La cabeza de una nación es la responsabilidad absoluta para con el pueblo y no contra el pueblo. Y este no es el caso, verdad?

 

De arriba hacia abajo, la cosa está diamantinamente clara. Si las alturas del poder ejercen el relajo y la miseria moral sin que nadie ponga remedio, lo que va cayendo y va calando y callando bocas es el mismo argumento: Política, gobierno, judicatura, funcionariado.  No rasguemos nuestras vestiduras a la vista del resultado, ni política, ni sus adjuntos y ‘asuntos’ de poder, pondrían en evidencia las propias cloacas. No hay más buenos ni menos malos, todos ejercen de verdugos contra el ciudadano. Por acción u omisión de acción, todos son responsables. También el pueblo consentidor del ‘truco o trato’, la tiranía, la miseria en carne propia. La podredumbre del estado, esa corrupción fulminante que cabalga impune sobre nuestra indolencia, esclavitud y penurias, como el cuarto jinete en un Apocalipsis llamado España.

 

 

Corrupción… y más concretamente, MIERDA!

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