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Gabriel García Sánchez
Domingo, 6 de enero de 2019
un análisis de gabriel garcía sánchez

Diversas propuestas para resolver el problema catalán

[Img #17026]El llamado problema catalán ha irrumpido en la agenda política como elefante en cacharrería. Por una parte, están los que defienden la República Catalana aportando escasas razones; una de ellas, es la archiconocida “España nos roba”. Además, últimamente, su líder sobre el terreno, Quim Torra, se ha hinchado a hacer afirmaciones supremacistas contra el resto de ciudadanos del estado Español. Les recomiendo que, si es posible, sin prejuicios, sean capaces de leer el libro de Josep Borrell y Joan Llorach, “las cuentas y los cuentos de la independencia”. Es un libro, como dicen los británicos, “pleasant to read” en el que, además, los autores advierten que la parte más abstracta, más teórica, puede evitarse sin mayores problemas. Tampoco le vendría mal a los que no han recorrido el extranjero que se aprieten el bolsillo y salgan fuera para ver lo que ocurre más allá de sus fronteras.

 

Por otra parte, están los “cientocincuentaycinquistas”, PP, Ciudadanos y, recientemente VOX, para los que no hay más solución que la aplicación continua y considerable del artículo 155 de la Constitución: el garrote y la justicia, sin poner sobre la mesa soluciones que supongan un diálogo entre las dos partes enfrentadas. Entre los primeros y los segundos el problema no tiene solución. A los dos les recomiendo grandes dosis de tila y, si no es suficiente, que recurran al lexatil. Como solución de último recurso siempre quedará el orfidal.

 

Además de hacer recomendaciones a los dos grupos anteriores formados por cohortes de fanáticos que no quieren ver más allá de sus narices, no es mi intención convencerlos de algo que tienen tan claro que ha llegado a ser un dogma insustituible al que no están dispuesto a renunciar. Sin embargo, hay un amplio grupo de gente, progresista, que es el que puede aportar discurso con soluciones para llegar a acuerdo que ponga fin a esta lucha catalanofraternicida. A bastantes componentes de este sector, probablemente porque lleva la democracia en las venas, se les observa una obsesión de no querer quedarse atrás y, probablemente, porque tienen el convencimiento de que el resultado será negativo, se apuntan a la realización de un referéndum pactado, tal y como se lo plantea el independentismo. Yo, por lo menos, no veo esta salida tan clara, porque si miramos hacia adelante con las luces largas, es posible que estemos vistiendo a un santo para desvestir a otro.

 

Desde las filas independentistas, se dice que el referéndum es la forma de buscar un mejor enclave de Cataluña en España. Este argumento hace aguas desde la base, por la sencilla razón de que, de forma intencionada, desde los tiempos de Pujol, el creador del “tres per cent”, la parte secesionista confunde Cataluña con el 47% que defiende la independencia y se olvida del 53% españolista. Es evidente que, en las condiciones actuales, con una situación de empate técnico, sería un disparate tirar la moneda al aire para, al día siguiente, empezar a resolver el alto número de problemas que empezarían a aparecer. El ejemplo del brexit en el Reino Unido, nos ha demostrado que los problemas empezaron al día siguiente de su aprobación, de tal forma que, al día de hoy, nadie sabe qué pasará con el afirmativamente votado brexit.

 

Si el problema catalán es que “España nos roba”, solamente hace falta discutir el porqué del mencionado hurto y ajustar las cuentas. Pero insisto, el referéndum puede resolver el problema de los independentistas, ¿pero sería adecuado tratar el problema del 47% y dejar en el aire el del 53%? ¿Qué consecuencias tendría?

 

Debemos ser conscientes de que el problema no termina con el referéndum sino que empieza porque al día siguiente, en caso de que se produjera una participación y una mayoría cualificadas –en una ocasión como ésta no debe valer la mayoría simple, y menos un voto más como dice el independentismo-, habría que empezar a discutir cómo se escindiría la República Catalana, que no es un paso inmediato en el que bastaría con colocar las barreras y que cada cual se quedara con lo que tiene dentro. Cualquiera que le dé un repaso verá que hay muchas cosas compartidas que habría que dividir. Este proceso requeriría demasiado tiempo, años, pensemos que en el brexit ya se llevan consumidos tres años y aún no se ve el final del camino.

 

¿Podría nuestro país permitirse el lujo de tener a sus gobiernos central y catalán dedicados en gran a efectuar el divorcio, máxime con la cantidad de problemas que tenemos en Europa –el aumento de la extrema derecha-, y en España como son el paro, la pobreza, la dependencia, y un largo etcétera? ¿O sería mejor que los gobiernos nacional y catalán fueran capaces de encontrar soluciones que acerquen a Cataluña a España que se incorporarían al Estatuto, a la espera de que, en futuras elecciones, se vaya moviendo hacia un lado u otro el actual empate técnico?

 

En cualquier caso, estamos ante un problema de envergadura que requiere acuerdos, porque un error por precipitación y/o simplificación sería muy, pero que muy, grave e irreversible.

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