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Redacción
Lunes, 21 de enero de 2019
un futuro incierto

Murcia-Corvera: el aeropuerto que llegó siete años tarde

[Img #17124]Lo han hecho los ministros o ministras. También los secretarios de estado, los presidentes de comunidades autónomas, los consejeros o los alcaldes de los municipios afectados, pero nunca un rey: ni el actual jefe del Estado ni el anterior habían presidido nunca la inauguración de un nuevo aeropuerto en España. El único precedente similar fue el de la reina Sofia. Hace 40 años, en noviembre de 1978, fue la invitada de honor a la apertura del aeropuerto del sur de Tenerife bautizado con su nombre.

 

Por eso, la presencia del Felipe VI esta semana en el nuevo aeropuerto de Murcia ha sido tan singular como lo es la historia del lugar en el que aterrizó para presidir su inauguración: el aeropuerto internacional de Murcia, que ha entrado en servicio siete años más tarde de lo previsto, una fecha que ya se había aplazado respecto al calendario original. Vamos por partes: Murcia es una Comunidad Autónoma uniprovincial con un buen número de instalaciones aeronáuticas concentradas en sus 11.000 km2: dos bases aéreas, dos aeródromos, nueve campos de vuelo para ultraligeros, varios helipuertos o helisuperficies y dos aeropuertos internacionales: San Javier y Corvera.

 

Dos aeropuertos en 26 kilómetros

 

Las dos últimas instalaciones distan tan solo 26 kilómetros, lo que permite algo poco frecuente: desde la torre de control de uno se ve la del otro, aunque esto parece que no ha sido tenido ni en cuenta, pues han crecido en paralelo, ignorándose mutuamente. San Javier es una instalación perteneciente al Ministerio de Defensa, aunque su gestión comercial la asumió Aena como base militar abierta al trafico civil. La historia del primer aeropuerto murciano se remonta a la época en que la Armada abandonó El Prat y el puerto de Barcelona para trasladarse al Mar Menor. Aquella decisión fue considerada estratégica a finales de los años 20 y con el tiempo convirtió al aeródromo militar de San Javier en la sede de la Academia General del Aire, lugar donde se forman los oficiales de la Fuerza Aérea.

La base se abrió a vuelos comercial a partir de 1968, aunque con horario limitado para segregar la actividad civil y militar, un aspecto no conflictivo por los escasos vuelos que manejaba. Eso cambió posteriormente con la llegada de vuelos chárter desde Reino Unido en los 90 y las primeras compañías de bajo coste, lo que motivó la construcción de una nueva terminal, con la que se alcanzaron los casi dos millones de pasajeros hace una década.

 

Previamente, Ramón Valcárcel, presidente de la región desde 1995, creó Aeromur, una sociedad para el desarrollo y gestión de aeropuertos en su comunidad. Con la bendición de José Maria Aznar, el Ministerio de Fomento declaró el proyecto del aeródromo en Corvera “de interés general” en 2003, aunque el titular de esa cartera, Francisco Álvarez-Cascosnunca estuvo de acuerdo con el proyecto. Tres años después se licitó la instalación mediante una concesión administrativa para su construcción y explotación durante cuatro décadas. La sociedad que se hizo con el contrato la estaba liderada por Sacyr, como socio mayoritario, al que acompañaron en esta misión Cementos la Cruz, el Grupo Fuertes e Inocsa, además de dos entidades bancarias: Cajamurcia (luego BMN y hoy Bankia) y la CAM (actualmente Sabadell)

 

La apuesta murciana por el turismo

 

El ejecutivo regional justificó el proyecto en la diversificación de la economía, apostando por el turismo: “Murcia será la California Europea” era una frase recurrente. Allí, el nuevo aeropuerto complementaría a la oferta de golf, parques temáticos y otros proyectos que no se han cumplido o directamente se han ido quedando por el camino, como la llegada del AVE, el centro para el desarrollo audiovisual llamado Contentópolis, el parque Warner o la Marina de Cope, un complejo urbano turístico de más de 11.000 viviendas, cinco campos de golf, 10 de fútbol, otras instalaciones deportivas, y hasta una marina interior artificial para 2000 barcos, un proyecto urbano-turístico de más de 21 millones de metros cuadrados en una llanura litoral virgen y protegida que acabó tumbado por cuatro sentencias diferentes, incluida una del Tribunal Constitucional.

 

Corvera se construyó a buen ritmo entre 2008 y 2012: se crearon nuevas autovías de acceso, se edificó una terminal de 30.000m2, una pista de 3.000 metros y todas las instalaciones necesarias, a las que se le añadió, a petición del gobierno, una terminal VIP para uso propio, invirtiéndose cerca de 270 millones de euros. Paralelamente, a pocos kilómetros de esas obras estaban en marcha otras, con una inversión estatal próxima a los 70 millones de euros: se construyó una segunda pista de vuelo en San Javier para que los vuelos civiles y militares estuvieran totalmente separados y la actividad comercial en la instalación de Aena no tuviera limitaciones. También se amplió y renovó la terminal, se realizaron concursos para las diferentes concesiones aeroportuarias, dando a entender que al contrario de lo que se decía desde el gobierno de Valcárcel, San Javier no se iba a cerrar en favor de Corvera, un aeropuerto que por otro lado, está unido por autopista sin peaje, al de Alicante, a tan solo 80 kilómetros, donde se han invertido en los últimos años 628 millones de euros.

 

Mientras se realizaban todas esas obras, el tráfico en la región se desplomaba, desde los dos millones de pasajeros de 2007 a los 1,1 de 2012, año en que Corvera estaba listo para entrar en servicio, una cifra que desde entonces se ha quedado estancada, como también se había quedado estancado el futuro del aeropuerto en enero de 2012 por desencuentros entre la concesionaria y el gobierno regional, con un aval de 200 millones de euros de fondo hasta que se acabó rescindiendo la relación entre las partes y se convocó un nuevo concurso para la gestión y explotación del nuevo aeropuerto a finales de 2017.

 

Traslado de San Javier a Corvera

 

Finalmente, sorpresa (o quizá no tanta) fue Aena, gestora de San Javier y que hasta el momento había ignorado la existencia de su vecino murciano, la única candidata al concurso convocado por la región de Murcia para la gestión y explotación de las instalaciones de Murcia-Corvera durante 25 años, en la que fue la primera decisión de calado del presidente de la compañía Jaime García-Legaz, que en tiempos fue secretario de Estado de Comercio y había nacido precisamente en Murcia. Para no hacerse competencia a si misma, la empresa decidió trasladar todos los vuelos de una instalación a otra: una mudanza tanto de aviones, como equipos, medios y personal de menos de 30 kilómetros que fue presentada por el gobierno presidido por Fernando López Miras como un gran logro. El 14 de enero por la noche un 737 de Ryanair operó el ultimo vuelo que salió desde San Javier y pocas horas después un avión gemelo y de la misma compañía fue el primero en aterrizar en la nueva instalación. El segundo fue el Falcon 900 que transportó al rey. Todo prácticamente igual, simplemente a pocos kilómetros de distancia.

 

Ahora todas las instalaciones civiles de San Javier quedan sin servicio y, por el momento, sin proyecto, mientras que Corvera arranca su vida comercial con los mismos vuelos que tenia su antecesor. El próximo paso, ya previsto, aunque discutido entre el Gobierno regional (PP) y el central (PSOE) será añadir un nombre al nuevo aeropuerto: Juan de La Cierva, el ingeniero e inventor murciano que creó la aeronave predecesora del helicóptero: el autogiro.

 

El nombre para el aeropuerto no ha gustado a todos, pues como recuerda el historiador Angel Viñas en su libro La Conspiración del General Franco, de La Cierva fue parte implicada en la organización del golpe de estado de 1936 encargándose de facilitar un bimotor Havilland Dragon Rapide de Olley Air Services para que el general Francisco Franco, apartado de su puesto de jefe militar de Tenerife por conspirador contra la República, pudiera llegar a escondidas a Marruecos desde Gran Canaria y ponerse al frente del llamado ‘heroico Ejército de África’, un golpe de estado coordinado por Juan Ignacio Luca de Tena, director del diario ABC, patrocinado por el banquero Juan March, aparentemente bendecido por los servicios secretos británicos y apoyado logísticamente por el aviador, ingeniero e inventor que ahora va a dar nombre al nuevo aeropuerto de Murcia, abierto en 2019, con siete años de retraso y una historia singular de vecindad, desentendimientos, tozudez y una lógica comercial y aeronáutica cuestionable.

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