[Img #17127]Pocas horas después de que en esta misma columna periodística se hablara del fascismo en el fútbol, Javier Tebas, presidente de LaLiga de Fútbol Profesional concedió una entrevista a El partidazo de COPE.

 

Tebas dice no ser de ultraderecha, pero admite haber pertenecido al partido Fuerza Nueva. Veamos, Fuerza Nueva fue un partido que nació para reivindicar el golpe de 1936 y la dictadura franquista, y se vio envuelto por su apoyo o su intervención en atentados ultraderechistas, entre los que se cuenta la matanza de Atocha de 1977, de la que se salvó por los pelos la actual alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena. Si pertenecer a este partido no es ser de ultraderecha, apaga y vámonos.

 

La ultraderecha suele ofenderse cuando se llama a las cosas por su nombre. No admite ser ultraderecha, no admite ser fascista. Está librando la batalla del lenguaje, para tapar sus vergüenzas con eufemismos.

 

“En la mayoría de los temas sigo pensando igual que cuando era de Fuerza Nueva”. Eso decía el señor Tebas hace un par de años. “España necesitaría su propio Le Pen”, añadía. Pues con Vox se han cumplido sus deseos. Y por eso no extraña que, durante la entrevista, confirmara que su voto irá a la formación de Santiago Abascal.

 

Lo que no dejó de sorprender fue el descaro con el que justificó los límites a la libertad de información. Límites impuestos por él mismo, claro. A cuenta de esto, se produjo un áspero enfrentamiento con el periodista Juanma Castaño que, hay que decirlo, no se amedrentó.

 

La ultraderecha suele ofenderse cuando se llama a las cosas por su nombre. No admite ser ultraderecha, no admite ser fascista

 

“Tú sabrás lo que no debes preguntar. Como preguntes algo que no está dentro del manual, no volverás a salir”, dijo con todo desparpajo el presidente de LaLiga. Ya vemos que el pasado ultraderechista que admite Tebas no es tan pasado, sino más bien, presente.

 

El fascismo ha irrumpido con tal fuerza, que los complejos han sido dejados de lado y, con total impunidad, gritan a los cuatro vientos sus consignas inconstitucionales. Ya no miden. Ni en la política, ni en los medios de comunicación, ni en el fútbol.

 

Este señor es el que rige los destinos de una de las industrias más importantes de España. Una industria que no solo influye de manera directa en la economía, sino en la propia imagen del país. Porque como ya hemos dicho, el fútbol es uno de los reflejos más fieles de la sociedad. Ese reflejo de la sociedad está hoy en manos de un señor que perteneció a un partido fascista, que declara defender la censura y, cómo no, que ya ha dicho que votará a Vox.