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Una entrevista de Francisco Javier Illán Vivas
Jueves, 14 de febrero de 2019
hablando de libros/36 maneras de quitarse el sombrero

Miguel Ángel de Rus: "Hago un relato divertido y crítico de nuestra época"

Miguel Ángel de Rus (Madrid, 1963). Escritor, editor, animador teatral impenitente, presentador y director del programa literario Sexto Continente, de Radio Nacional de España. Su obra literaria, aunque interrumpida o ralentizada por su condición de editor, incluye cuatro novelas, siete libros de relatos, ensayos. Sus relatos han sido recogidos en un gran número de antologías y libros colectivos.

Acaba de publicar 36 maneras de quitarse el sombrero, donde la sátira social es el elemento común de treinta y seis relatos.

[Img #17301]Pregunta.- Sátira explícita, implacable, así calificada por el académico José María Merino, es ya una tarjeta de presentación que nos invita, sin dilación, a abrir las páginas de su último libro. 

Respuesta.-  La literatura española es en general muy seria y entre realista y naturalista y huye del humor y la sátira porque en España el intelectual debe ser un tipo serio y preferiblemente de voz campanuda. Ya vez que salvo Eduardo Mendoza, no se le perdona a nadie que use el humor, que en los Premio Max de teatro nunca premian una comedia… es un complejo de país que quedó atrasado con respecto a Occidente, Estoy muy agradecido a José María Merino, unos de los autores absolutamente imprescindibles de los últimos 50 años de la literatura española, que afirmara en la presentación que mi obra resucitaba la sátira en España y que era, en resumen, perfecta. Es una crítica que acaba de publicar afirma “no encontramos en nuestra literatura esa sátira explícita, implacable, que desde la Grecia clásica –Aristófanes o Luciano de Samósata- pasando por Roma encontró en España espacio, desde  el Libro del Buen Amor hasta el esperpento valleinclanesco o Jardiel Poncela y Ramón Gómez de la Serna...” Ponerte en esa lista, aunque seas el más modesto aprendiz de todos esos nombres, es un orgullo y justifica muchos esfuerzos

 

P.- De todas formas nadie debería extrañarse. En estas mismas páginas comentamos, hace años, Putas de fin de siglo, donde la ironía y la sátira social ya sorprendieron a muchos lectores. (PD: Bastantes años después, la reseña de ese libro sigue siendo la más leída del sitio LCN)

R.-. Putas de fin de siglo fue un libro de sátiras que por alguna razón muchos medios de comunicación consideraron libro erótico cuando era claramente, una sátira de costumbres. Pero mi novela Dinero, mentiras y realismo sucio era por un lado una sátira y por otro lado una crítica de la cultura de masas y de los medios de comunicación; y había sátiras en mis libros de relatos Malditos y Evas. De hecho, al presentar mi libro Donde no llegan los sueños, Joaquín Leguina afirmó que “miguel Ángel de Rus no irá al cielo de la izquierda ni de la derecha, porque su crítica corrosiva llega a todas las ideas y condiciones”. También había relatos satíricos en mi primer libro, Cuentos Irreverentes. Sin duda por una mala influencia de muchas lecturas de clásicos.

 

P.- Esta forma literaria, propia del siglo de oro de las letras españolas, estaba casi perdida, y nos la ha devuelto a la actualidad. ¿No es usted un quijote luchando contra los molinos erigidos por Zuckerberg? 

R.- Ahora no sólo hay que luchar contra los molinos de Zuckerberg, Larry Page, Sergey Brin, Soros, Angela Merkel o el imperio norteamericano que impone su terror en todo el planeta, sino contra la multitud, convertida en censora con mucho gusto, principales difusores –al mismo tiempo que víctimas- del capitalismo salvaje, del liberalismo de los Chicago Boys. La sátira es necesaria para recordar a las mentes lúcidas que están adormecidas y que hay que luchar contra el fin de la Historia, porque si no lo hacemos nosotros lo harán otros. Y eso, provocando sonrisas y risas en cada relato.

 

P.- A lo largo de tus 36 maneras…, el lector reirá muchas veces, a mí me ha pasado, incluso en esos esperpénticos pasajes que tanto me han recordado a Valle Inclán.

R.-. José María Merino incidió mucho en esa raigambre Vallinclanesca de mi obra, pero él diferenciaba ambas obras, afirmando que la suya es de carácter histórico y que la mía es la esencia pura de la sátira, un retrato descarnado del momento presente, la mejor forma de que alguien cuando lea sobre nuestra época, sepa cómo fuimos. Es cierto, Valle Inclán en algunas de sus obras deja la esencia del alma hispana, de males atávicos, que serán eternos. Y yo en 36 maneras de quitarse el sombrero hago un retrato divertido y crítico de nuestra época y de sus modas de pensamiento más risibles.

 

 

[Img #17302]P.- Ya lo avisa en presentación: «los personajes y hechos que aparecen en este libro son completamente ficticios». Pero, dígame, ¿son personajes ficticios Soros, Solana, Obama, Allen, Proust y tantos otros cuyos nombres no recuerdas? Pero si el lector va a saber inmediatamente a quien se refiere... 

R.- Esa introducción está destinada al juez, que sepa que hay sólo animus jocandi, ni animus injuriando ni animus doli. Lo aviso para que no quepan dudas. Y esos personajes que aparecen tienen el mismo nombre que los populares, pero no son ellos en persona, sino lo que representan; son ellos como personajes, no como seres de carne y hueso. Es como si utilizas una marioneta y le pones su nombre, los palos no los recibe el individuo, sino la marioneta. Cuando los cito es con todo el respeto, aunque lo que piense sea muchísimo peor de lo que escribo.

 

P.- Supongo que, gracias a la constancia que deja por escrito sobre que «los textos reunidos en este libro están creados con animus jocandi, jamás con animus injuriandi o animus doli», ha evitado tener que recorrer –esposado- los juzgados de Madrid. 

R.- Mientras no hagas chistes de gitanos en la televisión, o del macho alfalfa y su churri, o de la familia real, no hay peligro. En España la inmensa mayoría de la gente circunscribe su (in)cultura a la tele. Escribir algo en un libro es la mejor manera de dejarlo en secreto.

 

 

P.- Los textos que contiene la obra convierten al lector en protagonista anónimo y víctima inocente de todos esos que apunta, me refiero a los que mueven los hilos, en Democracias intervenidas, como parece que las considera a todas. Pero, una duda, ¿sólo las occidentales o también las orientales? 

R.-  En Extraña noche en Linares había alguna victima de la Primavera Árabe y en un libro de relatos que estoy preparando, hay víctimas y victimarios de esa otra parte del mundo. Pero 36 maneras de quitarse el sombrero trata de nosotros, Occidente, y nuestra época.

 

 

P.- Luis Alberto de Cuenca, que es un gourmet de la buena literatura, nos recomendó su libro diciendo que es tremendamente ligero. Y esa ligereza, para él, es un elogio, una cualidad superior.  

R.-. Luis Alberto de Cuenca siempre ha sido extremadamente amable con mi obra, ha presentado varios de mis libros, y recomendó encarecidamente 36 maneras de quitarse el sombrero nada más leerlo. Su apoyo y el de José María Merino, que ha dicho maravillas del libro; o el de Carlos Augusto Casas, que afirmó en “Público” que “Miguel Ángel de Rus muestra con sátira acerada el lado más risible de los intelectuales, los políticos, la gente de bien, los verdaderos poderosos y todas las creencias que la sociedad ha acabado por aceptar. De Rus mezcla la crónica negra con el humor negro y la sátira con maestría”; o el de Pedro Pujante que escribió que “36 Maneras de quitarse el sombrero es un libro de nuestro tiempo, que arremete contra todo y contra todos pero con la sutileza y la inteligencia de un Wilde a la española. Encontrará el lector en esta gavilla de cuentos mucho humor y sarcasmo pero también un culto inusitado por la belleza y la cultura”, o el tuyo, hace que este libro lleve el mejor apoyo posible, el de los mejores lectores.

 

 

P.- Y, como no podía ser de otra forma, que diría alguno de los personajes, la transgresión política y sexual están tan presentes que, en algunos relatos, casi se confunde, se solapan, son lo mismo. 

R.- La moral, la ética del amor y la sexualidad ha cambiado tanto en el último medio siglo que da mucho juego para la sátira, porque somos todos muy modernos, pero la inmensa mayoría está muy descolocada ante el cambio de modas de pensamiento.

 

 

P.- Pasemos a otra sección de la entrevista. Y esto se lo pregunto al escritor, no al editor. ¿Cuándo sabe si un texto que ha escrito es bueno o malo?

R.-  Siempre lo leen varios escritores antes de publicarlo y me marcan todos mi errores; después pasa el filtro de Vera (como le sucedía a Nabokov), que me filtra. Siempre les pido la mayor dureza. Hay textos que quedan en el camino, otros que experimentan un gran cambio. Nunca sé si lo que he escrito es bueno, y por eso pido la máxima dureza a quienes me leen, para arreglar cuanto sea necesario. Creo que ese ejercicio de masoquismo es buena para todos los escritores.

 

P.- ¿Usa mucho la papelera? Se lo pregunto porque en una anterior entrevista Blanca Andreu nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.  

R.- La inmensa mayoría de lo que he escrito está en papeleras.

 

P.- Ha publicado cuatro novelas, y muchos relatos. Haruki Murakami dijo que escribir una novela es un reto, escribir un cuento es un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Le parece que es así?

R.-  Una novela es un amor a largo plazo; y un relato, una pasión breve y contundente. No puedes saber lo que te dejará más huella. Es mi imaginario literario se mezclan Boris Vian, Edmond Rostand, Chejov, Villiers de L’Isle Adam, Choderlos de Laclos o Potocki; lo que es lo mismo, relato, novela, cuento, teatro…

 

 

P.- Si, como dijo Cristina Fernández Cubas, «el cuento es algo misterioso y titánico, que va siempre más allá de la extensión que tiene». ¿Cómo acotamos esa gigantez del cuento?

R.-  El cuento es valioso por todas las ideas que te sugiere, por los mundos que te incita a crear a ti como autor. El cuento lo continuas tú después de leerlo. Hay una novelita breve que es casi un cuento, La Metamorfosis de Kafka, que a mí me ha llevado a imaginar mucho más que la mayoría de las novelas. O el relato el Lobo-hombre, de Boris Vian, una obra que me ha llevado a escribir muchos textos que aún tengo guardados, porque presenta unas implicaciones literarias casi infinitas. Cualquier cuento de Potocki de los que aparecen en El Manuscrito encontrado en Zaragoza es más valioso que la mayoría de novelas que he leído.

 

 

P.- ¿Cuál es la diferencia entre un relato y una novela corta? ¿Se lo plantea cuando prepara un libro, por ejemplo, el suyo de Novelas reunidas? ¿Tienen unos límites por arriba o por abajo alguna de estas formas narrativas?

R.-  Mi nouvelle más breve tiene unas 60 páginas, y posee la consistencia interna necesaria para ser una novela. Tengo cuentos de hasta 30 páginas. Se diferencian en que los cuentos te dejan un camino a seguir por tu cuenta, y que las novelas, aunque tengan una final abierto, ya te han contado lo que debías saber.

 

P.: ¿La buena literatura está hecha por gente desobediente? Permítame en este caso decirlo de otra forma: ¿La buena literatura está hecha por gente irreverente?

R.- He citado en esta conversación unas cuentas obras maestras de la literatura que creo que en su día fueron muy molestas. Lolita de Nsbokov, es un ejemplo de novela prohibida y perseguida. Luces de Bohemia sólo se estrena cuarenta años después de escribirse, y no en España, sino en Francia. Si la sensibilidad media acepta con gusto y sin sentirse ofendida una obra, puedes pensar que no tendrá largo aliento. Creo.

 

 

P.- Un entrevistado me contestó en una ocasión que nadie que es feliz escribe, como tampoco nace el arte de ningún ser pleno.

R.- Toda creación viene de la constancia de que hay algo más que no entendemos, que se nos escapa, que hay una diferencias entre el ser, el poder ser y el deber ser. La capacidad de comprender la propia vida nos hace trascendentes de algún modo, y esa trascendencia a quién más incita es al autor.

 

P.- Esta pregunta puede que deba respondérmela tanto el editor como el autor. En un mundo que tiende a leer cada vez menos. ¿Qué siente cuando lee que el año 2017 se publicaron, según la Agencia del ISBN, 87.292 nuevos títulos?

R.- Como mucho llegarán a un número significativo de lectores una décima parte de esos libros, y ese exceso hará que resulte casi imposible en el futuro saber qué hubo de valioso en nuestra época. La creación cultural es en sí algo elitista y el exceso populista de creer que todo lo escrito es publicable hará que sea compejo encontrar lo más elevado del pensamiento de nuestra época, porque sólo se conoce lo que mueven las grandes industrias culturales, que en su inmensa mayoría es deleznable.

 

P.- No sólo de letras vive el hombre o la mujer. ¿Dónde podemos encontrar a Miguel Ángel de Rus en la red? ¿Le dedica mucho tiempo?

R.-  En www.miguelangelderus.es ahí pueden encontrar todos mis libros y muchos relatos que pueden leerse antes de comprar el libro. En la web de RTVE pueden encontrarse mis charlas con muchos de los escritores más nutritivos de la época http://www.rtve.es/alacarta/audios/sexto-continente/

 

P.- Aconséjenos una película. 

R.- Amanece que no es poco; Ninette y un señor de Murcia; Bienvenido Mister Marshall; Senderos de gloria; El gran dictador; Ojos negros; Sostiene Pereira; Cinema Paradiso; Calle Mayor; La última noche de Boris Grushenk, Los hermanos Marx en Casablanca; Irma la dulce

 

P.- Una obra de teatro. 

R.- La visita de la vieja dama; Luces de Bohemia; El Álbum familiar; Enrique IV; El jardín de los cerezos; Tartufo; Cyrano de Bergerac; Ninette y un señor de Murcia; Tres sombreros de Copa; la versión de Manuscrito encontrado en Zaragoza de Nievas; El Pez gordo… tengo que dejarme docenas de títulos.

 

P.- Y una canción o un tema musical.

R.- El Réquiem de Mozart (y la manita de Süssmayr). Qué cosas…

 

P.- Y como hemos visto que no es capaz de aconsejarnos una única cosa, ¿lo es con un libro? 

R.- He propuesto muchos en esta conversación, cualquiera de ellos, o todos. Y los míos, si son ustedes tan amables. O cómprenlos y déjenselos de regalo a sus nietos, por si a ellos les gustan.

 

Ha sido un placer, muchas gracias, Miguel Ángel.

 

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