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Elbia Alvarez.
Viernes, 1 de marzo de 2019
Elbia Álvarez

Movistafa

[Img #17423]En este país nos suben las horas de trabajo –los que tienen la suerte de tener trabajo, que no es poco-, pero no suben los salarios, hemos salido de la crisis

 

-¿hemos salido?-, pero no suben los salarios, es el país que más crece de la Unión Europea, pero no suben los salarios. Con la gran excepción de las medidas tomadas por el gobierno del presidente Sánchez, que teniéndolo todo en contra, ha logrado que suban las pensiones y los salarios mínimos unos porcentajes históricos. Entre otras cosas. Por lo demás, todo sube y nuestros salarios se quedan como están.

 

Hace unos días leo en ABC, en una nota de prensa firmada por Europa Press, que Telefónica ha ganado 3.331millones de euros el año pasado. El presidente ejecutivo de la compañía, José María Álvarez-Pallete estaba exultante de alegría comunicando además que habían rebajado la deuda en un 5%.

 

Hoy me he puesto a mirar las facturas de Movistar pues últimamente recibo cartas de “Actualización de tarifas”. Me escriben más que si el hombre del que estoy enamorada estuviera en Siberia explorando parajes ignotos y no tuviera cobertura, móvil, ordenador, y me escribiera cartas a mano en papel, como se hacía hasta hace tres décadas. Es romántico incluso y me pesa que la correspondencia epistolar se haya acabado como género literario. Pero mi compañero está a mi lado y nos comunicamos presencialmente.

 

Movistar me escribe constantemente cartas que envía por correo postal. Y lo hace en un tono en el que se está desviviendo por mí para darme el mejor servicio del mundo mundial. “Para ello, realizamos las inversiones necesarias en redes e infraestructuras que nos permiten mantener la calidad y tecnología que requieren nuestros clientes”, escriben en una carta fechada en marzo de 2017. Es curioso porque yo no requiero nada. Nada de nada. Requerir, entre otros significados, incluye el de exigir. ¿Cómo voy yo a exigir nada a ninguna multinacional?, ¿Para qué? Una hormiguita como yo contra un cíclope de proporciones inusitadas. Y si exigiera una bajada de precios se estarían riendo de mí durante un tiempo incalculable. Y en esta misma misiva señalan que “…a partir del 5 de abril de 2017 actualizaremos el precio del producto FUSIÓN+ (…) y pasará a pagar 75€/mes”. Por supuesto no indican lo que pagaba hasta esa fecha y los desgloses en cada factura hay que incrementarlos con el 21% de IVA. Con lo cual nunca sé en realidad qué estoy pagando por cada producto. En fecha de 16 de julio de 2018 “cambia el precio de su modalidad de Movistar ADSL pasando a ser 43€/mes impuestos incluidos”. Tampoco señalan lo que pagaba hasta ese momento. Y en el desglose de la factura no viene esta modalidad desglosada independientemente.

 

El tema del cambio de ciclo producido en agosto de 2018 tiene retranca porque “estamos mejorando nuestros procesos de facturación. Por este motivo a partir del 13 de agosto de 2018, las cuotas dejarán de cobrarse por adelantado para facturarse a periodo vencido”. Así me entero yo de que pago a Movistar por adelantado. Primero paga y luego te subimos la factura, bonita. En este mes de agosto –buen mes para Movistar porque todos o muchos estamos fuera de nuestros hogares y así nos enteramos peor-, me pasan dos facturas, las dos por el mismo periodo, del 26 de junio al 27 de julio: una por 26,67€ y la otra por 82,54€. Sumen ustedes.

 

En la siguiente carta vuelven a subirme “la modalidad de Movistar ADSL y pasa a ser de 46€/mes”, tres euros más con respecto a la subida de julio por el mismo concepto.

 

Y ya en el año en curso, me escriben que “a partir del próximo 5 de febrero de 2019 cambia el precio del servicio Fusión+Ocio –ahora añaden la palabra “ocio” que tengo contratado y pasa a ser de 85€/mes”. Yo no necesito contratar ocio. ¿Cómo se hace eso? Yo siempre he pensado que el ocio lo decido yo y no me lo impone nadie. Diez euros más que en abril de 2017, y exponen todas las aplicaciones y servicios de más que incluyen y que yo no uso para nada. La velocidad de internet es la misma de siempre desde hace diez años.

 

Para no aburrirles más constato que en Noviembre de 2016 mi factura telefónica ascendió a 59,08€ y la de febrero de este año asciende a 86,09€. Más del 40% en dos años largos. Y se despiden: “Gracias por elegirnos”. Encima, van y me lo agradecen, que es lo mínimo, porque se están forrando a costa de casi todos los españoles. Pero no deja de ser irónica esa despedida. La he elegido porque cuando he estado en otras compañías de telefonía era aún peor. Y en una de ellas, además, sus trabajadores se suicidaban por no cumplir con los objetivos económicos exigidos.

 

En un artículo publicado por EL PAÍS, “El misterio de la subida de la factura de móvil e Internet”, publicado el 24 de diciembre de 2018 y firmado por Ramón Muñoz, se habla del criterio de las compañías de telecomunicaciones basado en el “más por más”, cuando el 80% de los usuarios españoles no quieren más pero pagan más y “la preocupación” de José María Marín Quemada, presidente de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que “apuntó a los datos de Eurostat, para señalar que mientras aquí han aumentado los precios especialmente los de la telefonía fija empaquetada, caen de media en Europa”. (…) Y “recordó que cuando había cinco operadores los precios en España bajaban, cuando había cuatro se estabilizaron con tendencia a la baja, luego hubo tres y empezaron a subir y ahora hay cuatro y continúan subiendo. «Esto lo vemos con preocupación»". Estoy en un sinvivir con la preocupación de este hombre que, cuando tiene ese puesto, es que es un experto en casi todo. Si él está preocupado imagínense ustedes el 80% de los ciudadanos españoles que lo que primero que hacemos es pagar más “por más por más”, cuando no queremos más de nada, y luego ya se verá o no se verá. En fin, les invito a leer el artículo porque no tiene desperdicio y además, para mí, es difícil de entender.

 

La despedida de Movistar, si la realidad fuera de otra manera, debería de ser algo así como: “Gracias por elegirnos porque no tiene más remedio”, pero la contradicción obvia de la propia frase es inviable en un mundo en el que se suele apelar a una lógica que esconde el robo y la estafa flagrantes.

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