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Jesús de Las Heras.
Lunes, 18 de marzo de 2019
jesús de las heras

La verdad de la vejez y el respeto

[Img #17528]Hoy en día parece que está prohibido ser viejo. Esa palabra, “viejo”, puede ser un apelativo cariñoso si te la dice uno de tus hijos, sobre todo si va después del posesivo “mi” y si la dice en tercera persona, “mi viejo”, o despectivo si te la dice un extraño, sobre todo sin determinante alguno y como vocativo del pronombre personal de segunda persona, tú, que a tanto niñato le parece despectivo porque es ignorante.

 

Pero yo estoy orgulloso de cada uno de mis sesenta y ocho años. ¿Soy viejo? Bueno, eso es relativo. Para los afortunados que cuentan más años que yo soy un jovencito. Para los que cuentan menos, supongo que sí que lo soy. ¿Y qué? Esta mañana un vecino me ha dicho que yo no soy viejo, sino “que cumplo años”. Y una mierda. “Yo soy viejo, y a mucha honra”, “y pobres de los que no lleguen a viejos”, les dije. Porque cuando uno vive muchos años le ha dado tiempo a aprender muchas cosas de los libros que ha leído y estudiado, y también de las cosas que le han contado los demás; pero sobre todo por las experiencias dolorosas de los palos que te han ido dando a lo largo de tu vida. Porque la vida no te da nada, a pesar de lo que dicen los cursis que confunden el significante con el significado de las metáforas que utilizan de oído. Los palos te los has ido llevando porque te los has buscado, además de los que te vas encontrado sin comerlos ni beberlos. Porque el que no sufre es el que ni siente ni padece, el que no vive. Como los jovencitos actuales, que prohíben todo lo que no les gusta, como si así el toro de la realidad no les fuera a embestir por donde más les duele, tarde o temprano. Así, nunca se habla ya de la muerte en ningún sitio, ni del diablo, ni de cosas generalmente desagradables, no sea que el poder mágico que en su rala ignorancia le dan a las palabras les traiga esas desgracias tabúes, que por no nombrarlas pretenden que se queden dentro de la Caja de Pandora esa que se han inventado y que se llama Corrección Política. Les sirve para tener buena conciencia sin tener que hacer nada efectivo por paliar o resolver los males que ven en este mundo, refugiándose en tonterías como “los derechos de los animales” o “el cambio climático”, como si a los animales o a este planeta les importáramos más que a nosotros las bacterias que podamos llevar en el pelo. Mala noticia para ellos: la humanidad no es la primera especie inteligente que ha poblado este mundo, y posiblemente no haya sido la más brillante. Se sabe que hace 72000 años hubo otra humanidad que acabó drásticamente, y es muy posible que haya habido otras civilizaciones, humanas o no, y que haya otras después de que nosotros no seamos ni un recuerdo para nadie. Las especies animales se recuperarán cuando nos hayamos ido, y el planeta que nunca nos tuvo en cuenta seguirá su curso hasta que, se calcula que dentro de tres mil millones de años, se estrelle contra su estrella, devenida en nova.
 

Sí, me gustaría quedarme para verlo, siendo mucho más viejo que ahora, pero creo que no me va a ser posible. Pero volviendo a nuestro tema, el de la dulce senectud, esa cosa tan poco valorada hoy en día por los jóvenes y los no tan jóvenes, porque se valora más la buena salud de aquellos que la ignorancia que les es congénita, ignorancia que les lleva a pensar que lo saben todo porque en cualquier momento pueden acceder por teléfono a la Wikipedia y consultar el dato aquel que a los viejos nos resbala porque hace cincuenta años que lo estudiamos. Pero la Wikipedia es una birria de enciclopedia en que no se piden títulos universitarios para escribir en ella, y cualquiera puede publicar cualquier tontería, y que a poco nivel informático que tenga, le permitirá desdecir y anular cualquier artículo de cualquier especialista en la materia porque no le guste. La Wikipedia sí puede ser útil, pero hay que tomar con pinzas los contenidos por esa misma razón, y en cuanto se pueda hay que contrastarlos con la Larousse, la Británica o cualquier otra enciclopedia que es de prestigio porque para contribuir a ella sí que se piden conocimiento contrastado y solvencia científica y cultural demostrada. Sí, la Wikipedia es accesible a todas horas, y es gratis, pero es un conocimiento perecedero y poco de fiar. Si buscamos lo que dice del PSOE, por ejemplo, veremos que no aparece por ningún lado que fue el partido con el que se inauguró en España la Cultura del Pelotazo. También asevera esta enciclopedia que España es una democracia, y en general toda la sarta de sandeces que se han convertido en lugares comunes de los que nadie duda y se tragan como verdaderos dogmas de fe. Antes la gente creía en Dios. Ahora cree en la Wikipedia, en Google y las Redes Sociales, que son la moderna trinidad. No está mal para gente que afirma ser atea, ¿verdad?

 

Y la mayor sandez que he oído últimamente es lo de “tu verdad” y “mi verdad”, y que vale tanto la una como la otra. O sea, que los filósofos, místicos y resto de pensadores han estado durante miles de años buscando la verdad sin estar seguros de haberla encontrado, y ahora llegan estos niñatos y dicen que cada uno tiene la suya y no pasa nada. O sea, que cada cual se hace su opinión en función de lo que le interesa o de la voz del amo que tenga, y pasa de la opinión de los demás. Y encima dice que es democrático y que hay que respetarles porque ellos respetan a los demás. Lo malo es que no lo hacen. Esa “postverdad” de quita y pon que se han inventado no es otra cosa que la mentira cargada de soberbia, arrogancia y petulancia. Les falta humildad para confesarse a sí mismos que no saben nada, como sí que hacía el viejo Sócrates, y también les falta la decencia de buscar la verdad en los caminos que puedan transitar.

 

Sí, creo que a las nuevas generaciones les falta humildad y respeto por los demás. Y dejar de mentirse a sí mismos. Quizá así algún día, cuando sean viejos, si tienen la suerte de llegar a serlo, puedan estar más cerca de la verdad, de la democracia, y de la vida. Y que cuando les llegue la muerte, puedan decir, al menos algunos de ellos, que vivieron, que sufrieron, que se apasionaron por algo más que por ellos mismos o sus dueños, y que lucharon por adquirir, quizá más tarde conservar, los derechos que creían que tenían por el mero hecho de haber nacido. Porque en caso contrario, no habrán vivido antes de morir.

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