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Redacción
Viernes, 29 de marzo de 2019
juan mariano pérez abad

La feudal-democracia

[Img #17559]El Humano es la suma de dos componentes que bien podrían compararse a los de un ordenador: Por un lado, el software de la mente racional en cuya nube transcurre nuestra vida interior; Por el otro, el hardware de nuestro soporte biológico, que consiste en un animal de rebaño, un mono grande que se comporta como un borrego o, más bien, como las cabras. Quizás es por eso que dentro de nuestra mente racional somos fieles defensores de la justicia, la ley y el orden, pero en la realidad material de nuestro rebaño social siempre terminamos dejándonos gobernar por el “ordeno y mando” del más cabrón.

 

Si todos quisiéramos actuar a la vez según pensamos, no habría forma de convivir en sociedad, así que nuestro instinto de animal gregario nos impulsa a obedecer sin rechistar al que manda y a obligar a todos los demás a que le obedezcan también. Las formas más primitivas de gobierno se basan en la obediencia ciega al poder absoluto de un señor feudal. Las revoluciones, a menudo sangrientas, han conquistado los derechos del individuo frente a los abusos del Poder y han permitido el progreso social.

 

En un primer paso, allá por los tiempos antiguos de Roma, se inventó “la Ley”, que servía para proteger los derechos del individuo frente al poderoso. En nuestros tiempos, a los países en los que se vive al amparo de una Ley se les conoce como “Estados de Derecho”. Siglos más tarde, la Revolución Francesa le dio un vuelco histórico al equilibrio social, poniendo el Poder al servicio del Pueblo. Se proclamaron los Derechos Humanos y se reafirmó el dominio de la Ley creando la figura de las Constituciones. Sobre el papel aquello estaba muy bien, se trataba de un intento de imponer la utopía racional sobre la cruda realidad de nuestra naturaleza animal. Más recientemente, el Sufragio Universal nos trajo hacia ese tipo de sociedad que consideramos avanzada, a la que llamamos “Democracia”, de la que estamos tan orgullosos. Pero, a pesar de lo mucho que han mejorado las cosas, la necesidad de convivir ha seguido haciendo necesario que haya uno que mande y que el resto le obedezcan.

 

Cuanto más avanzados queremos ser,más leyes ponemos. Cuantas más tenemos y más sofisticadas las hacemos, más difícil se hace conocerlas, más complicado interpretarlas y más se contradicen entre sí.Inevitablemente, llega el momento en que ya no es posible cumplirlas todas a la vez,las tergiversamos y les buscamos las trampas para poder esquivarlas. Eso provoca que se les pierda el respeto y que se haga imposible imponer o controlar su cumplimiento.

 

Si la Ley no funciona porque se nos hace demasiado complicado conocerla, respetarla y aplicarla, terminamos retrocediendo y rindiendo vasallaje al primer señor feudal que se nos planta encima.Y lo hacemos todos de una forma natural, instintiva,como sin darnos cuenta: Si lo dicen “los de arriba”, hay que obedecer sin rechistar y denunciar al rebelde, sin preguntarnos si es legal, si es correcto o si está bien o mal.Visto desde abajo, nos sometemos a vasallaje de nuestro jefe, y él con el suyo, y este con el que tiene encima, y así hasta lo más alto. Visto desde arriba, los individuos disidentes que protestan los abusos de alguno de los escalones de la cadena de mando, deben ser identificados, aislados, perseguidos y duramente castigados.

 

En la construcción de una sociedad, la Ley va antes que la Democracia, si socavamos la primera, la segunda se viene abajo. Demasiadas normas, demasiadas trampas, terminamos viviendo al margen de la Ley y nuestra Democracia termina convertida en una farsa, en una nueva era feudal vestida con disfraz de democracia.

 

Todos lo vivimos de una forma cotidiana y lo tenemos tan asumido que, a menudo, ni nos damos cuenta. Tengo que reconocer que lo más correcto sería buscar el ejemplo con el que ilustrarlo dentro de mi propio sector, porque es el que más conozco, en el que trabajo. Además, es uno de los que tiene mayor concentración de caciques y vasallos de nuestro País. Es el sector de la Sanidad. Pero no soy tan valiente como para volver a arriesgarme tan pronto a caer una vez más en la ruina, a que me vuelva a suceder lo mismo que a estos dos:

 

http://vegamediapress.com/not/17588/muertos-en-lista-de-espera-del-servicio-murciano-de-salud/

 

Tal vez sea mejor que busque en otro sector al que criticar, quizás la Justicia, pero también me da miedo por si la próxima vez que me juzguen no tengo tanta suerte y al final terminó en el trullo, como este otro señor:

 

http://vegamediapress.com/not/15155/carta-al-presidente-jueces-que-gozan-de-impunidad-y-prevarican-y-personas-inocentes-encarceladas-por-criticar-la-justicia/

 

También me da miedo hablar de la Policía, la Escuela y la Universidad, no vaya a ser…  Y no digamos de la Banca: Sin ir más lejos, el Director del Diario La Tribuna tuvo que irse de España una temporada porque le habían puesto precio a su cabeza, por haber hablado de más sobre la muerte de Emilio Botín, el del Santander

 

https://latribunadeespana.com/opinion/vozpopuli-confirma-las-extranas-circunstancias-de-la-muerte-de-emilio-botin/

 

¡Ya sé! Pondré un ejemplo sobre políticos. Este es un tema muy socorrido y en el que ya se ha dicho tanto que cualquier cosa que diga pasará desapercibida y se me va a perdonar. Pero lo único que se me viene a la mente es que, como vivimos en esto que llaman Democracia, cuando votamos los elegimos como representantes. Viendo al resto de sectores que componen nuestra Sociedad, lo que más miedo me da de nuestros políticos es que nos representan muy bien.

 

En realidad, hay que reconocer que hay países mucho peores que España en este sentido, algunos ejecutan y entierran a los disidentes en sus embajadas, otros los fusilan por miles en la Plaza Roja… aunque en esos países no vayan presumiendo de ser una Democracia respetuosa con los Derechos Fundamentales.

 

¿Y si me callara, como hacen los demás? Seguir la corriente negando las evidencias sobre los abusos hacia otros y tolerando los propios, por miedo a unas represalias que nos hagan empeorar aún más. Sumarme al “todos callamos y seguimos la corriente” y al“aquí no pasa nada”. El camino fácil es cerrar los ojos y dejarse llevar por la ilusión de que seguimos disfrutando de un Estado Democrático de Derecho y que gozamos de Justicia y Libertad. Y para callar la conciencia y disfrazarla cobardía con ropajes elegantes, podemos vestirnos con el uniforme de “POLÍTICAMENTE CORRECTO”, que nos permite sentirnos bien sin arriesgarnos a sufrir las represalias de los que abusan de su autoridad o el aislamiento y los chivatazos de compañeros traidores.

 

Aunque la tentación es fuerte, no puedo callarme porque, cuando lo intento, se me aparece una legión de espectros de combatientes de Revoluciones como la Francesa que, venciendo su miedo, entregaron su vida para que nosotros disfrutemos hoy de los Derechos Humanos, las Constituciones, la Democracia o el Sufragio Universal. Nosotros nacimos ciudadanos libres porque ellos prefirieron morir de pie a vivir de rodillas. Ese MIEDO que ofende su memoria es lo que terminará destruyendo su legado y nos llevará de vuelta a la Era Feudal.

 

Antes era más fácil, cuando el señor feudal abusaba de sus vasallos, el pueblo podía rebelarse para hacer cambiar las cosas. Hoy día, en nuestras falsas democracias, nos hacen creer que somos nosotros mismos los que ponemos o quitamos al señor feudal, pero sólo cambiamos de mayordomo. Vivimos inmersos en una FEUDAL-DEMOCRACIA en la que llevar la contraria es políticamente incorrecto. Al ciudadano oprimido de hoy día, atrapado en este laberinto de leyes y trampas, de servidumbres y vasallajes,ya solo le queda el pataleo y la indefensión. Como no despertemos a tiempo, estaremos bien jodidos.

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