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Juan Molina Illán es militante socialista.
Viernes, 5 de abril de 2019
Las cosicas de mi agrupación/Julián Illán

El Progresismo Moderado, cuerpo ideológico del Nuevo Psoe

[Img #17570]Para cambiar las cosas necesitamos que se involucren los que habitualmente no se involucran, porque los ya involucrados, no somos suficientes. El cómo hacerlo fue el objeto de la Charla-Coloquio que anoche tuvimos en mi agrupación, Murcia-Este. En este caso el “charlista” fui yo mismo, de manera que los disparates que puedan ser escritos en este artículo son exclusivamente atribuibles a mí. Mis compañeras y compañeros son inocentes.

 

Debemos preguntarnos una serie de cosas. Primero, ¿qué fue lo que ocurrió cuando el Psoe ganó las elecciones, de forma genuina y novedosa, en 1982 y en 2004? La respuesta es que, en ambos casos, supo ser Progresista. Supo entender y sintonizar con los deseos de cambio y avance que en esos momentos había en la sociedad. Felipe González representó el futuro tras un golpe de Estado que quería retrotraernos al pasado. También influyó el desprendimiento de viejos, trasnochados, y desnortados planteamientos marxistas frente a los modernos postulados socialdemócratas, integradores y mayoritarios. El desmoronamiento de la UCD hizo la victoria mucho más amplia, pero esta era algo seguro. En 2004, tras la nefasta, belicista, maniquea, y cainita gestión de Aznar, Rodríguez Zapatero supo dar un aire de libertades y de desarrollo individual y colectivo que nos situó, por primera vez en la Historia, en la vanguardia mundial. Fueron momentos de esplendor progresista.

 

Lo segundo que debemos plantearnos es qué evolución ha tenido el concepto “izquierdismo”, y si es hoy día un concepto que concite la suficiente adhesión como para obtener 176 escaños gracias a él. A lo largo del siglo XX hubo determinadas inquietudes sociales y políticas que se integraron en la ideología “izquierdista” como medio de comunicación, de expresión, de existencia y desarrollo. El Pacifismo, el Feminismo, el Ecologismo, etc, eran postulados muy minoritarios en un principio que encontraron en los partidos políticos de izquierda un caldo de cultivo donde crecer. Hoy día estos planteamientos se han convertido en movimientos independientes, los cuales constituyen “ideologías” en si mismos, esto es, una forma de ver el mundo propia y específica. Se han hecho mayores y ya no nos necesitan. De hecho, somos ahora los partidos “izquierdistas”, e incluso los no “izquierdistas” los que nos arrimamos a ellos en busca de notoriedad e impacto social. ¿Qué queda pues, del “izquierdismo”? Una vieja historia de símbolos y viejos sueños que solo convence a unos pocos. No es suficiente.

 

La tercera pregunta que debemos hacernos es si el sesgo ideológico “de izquierdas” aúna voluntades o las confronta. Para la supervivencia del ser humano, desde que éramos cazadores-recolectores, fue necesaria la convivencia de distintas estrategias que tenían predominancia en un momento u otro según se necesitaba; así, siempre ha habido personas violentas, tramposas, negociadoras, e incluso cobardes, cuyos genes no se han extinguido porque según la situación lo requiriese, ayudaron a que los grupos pudieran salir adelante. Pero las cantidades de ese número de personas de cada categoría era limitado, precisamente porque “tenía que haber de todo”. O lo que es lo mismo, en esta sociedad solo cabe un número determinado de socialistas, y con la actual representación parlamentaria, no somos suficientes para gobernar y transformar la sociedad en el sentido que nosotros creemos que debe ser transformada. No podemos pretender que se integre más gente en concepto específico en el que caben los que caben.

 

La solución, encontrar una propuesta ideológica más generalista, más transversal, con capacidad de integrar a más gente. La propuesta que yo defiendo, y que estoy escuchando últimamente en boca de nuestro presidente Sánchez, es ser Progresistas y Moderados. Progresismo no entendido como sinónimo de “izquierdismo”, sino como una apuesta por la búsqueda de soluciones justas, más acordes con los tiempos, para la solución de los problemas de esta sociedad. Soluciones en las que podemos estar de acuerdo un mayor número de personas, y de ahí el otro concepto, el de la Moderación. Entendida no como equidistancia entre dos extremos, no como templanza, no como falta de vigor o inconsistencia, sino como diálogo, integración, mano tendida, y aceptación de que no existe una única verdad. La única verdad que importa es la que nos define a todos, y a todas. O al menos a una mayoría suficiente. No sé si me he explicado.

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