Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Jesús de Las Heras.
Domingo, 7 de abril de 2019
jesús de las heras

Por qué votar es deshonesto

[Img #17580]RAZONES PARA NO VOTAR hay muchas, y las que se esgrimen para la supuesta obligación de hacerlo son todas mentira. A quienes les interesa que lo hagamos es a los partidos políticos, que según la Constitución Español «son instrumento fundamental para la participación política» (artículo 6). Dicha constitución, interesadamente sacralizada por la casta política sin excepción, no permite el acceso de ningún ciudadano a la política si no es a través de uno de ellos. O sea, que la soberanía no la detenta la nación, sino la casta política, que se representa a sí misma y la ideología de su partido correspondiente, aunque en alguno de ellos, como el PP, sea bastante difusa.


 

Dejando aparte el importante detalle de que no existe en España separación de poderes, y por lo tanto esto no es una democracia (Artículo 99.3: «Si el Congreso de los Diputados, por el voto de la mayoría absoluta de sus miembros, otorgare su confianza a dicho candidato, el Rey le nombrará Presidente»), es evidente que la Constitución Española nunca se hizo por unas Cortes Constituyentes. No digo que esto tenga que ser una república, aunque sea mi deseo, no digo que esto tenga que ser una monarquía parlamentaria o absolutista, me guste o no me guste, pero sí digo que lo que quiera que sea el Estado Español tiene que ser lo que la Nación Española desee, y eso pasa por elegir unas Cortes Constituyentes cuyo único encargo será confeccionar, discutir y someter a nuestro Referéndum Nacional Vinculante una Constitución, esta vez legítima además de legal, en caso de aprobarse por una mayoría cualificada del pueblo español. Todo lo demás es ilegítimo por mucho que los partidos en el poder lo publiquen en el Boletín Oficial del Estado. Porque la nación no es parte del Estado, sino que el Estado emana de la nación, y la propia constitución no es nada sin la nación de la que emana. No queremos libertades, no queremos un régimen político determinado que se nos otorgue, como el que precisa la Constitución de 1978. Lo que necesita la Nación Española es una Carga Magna que sea imposible de incumplir porque tendrá mecanismos automáticos que hagan imposible la vergüenza que rige ahora en Cataluña, así como todo mecanismo que genere desigualdad o insolidaridad entre los españoles.


 

Podrán ustedes decirme que exagero, pero lo que no podrán decirme es quién es el diputado que les representa a ustedes. A qué diputado le pueden ustedes exigir cuentas de su buena o mala acción. No, señores, democracia no es darle o negarle el voto a un partido determinado cada cuatro años. Eso ya lo hacía el régimen del General Franco, si bien entonces había un solo partido. Entonces, como ahora, el pueblo no podía elegir a sus diputados, sino votarlos, y no es lo mismo. Ahora uno tiene que elegir una de las listas que los partidos políticos nos presentan. Y lo malo de esas listas es que vienen viciadas de origen, pues están contaminadas por la ideología respectiva, a la que los diputados han de ser fieles, si quieren seguir estando en ellas. Porque los partidos pueden expulsar de su seno a los diputados díscolos (a los que insultan con el nombre de tránsfugas, como si se hubieran evadido de alguna prisión) que osen ser leales a sus votantes en lugar de a los partidos en cuyas listas accedieron al escaño de diputado. A menudo se arguye que los partidos políticos gastan un dinero en campañas de publicidad política en beneficio de los diputados, y por lo tanto estos les deben lealtad. Eso es mentira: tras las elecciones, cada partido recibe un dinero de nuestros impuestos según los resultados obtenidos. Eso es un abuso y ahí está la trampa: los partidos no pagan nada, sólo adelantan el dinero. O lo adelantarían si no fuera porque hay más gente que les da dinero. Gente que luego se lo cobra en especie. Sólo así se pueden entender las puertas giratorias a las que PODEMOS aludía en el pasado.


 

PODEMOS, por cierto, nos prometió cambiar el sistema desde dentro. Ignoro si CIUDADANOS prometía lo mismo, y si lo hizo, fue con sordina, pero con la actitud de ambos partidos se demuestra que el sistema no se puede cambiar desde dentro. Tenemos un régimen político emanado directamente del Franquismo, en connivencia con los hasta entonces partidos clandestinos, a los que tampoco había elegido la Nación Española para subscribir acuerdos con el Franquismo, y juntos crearon una continuación de este con el nombre pomposo de Democracia Española por medio de lo que llamaron Transición. Otros políticos pidieron en su día una Ruptura con el Franquismo, pero fueron silenciados, ignorados y olvidados. Algún periodista infame los calificaba hace poco de «tontos útiles», pero ese calificativo se puede aplicar sólo a los que van a votar cada cuatro años, pensando sinceramente que en eso consiste la democracia. Pero a ningún pueblo le regalaron nunca la democracia. A los franceses les costó cientos de miles de muertos, a los americanos les costó mucha sangre también…, ¿y creen ustedes que a nosotros nos la regalaron porque somos más guapos?


 

La democracia, si viene alguna vez a España, nos la tendremos que haber ganado nosotros, tenemos que traerla, porque ni está ni se la espera. Tenemos que forzar la convocatoria de Cortes Constituyentes. Eso lo hicieron los franceses en 1789, y los yanquis en 1776. Y en España fue lo que algunos creían que estaban haciendo en 1931. Pero aquello no fue un movimiento del pueblo español. No se incluyó a la Nación Española, sino sólo a una parte de ella, porque tomó la iniciativa una facción de iluminados que se creyeron que sólo ellos eran el pueblo, y que la gente que pensaba diferente no tenía derecho a la vida, a la propiedad, a su cultura, a sus creencias. Fue una revolución sesgada, miope, cruel. Y a aquello lo llamaron república, otra palabra emputecida por el vulgo, porque república significa «la cosa de todos», y fue una facción muy pequeña la que se apoderó de ella. Como decía el tristemente famoso Manuel Azaña, «la república es de todos, pero sólo los republicanos pueden gobernarla». O sea, que se erigieron en dictadores, y así les salió. Se creyeron dueños de la nación. Luego los generales se levantaron, y Franco fue el nuevo dueño. Y en los años 70 fueron los partidos políticos, franquistas y no franquistas, los que heredaron el país dejando a la nación fuera. Porque la Nación Española somos todos los que hemos nacido en España, por propia definición, y quien se apodera del Estado y del país sin que la nación les ceda la soberanía por medios democráticos comete un latrocinio, y por lo tanto debe devolver lo que no es suyo. Lo malo es que los que han disfrutado de lo que no es suyo, se creen que sí lo es, y no les nace devolverlo a sus legítimos dueños, la Nación Española. Hay que convencerles de que devolverlo es un mal menor.


 

¿Y eso cómo se hace? Bueno, está el método de los franceses y de los yanquis, pero como decía un célebre pensador español fallecido recientemente, los españoles valientes capaces de empuñar las armas murieron todos en la Guerra Civil. Además, los españolitos de hoy vivimos cómodamente arrellanados en nuestras viviendas propias, nuestras casas de la playa, a las que vamos cómodamente sentados en nuestros automóviles. Sí, tenemos mucho que perder en acciones violentas o armadas. Además, nos desactivó el Viejo Dictador al convertirnos en clase media burguesa. Esa que los pseudodemócratas que nos gobiernan están empobreciendo de modo irresponsable e imprudente para sus propios intereses. La verdad es que en el fondo me dan pena: se casan con el diablo para ostentar un poder, el poder de hacer luego lo que el diablo quiere. Pero vamos a donde vamos…: ¿hay otra forma que no sea la violenta para sacar a estos individuos del poder?


 

Hay una vieja tan vieja como la democracia real. Una que ya se hizo cuando el franquismo, sólo que a Franco le daba igual porque él nunca presumió de demócrata, y sí de no ser político. Pero estos gobernantes de ahora tienen conciencia democrática, aunque no sepan lo que es la democracia (y si lo saben, la cosa es bastante más preocupante, claro), y al menos de boquilla dicen servir al pueblo. En realidad lo que ansían es una buena poltrona que les garantice una jubilación de oro, aunque mientras tengan que hacer cosas que no les guste ni a su conciencia ni a la ideología que dicen defender, porque en el fondo lo que buscan es su bien personal. Si no fuera así, el Plan Hidrológico Nacional se habría terminado de realizar, y no estaría en el estado en que lo dejó Franco. Esta forma no violenta de desalojar a estos tíos del poder se llama abstencionismo activo. Si todos fuéramos abstencionarios, se les caería el régimen de bruces y tendrían que devolvernos el poder a nosotros, el pueblo español. Abstencionista es el que no vota por cualesquiera razones (irse a la playa, quedarse en casa durmiendo o viendo una película, hacer un corte de mangas al gobierno, etc). Abstencionario, por el contrario, es el que no vota y promueve que los demás no voten tampoco. O al menos lo recomienda. Pero no se esconde: va a su colegio electoral y le rompe el voto en las narices a los de la mesa electoral. Y les explica por qué se niega a votar. Entonces el secretario ha de levantar acta de que el mengano en cuestión no vota y por qué. Si eso lo hacemos cuatro gatos, el sistema se ríe. Si eso lo hacemos millones de españoles, el sistema se cae.


 

¿Se imaginan ustedes esa situación? Es una revolución incruenta. Lo único que muere es el Franquismo, que ya va siendo hora. Le demostraríamos al Viejo Dictador, si es que nos puede ver desde algún sitio, que no lo dejó todo tan atado y bien atado. Ahora que los del postureo están hablando de sacarlo del Valle de los Caídos, y con eso demuestran que no está caído ni lo va a estar, mientras le estén dando tanta coba en uno u otro sentido («lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien…, porque si hablan mal, te hacen mucho más famoso», que decía Marlene Dietrich), conviene dejarlo donde está, calladito y sin que hable nadie de él, y dinamitar su régimen de una puñetera vez. No sólo suyo, claro, también es el de las fuerzas muertas entonces, los partidos clandestinos durante el franquismo, y las fuerzas vivas, el servicio secreto americano, que tras haber impuesto el sistema de partidos en toda Europa tras la Guerra Mundial para controlarla mejor (supongo que con buena intención, de esa que está tan lleno el infierno, dicen), por fin amañó el fleco que les quedaba suelto, España. Pero el pueblo español ha sido siempre independiente, o al menos esa es nuestra tradición. Expulsamos a los musulmanes e inmediatamente construimos un imperio donde no se ponía el sol, expulsamos a los franceses, aunque aquello nos costó perder dicho imperio, y también derrotamos al Zar Rojo, que fue el gran perdedor de la Guerra Civil Española. Hora ya es que derrotemos a los yanquis y a sus lacayos europeos. Quizá no recuperemos el Imperio Español, pero al menos recuperaremos la vergüenza y la dignidad nacional. Y eso lo puedes conseguir tú, españolito que me lees, de una forma buena, bonita y barata: no votes. A pesar de la presión pseudodemocrática de esos partidos que dicen que son honestos y se preocupan por ti. Es mentira, y por eso no son honestos. Y por eso no es honesto votar a ninguno de ellos.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
1 Comentario
Fecha: Lunes, 22 de abril de 2019 a las 16:12
Antonio
Excelente, muchas gracias por este magistral artículo.

VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress