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Jesús de Las Heras.
Viernes, 12 de abril de 2019
jesús de las heras

De bandera ajena

[Img #17585]La diferencia entre un trabajo y un servicio es que el primero se hace por dinero y el segundo por altruismo, por querer hacer algo por los demás o por alguien, por otro (alter). Viene a mi mente un ejemplo muy gráfico y personal: yo hice el SERVICIO militar, obligado ciertamente; pero aprender a defender mi país, si hiciera falta, es lo menos que se puede hacer por los que le han dado a uno la lengua, la sociedad en que vive, la cultura y la historia, entre otras cosas buenas de las que disfrutamos, aunque la gente de ahora se sienta con derecho a disfrutar de todo eso sin haber hecho ningún merecimiento, ni tener la intención de hacerlo. Oros pueden hacer eso mismo por dinero, claro. Se les llama mercenarios. Ellos también defienden tu país, pero lo hacen porque les pagas, quieras o no, con tus impuestos. Recuerdo que en el servicio militar me daban de comer tres veces al día (muy bien, por cierto) y dormía en un catre gratuito en una habitación en que había otras doscientas personas. También me pagaban algo menos de dos euros al mes, unas trescientas pesetas. Era un sueldo testimonial incluso para aquella época, la España de 1975.


 

Hoy en día hay unos señores que dicen servir a la sociedad, que se preocupan por nuestro porvenir y por nuestro presente, por nuestro bien, y a tal fin elaboran las leyes que garanticen nuestro bienestar y convivencia. Pero no cobran €1’8 al mes, ni su salario es testimonial, ni siquiera para los estándares de ahora, ni tampoco es el salario mínimo interprofesional, que es el tope que se podría considerar testimonial, en el peor de los casos. Ellos cobran bastante más. Ellos son mercenarios. Están contratados por un sueldo que ellos mismos se ponen, pero cuando la ley entra en conflicto de intereses entre lo que les conviene a ellos o a sus partidos y lo que nos conviene al resto de la sociedad, adaptan la ley a intereses que no son los nuestros, los del pueblo. Por eso están aforados. Para llegar a su escaño de diputado o senador se han tenido que afiliar a un partido político. Cada uno de ellos se define por una ideología determinada, que condiciona su actividad política y a la hora de elaborar las leyes condiciona el bien común a esas ideologías. Luego los diputados votan por ideología y bajo las órdenes del líder del partido correspondiente, que les sanciona si no le obedecen, aunque eso esté prohibido por a Constitución actualmente vigente en España (artículo 67-2: «Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo»). Pero no pasa nada, porque aunque no tengan la autoridad (moral), tienen la fuerza (de la ley, pues no en vano la hacen ellos): he ahí el núcleo del divorcio entre la ley y la justicia en España: LA LEY NO EMANA DEL PUEBLO, sino de los partidos, y esa es la base de la corrupción política, que genera todas las demás clases de corrupción, y además la causa primera de la falta de democracia en España.


 

Pero nosotros no necesitamos un cuerpo de mercenarios que se dediquen a hacer leyes para imponernos sus ideologías, que ni queremos ni necesitamos. No necesitamos nuevos mandamientos, sino que se mejoren nuestras condiciones de vida. Y eso no se consigue con llenarnos el país de impuestos ilegítimos ni criminalizando a la mitad de España por ser varona. A eso ha conducido la permisividad de dejar imponernos la idea de que la ideología es buena o que sirve para algo. Según la historia reciente de España, hasta ahora ha servido para que algunos individuos se alcen a puestos en los que cobran sueldos de escándalo por nulos servicios a la patria, pero que en cambio han procurado blindar su permanencia en el poder. El poder de no hacer nada de lo que prometieron para llegar al poder.


 

No, no nos representan, y no es porque lo diga sólo yo: lo dice la propia Constitución de 1978, que no nos deja elegir a nuestros representantes, sino solamente votarlos. Porque a quien representan es a sus partidos políticos, que son los que eligen a cada uno de los diputados para que luego el pueblo llano los vote. También dice la Constitución que el Congreso de Diputados elige al Gobierno por votación mayoritaria (artículo 99, apartados 1y 3). O sea que según la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano de 1789, en España no existe democracia, porque para que la haya ha de haber representatividad (que no la hay) y separación de poderes (que tampoco hay). Por eso en España NO HAY DEMOCRACIA porque LA LEY LO DICE. Una ley que, a pesar de todo sus principales beneficiarios, los partidos políticos, incumplen repetidamente, como si ellos estuvieran por encima de la ley. Quizá sea verdad.


 

Pero por eso yo no voto. Es el único poder que nos queda a los ciudadanos: si quieren que votemos la no ley, no la votamos, en la esperanza de que eso algún día pueda traer la democracia de una vez. El día en que haya servidores públicos en lugar de mercenarios, si consiguen traernos la democracia de verdad y no este paripé, y si alguien se gana mi voto, sólo entonces iré a votar. Mientras tanto, ustedes avisados quedan de la tomadura de pelo que se nos avecina el día 28.

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