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Juan Sánchez.
Domingo, 14 de abril de 2019
juan sánchez

Cartagena: ¡El tigre que viene!

[Img #17603]Es ya una  dolorosa constante en la vida del Cartagenero de a pié. Cada verano, y recordemos que el estío no conoce ya de estacionalidad y los calores vienen y van cual caprichoso tobogán sin fecha definida, es una peligrosa constante la picadura de ese bicho con exceso de mala uva y nombre tan exótico como temible: EL MOSQUITO TIGRE. Que por razón más que evidente se ha hecho merecedor de tal apodo, y aquellos a quienes enfila, que somos la inmensa mayoría de ciudadanos levantinos, en cuanto brilla una chispuja el Lorenzo se abalanzan contra nosotros cual terribles hordas de ‘cabrones’ con rayas negras y amarillas, dejando su impronta en nuestras carnes doloridas e infectadas por una picadura que se reactivará una y otra vez en tanto nuestra sangre siga circulando por las venas.

 

El ayuntamiento de Cartagena ha establecido una plan de lucha y prevención contra ese ‘predator’ volador, que suele poner en marcha justo al inicio del verano, pero el Tigre no sabe de calendario ni santoral, y en cuanto calienta el sol aquí, lejos de la playa, justo en el centro de Cartagena, concretamente en el barrio de San Antón y los Cuatro Santos, los bonicos criaderos, larvarios latentes de la prole dormida del cabrito del Tigre, (Veánse las fotos adjuntas), los vecinos más olvidados de Cartagena, han de sufrir las caricias más cariñosas y voraces del vampiro volador que iverna en los charcos  siempre presentes en la calle Santader de dicho barrio. Es una constante en sus vidas, ya casi dan por algo ‘normal’ el olvido de esta zona por parte de las cuadrillas muncipales. Ahora, y en la hora de pagar los impuestos, nunca les rebajaron las tasas del dolor ocasionado por ese vecino infecto llamado Tigre. Eso sí, los panfletos electorales ya están llamando a las puertas, y dicen los convecinos que esta vez les va a votar el Tigre y su santa madre.

 

Ironías a un lado, la realidad es que ya se han dado demasiados casos de peligrosas picaduras de ese malasombra con alas, incluso el pasado verano hubieron de ser atendidas de urgencia varias personas del entorno, tratadas con todo lo habido y por haber en los servicios hospitalarios: corticoides, antihistamínicos, incluso antibióticos, más no por ello dejaron de padecer y padecen las consecuencias de esta negligencia-olvido municipal. Han puesto en conocimiento administrativo, en diversas ocasiones, la insalubridad del recinto mencionado, que por su parte y bolsillo intentan paliar en la medida de sus posibilidades, por el riesgo que entrañan las acometidas del Tigre contra los más débiles, niños y ancianos, pero todo trámite resultó infructuoso.

 

TÚ LO QUE QUIERES… QUE ME COMA EL TIGRE!! -Decía la Lola de España, sin faltarle razón-

 

Tal vez, y solo tal vez, el ayuntamiento de Cartagena debiera o debiese tomar cartas en el asunto y solucionar definitivamente el tema en cuestión. Igual desecando las eternas balsas callejerasy controlando exhaustivamente la proliferación del Bicho, igual seríamos todos casi iguales, porque lo de asfaltar ese tramo de la Calle Santader, –ahora en condiciones tercermundistas–, al igual que el resto de calles de Cartagena, ni lo contempla el consistorio municipal (Manda cojones!, calles de barro en pleno casco urbano de una ciudad que se dice ultra moderna y europea, manda güevos cavernícolas, y tal). Igual resulta que son ciudadanos de tercera circunscripción y sus perras-impuestos no valen lo mismo que las del resto de cartageneros, o por no patalear y hacer el suficiente ruido no son merecedores de la insigne atención de esos políticos interesados en resolver prioritariamente sus bolsillos, que solo visitan este barrio del olvido cada cuatro años en busca del voto perdido, y haciendo promesas vacías que olvidan justo tras la noche electoral; como tan acertadamente manifiesta Iñaki Gabilondo a próposito de la “España Vaciada”.

 

Si ‘ansina’ fuese lo contrario, y se resolviera y resolviese el asunto de la guarida del “TIGRE CARTAGENERO”, este verano en ciernes los vecinos afectados podrían llevar una vida civilizada y sin temor a ser vampirizados por ese Drácula rayado, ese yonqui rastrero y oportunista enganchado en la sangre humana, y perruna, y gatuna. Que para chupar la vida y jugar con la salud de nuestros seres queridos, ya están esos políticos igualmente rastreros y oportunistas del ordeño y mando. ¿Verdad?

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