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José Juan Cano Vera.
Viernes, 19 de abril de 2019
josé juan cano vera

Manolo Alcántara vive

[Img #17638]No ha tirado la toalla en el ring de la vida, ni se ha ido abandonando a sus lectores, cientos de miles. Aunque no creía en la inmortalidad, el maestro del periodismo español, será inmortal. Ha muerto físicamente MANOLO ALCÁNTARA, mi paisano malagueño, que cuando yo deambulaba por las redacciones me ofrecía la mano, cariñosamente y me acariciaba la cabeza. Cuando llegué a la dirección del diario LA VOZ DE CASTILLA, Burgos, me dio el pésame con esa ironía andaluza que no castiga, sino perfuma de inteligencia: “Lo siento José Juan, lo siento de verdad. Pero resiste como una roca en la CABEZA DE CASTILLA. Y no esperes un consejo. Aprenderás pronto Y serás un toro viejo”.

 

Era el amo en aquel gran castillo del Periodismo levantado al final de la autopista de la Avenida del Generalísimo 142, en los ‘madriles’ de los años sesenta cuando lo conocí, ya con el pelo blanco y las maneras del periodista que no duerme y se toma unas copas al cierre. Me recuerda a otros  dos grandes de la profesión. El elefante Raúl del Pozo, mi colega izquierdoso, cargado de humanidad y sabiduría bañada en esa cultura de aquella generación que  pastoreaba a la nueva ola con Emilio Romero, el pastor con perros para no ser atacado por las espaldas. Y al enorme Pedro Rodríguez, la Pluma de la Prensa del Movimiento, como nuestro Jaime Campmany que terminó escribiendo en  ABC,  el Tercer Hombre del periodismo europeo.

 

Todos, todos ellos en unos periódicos de papel de una cadena del Estado que como otros muchos tuvimos que elegir sin remedio fichar por la Prensa Católica del Obispado o la del Movimiento, sin sometimientos, ni rezos, ni penitencias, ni  Montañas Nevadas. Perdonen los compañeros que escriben artículos de fondo, pero no hay comparación a estas alturas. AQUELLA FUÉ UNA ÉLITE incorrupta, sacrificada  y socialmente avanzada que hoy pasarían por la izquierda  al mortecino PSOE del sanchismo. Y además eran poetas, lo que significa calor humano. Una diferencia, gracias a dios no se sometieron a la tecnología, escribían a mano y no entrevistaban con teléfonos ni grabadoras frias sin alma.

 

Manolo Alcántara, escribe acertadamente Manuel Vicent: “se trata de un maestro, de uno de los grandes columnistas españoles, imbatibles, admirado más allá de cualquier bandería. Le gustaba el boxeo y aplicó su técnica al artículo. Cada columna  era un combate distinto. Tenía demasiado estilo y sabía que con los guantes de boxeo no se puede tocar el piano…”

 

Un mal día el de este jueves santo cuando he caído en la cuenta que en la Última página del diario decano de la Región había como un rastro de amargura. Lo supe cuando hace semanas, una mañana negra, no vi su firma que daba luz, como aquel otro día en que se despidió Pedro Soler, así de repente, sin despedirse desde su banco, consciente yo, de que me iba quedando solo. La soledad cuando se van y sumas años, resistiendo para terminar cayendo con las botas puestas o el ordenata encendido, en libertad, esa libertad de expresión que amenaza el incendio de la política en una democracia convertida en un espectáculo teatral o en una pista de circo. Un ring diría el sabio Manolo Alcántara,  que escribía crónicas magistrales de boxeo, cuando era una primera pluma del arte del periodismo sin apellidos alquilados.

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