[Img #17813]La democracia es muy grande, pero a veces peca de ingenua. Si un partido está al límite de la ley (a veces parece cruzar esa línea), no se puede prohibir, pero tampoco es de recibo que se le facilite altavoz para sus ideas ultras.

 

El pasado domingo, asistimos a un debate en televisión, en El Objetivo, de La Sexta, moderado por Ana Pastor, de los candidatos a las elecciones europeas en el que participó, por Vox, Jorge Buxadé Villalba, un personaje que fue candidato de Falange Española de las JONS en las elecciones europeas de 1995 y de Falange Auténtica en las elecciones generales de 1996. Si no participaron en ese debate todos los partidos políticos que se presentan a las elecciones europeas, ni siquiera algunos que tienen diputados en Bruselas, ¿por qué se le da voz a un partido que no tiene representación en el Parlamento europeo, cuando su número 1 es un ultra, admirador de José Antonio Primo de Rivera?

 

El partido de Santiago Abascal ha vetado a un medio como El País, nada menos, por publicar la verdad: que Buxadé es un ¿ex? falangista. Desde la acera del periodismo se responde dando voz al partido ultra en un debate selectivo. Nos estamos pasando de buenos, por ser suaves.

 

Bien haríamos en mirarnos en el espejo del PSOE, que ha dejado meridianamente claro su veto a Vox en la Mesa del Congreso. El número de ultras en España es, de momento, bastante bajo. Esto ha quedado demostrado en las últimas elecciones generales, en las que Vox apenas superó el 10 % de los votos y en las que el giro hacia la ultraderecha en los discursos de PP y Ciudadanos les llevó al fracaso.

 

Pero si se sigue haciendo publicidad del mensaje de los ultraderechistas de forma acrítica, las probabilidades de su crecimiento se multiplican. Así es que, el pasado fin de semana, tuvimos que asistir a un espectáculo lamentable en el Nuevo Estadio Los Cármenes, en Granada, donde se disputó la final de la Copa de la Reina de fútbol femenino, entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad. Los ultras del Frente Atlético realizaron el saludo nazi, mientras sonaba el himno de España: pasado y futuro enfrentados. Tenemos que elegir. O, la mirada hacia delante de un estadio repleto para ver deporte femenino, o la imagen de los fascistas campando a sus anchas como antaño.

 

Enric Sopena es Presidente Ad Meritum y fundador de ElPlural.com