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Jesús Pons.
Viernes, 17 de mayo de 2019
Jesús Pons

Carta muy abierta a Don José Juan Cano Vera

[Img #17824]Querido amigo del alma:

 

Sabes que no hace falta que ponga aquí tu nombre y apellidos. No es necesario, pues estoy convencido de que al leerlo sin ninguna duda sabrías que eres tú. Sabes que para mi eres ese amigo que apareció en mi existencia hace ya muchos años y que espero que me acompañe en esta vida y en otras muchas que espero tener la suerte de vivir.

 

Posiblemente nuestra amistad sea tan sólida debido a que aunque tenemos diferencias en muchos temas, el fondo de armario de nuestros valores y creencias son muy similares. Y es ahí donde realmente la amistad se hace inquebrantable.

 

Hemos discutido alguna vez, quizás más de las que nos hubiese gustado a las dos, pero ambos supimos valorar que lo que tenemos en común está por encima de cabezonerías y discusiones.

 

Se que no eres perfecto. Yo menos. Sí, alguien tenía que decírtelo, aunque creo que ya lo sabes, pues ninguno lo somos. Pero la balanza de tus dones y tus miserias está claramente descompensada en contra de tu lado oscuro. Lucha por favor por que siga así durante toda tu vida, es parte de lo que te hace diferente. Si se empieza a igualar la balanza, tranquilo que me pondré un disfraz de Pepito Grillo para recordártelo.

 

Nos hemos divertido juntos y nos hemos reído mucho, hemos construido sueños y aventuras, pero también hemos llorado y sufrido juntos… hemos compartido esos sentimientos que tenemos muy escondidos en el sótano de nuestro corazón. Esos que no querríamos nunca que salgan a la luz. Y no lo harán pues son algo más que secretos, forman parte de nuestra profunda amistad, de nuestra esencia. De nuestra lucha durante tantos años.

 

Te quiero pedir perdón si alguna vez no estuve a la altura de las circunstancias con mis actos o comentarios poniendo en peligro esta bella amistad que nos une. Me arrepiento de todos los errores que he cometido y que hayan podido minar nuestra sólida amistad, sabes que fueron totalmente inconscientes. ¿Verdad?

 

Por eso quiero darte las gracias por todo lo que me has dado en este tiempo; tu compañía, tu apoyo desinteresado, tu comprensión y sobre todo la tranquilidad que me infundes sabiendo que siempre estarás ahí.

 

Tienes un corazón gigantesco y sabes que te mereces lo mejor, porque eres de los seres humanos más sinceros, bondadosos y trasparentes que conozco. Tu sinceridad, tu forma de ser, hace que sea imposible no sentir un gran cariño por ti. Eres un amigo indispensable.

 

Contigo no necesito realizarte 100 preguntas para conocerte mejor, están ya todas contestadas de antemano, aunque nunca las hayas respondido. Nos conocemos perfectamente.

 

He tenido siempre tu amistad a mi lado, me demostraste ser mi amigo en los momentos fáciles y divertidos pero también en los que me hundí en el fango, transité por las cloacas de mis sentimientos y tu bajaste al lodo de mis miserias más profundas sabiendo sacarme de allí. Gracias amigo. Te estaré agradecido por los siglos de los siglos.

 

Espero no volver a caer pero si llego a hacerlo sé que estarás ahí para ayudarme a levantar. Y si te ocurriese a ti allí estaré, no lo dudes.

 

No sabes la tranquilidad que da el saber que tienes a alguien con el que puedas contar absolutamente para todo. Muchas gracias por estar ahí y por ser como eres.

 

Sabes que tienes para siempre un espacio en mi corazón, pues formas parte de mi vida y de mi historia personal y eso estará siempre por encima de circunstancias y los posibles giros que de nuestra existencia.

 

Hemos compartido tantas cosas juntos: sentimientos, decisiones, emociones… hemos mezclado nuestras vidas. Gracias por llenar mi mente y mi corazón de recuerdos imborrables que son para toda la vida.  

 

Gracias por ayudarme a focalizar mi vida en lo importante, por llenar mi alma de paz interior.

 

La vida está compuesta de pequeños instantes que a veces trascienden al momento y tu has participado en alguno de mis instantes más profundos. ¡Hemos vivido tantas cosas juntos! algunas malas pero muchas otras maravillosas que han hecho que nos conozcamos perfectamente, que seamos como somos. Qué seamos amigos por siempre.

 

Aunque somos muy diferentes, creo que compartimos genes emocionales, lo que a veces me hace creer que la la leyenda del hilo rojo del destino existe. Gracias de corazón por estar a mi lado, amigo mío. En mis crisis existenciales y en mis mejores momentos.

 

Sabes que a tu lado estaré ahora y siempre. Y si Dios quiere, eternamente.

 

Gracias por todo.

De un periodista de provincias al maestro del periodismo José Juan Cano Vera

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