Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Jesús de Las Heras.
Sábado, 18 de mayo de 2019
La cortesía, por lo visto, tiene precio en Murcia

Taxistas de Murcia

[Img #17827]Hace unos meses asistimos a una serie de problemas violentos por parte de los taxistas en algunas capitales españolas por parte de los taxistas contra los conductores de UBER y Cabify, aunque es justo reconocer que eso no ocurrió en Murcia. No obstante, da la impresión de que nuestros taxistas tampoco defienden su puesto de trabajo correcta y eficazmente.

 

Hace unas semanas un amigo venía del extranjero cargado de maletas, y aunque su destino final estaba apenas unas cuantas calles más allá de la estación de autobuses, tuvo que tomar un taxi porque le faltaban manos y fuerzas para controlarlas todas. El taxista, muy amable, le hizo ver que adonde iban estaba a un paseo, pero mi amigo le expuso sus razones, y en cuestión de minutos alcanzaron su destino. El taxímetro marcaba €3.65, pero el conductor pulsó un botón en el taxímetro y este saltó a €4.99, por lo que el chófer le comunicó al pasajero que eran cinco.

 

Pero no es esa mala praxis lo que critico: cuando ya mi amigo estaba a punto de entrar en casa, comprobó que no tenía las llaves encima. Dejó las maletas a un vecino, y se encaminó rápido a la estación de autobuses por si el taxi había vuelto a su parada. No era así, pero unos taxistas muy amables le dieron el número del taxi que lo había llevado y el del teléfono de Radiotaxi que lo podría localizar, como así fue. Pero le anunció la telefonista al cliente que le tendría que pagar la nueva carrera, si encontraba las llaves. Mi amigo no hizo mucho caso al principio, porque el problema no eran otros cinco euros, sino las llaves de su casa.

 

Estas habían caído a una guantera de la puerta trasera, cuya existencia ignoraba mi amigo, aunque no así el taxista. Muy reconocido, mi amigo le agradeció al taxista las molestias, pero él le dijo que de gracias nada, que le tenía que dar otros cinco euros «por lo menos». La cortesía, por lo visto, tiene precio en Murcia. Al discutirle, el taxista encima se puso algo histérico y digno, ante lo cual mi amigo optó por darle los cinco euros y olvidarse del taxi. De ese y de los demás taxis de Murcia...

 

Al día siguiente tuvo precisión de desplazarse al otro extremo de la ciudad pero utilizó esa vez los servicios de Cabify, y le sorprendió que le saliera este viaje más barato que el del día anterior. Preguntado el chófer por el protocolo que sigue la empresa en estos casos de olvido de algo en el coche, le sorprendió saber que se lo habrían traído gratuitamente...

 

Entonces recordó que durante su estancia en Lima, los taxistas de allí se habían organizado mejor, y tenían su propia aplicación, Easy Taxi, que al igual que la de Cabify, le daba por adelantado el precio y tiempo de viaje, en lugar del desagradable «Lo que marque el taxímetro» que solemos oír en tono ligeramente ofendido cuando pedimos un presupuesto de viaje urbano. Sólo que, en la capital de Perú, el taxi cobra menos que Cabify por razones que yo no acierto a comprender, y por lo visto los taxistas españoles tampoco.

 

Evidentemente, los taxistas tienen muchos gastos, licencias, mantenimiento del coche, y demás. Pero es cierto que muchos que no se pueden permitir ir en taxi, sí pueden hacerlo en Cabify, al menos cuando es estrictamente necesario. Estas compañías modernas del transporte mueven mucho dinero, y quizá por eso las administraciones son renuentes a prohibirlas.

 

Estamos en una nueva sociedad, más avanzada, donde tantas cosas están cambiando. Hace apenas unos años los ordenadores eran cosa de los entendidos, y su uso estaba fuera de la comprensión del vulgo; pero ahora todos tenemos teléfonos inteligentes que son mucho más sofisticados y útiles que aquellas cajas con pantalla y teclado que veíamos con asombro en casa de algunos amigos. Ya hay trenes y aviones que funcionan sin nadie que los gobierne, y no por ello la seguridad o la eficacia ha disminuido. Estamos en un nuevo mundo al que se tienen que incorporar los colectivos tradicionales si no quieren perecer. Hay muchas profesiones que se tendrán que actualizar, y otras que, aunque lo hagan, desaparecerán igualmente. Yo recuerdo ir al banco hace unas pocas décadas y ver más de veinte empleados atendiendo al público. Ahora veo a sólo uno, y dos o tres más para labores de información. Pronto, me temo, no quedará ninguno, como he visto en algunas ciudades de América, en oficinas en que hay sólo máquinas.

 

Lo único que no puede hacer una máquina es tratarte con simpatía, con generosidad, con profesionalidad. Pero tampoco con grosería, ni va a discutir contigo nunca por el precio de la carrera. Es previsible que cuando solicites el taxi por teléfono te den el precio y el tiempo de espera y del trayecto, y te cobren directamente de tu cuenta bancaria. Esa es la lección que tienen que aprender los taxistas de Murcia y de todas partes. Adaptarse o morir.

 

Mientras tanto, que usted lo pasee bien.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress