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Juan Ramón Calero
Miércoles, 22 de mayo de 2019
Juan Ramón Calero

El futuro de la Región

[Img #17839]Desde una perspectiva histórica, no hay motivos para el pesimismo. Como ha ocurrido en el resto de España, a la región de Murcia le ha sentado bien la democracia. En ocasiones, parecía que los problemas se enquistaban. Las soluciones, año tras año, se demoraban, pero casi siempre han terminado llegando. Queda mucho por hacer, es cierto. Pero nadie puede negar que hemos avanzado mucho.

 

Durante siglos, los valles del Segura y del Guadalentín han tenido que soportar inundaciones, que solían causar graves perjuicios. En la década de los 80 del siglo pasado, después de un intenso debate en el Congreso de los Diputado, logramos poner en marcha el Plan de Defensa contra las avenidas, cuyo proyecto dormía en los cajones del Ministerio de Obras Públicas desde los tiempos del primer gobierno de Suárez. Se construyeron nuevos embalses, se recrecieron otros, se intercomunicaron algunos, se encauzó el río Segura, y se perfeccionó el sistema de alarmas. Como consecuencia de esas importantes obras públicas, estamos en condiciones de laminar cualquier tipo de avenida. La maldición de las inundaciones ha quedado como cosa del pasado.

 

En la década de los 70 del siglo XX, se puso en funcionamiento el acueducto Tajo-Segura, para intentar solucionar el endémico déficit hídrico de nuestra región. Las obras las impulsó el ministro de Obras Públicas del régimen de Franco, D. Federico Silva Muñoz, en base a un proyecto de la II República, que había sido defendido con entusiasmo por el socialista D. Indalecio Prieto. Las aguas del Tajo han cambiado profundamente nuestra región. Terrenos semidesérticos se han convertido en vergeles. El Campo de Cartagena dejó de ser de riguroso secano para convertirse en una zona de regadío de alta productividad. Esta agricultura intensiva ha convertido a San Javier y a San Pedro del Pinatar en los municipios de renta per cápita más elevada de la región. Pero también se han generado problemas, que habrá que afrontar en el futuro. El más grave, el de la integración de los inmigrantes, que hemos necesitado como mano de obra para las duras faenas en los invernaderos. Y también, los cambios en el equilibrio ecológico que sufre el Mar Menor. Esta será otra tarea para el futuro: conseguir a través de una red de drenaje y depuración que las aguas que afluyen al Mar Menor lleguen  descontaminadas.

 

Pero seguimos teniendo déficit hídrico. Nuestro clima y la calidad de nuestros agricultores elevan la rentabilidad de nuestra producción agraria. Lo que, inevitablemente, incrementa la demanda de agua. En este sentido, considero que los ciudadanos de esta región debemos exigir a todos nuestros políticos que defiendan nuestros intereses simultáneamente en un triple frente:

 

1.- La defensa del Trasvase Tajo-Segura. Aquí no caben tibiezas ni medias tintas: habrá que seguir defendiéndolo con uñas y dientes. Sin el aprovechamiento conjunto, nuestra región, económica y demográficamente, retrocedería cincuenta años.  Nuestros políticos deberían ampararse en la Constitución. Hay tres principios que configuran nuestra convivencia democrática: la unidad de España, el derecho al autogobierno de las regiones y la solidaridad interterritorial de unas comunidades con otras. Al Estado español le corresponde salvaguardar la efectividad de estos tres principios. Pues bien, el aprovechamiento conjunto Tajo-Segura es la expresión más destacada de la solidaridad de las demás regiones con Murcia. El que ataque el trasvase, estará atacando el principio de solidaridad constitucional. Y esto el Estado no lo puede consentir. Porque el Tajo no es de los castellanos-manchegos, ni de los extremeños. Es, a través del Estado, de todos los españoles.

 

2.- Reclamemos el Trasvase del Ebro. Durante muchos años, el PP nos ha engañado con aquello de “agua para todos”, y cuando ha tenido mayoría absoluta no ha restablecido el proyecto del Trasvase del Ebro. Pues bien, deberíamos exigirles a nuestros políticos, cualquiera que fuese su adscripción partidista, que resuciten el plan de interconexión de todas las cuencas, que, a principios de la década de los 90 del siglo pasado, elaboró el ministro Borrell, y que el PP de Aznar boicoteó con el peregrino argumento de que era  necesario previamente un plan nacional de regadíos.

 

3.- Y, mientras tanto, con carácter complementario, apostemos por la desalación, pero recogiendo la idea del que fue ministro del Gobierno de Rajoy, Miguel Arias Cañete, de que, para reducir los precios del agua desalada, parte de los costes tendría que asumirlos el Estado. Lo que implicaría considerar las desalinizadoras como infraestructuras estatales básicas.

 

Durante la democracia, se han conseguido otros logros importantes. A principios del siglo XXI, el río Segura era el más contaminado de Europa. La aplicación de la ley y la actuación de ESAMUR han conseguido que las aguas se depuren antes de verterlas a los cauces públicos. Hoy el río Segura es un ejemplo. Se le considera el menos contaminado de Europa.

 

También hemos conseguido las autovías desde Cartagena y Murcia hasta Albacete, Alicante y Andalucía; la autopista de peaje Cartagena-Vera, y la importante autopista del Noroeste, con su peaje en la sombra, que ha logrado romper el aislamiento relativo que, con la pérdida del ferrocarril, sufrieron Mula, Bullas, Cehegín, Caravaca y Moratalla. Se han mejorado muchísimo las carreteras interiores. Faltan algunas autovías, pero se está en ello.

 

En lo que se refiere al ferrocarril, no podemos ser triunfalistas. Después de muchos decenios de reclamarlo, por fin se ha arreglado el tramo de Camarillas. Pero sigue siendo vergonzoso que la conexión por AVE con Madrid tenga que ser a través de Alicante; o que no se haya planteado con urgencia restablecer la comunicación ferroviaria con Andalucía, que nunca debió suprimirse. O, incluso, restablecer el ferrocarril Murcia-Caravaca de la Cruz, cuya infraestructura no debería desaprovecharse.

 

Tampoco tiene explicación el aeropuerto de Corvera. Si el de San Javier funcionaba ¿para qué meternos en esos gastos, que van a suponer una pesada carga en los presupuestos regionales durante muchos años?

 

Queda mucho por hacer. Pero deberíamos saber a dónde quieren llevarnos los políticos que reclaman nuestra confianza y nuestro voto. No hay viento favorable si no se sabe el puerto de destino.  A mí, personalmente, no me gusta en absoluto que para nuestro crecimiento económico se apueste exclusivamente, o con carácter prioritario, por la recuperación de la construcción. No me gusta que se quiera convertir a Murcia en la Florida de Europa, un lugar de retiro y asistencia hospitalaria de los jubilados ingleses y alemanes. Preferiría que nuestros políticos se fijaran en el modelo de California. Y que, desde el Gobierno de la región, y desde las Cortes Españolas, se preocuparan de que las grandes industrias de ámbito estatal, o supraestatales, bien públicas, bien privadas, se consolidaran en nuestra región y aumentaran sus inversiones. Me gustaría que se incentivara la investigación industrial. Muchas empresas autóctonas, relacionadas, o no, con la agricultura, han alcanzado un elevado índice de competitividad en los mercados internacionales. Nuestros políticos deberían convencerse de que ese camino es el que nos garantiza un futuro mejor y más próspero.

 

En todo caso, no perdamos la esperanza. Hasta ahora, nuestra región ha logrado salir adelante. A veces, a pesar de sus políticos.

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