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Raúl del Pozo/El Mundo.
Miércoles, 22 de mayo de 2019
Raúl del Pozo/Visto en la Red

Los presos, en el Parlamento

[Img #17842]Ahí están los héroes separatistas en la pasarela de la soberanía popular. Los políticos electos y presos JunquerasSànchezTurull y Rull, escoltados por la Guardia Civil y la Policía Nacional, se han acreditado en el Congreso, han difundido vídeos y se han retratado como aquellos del Proceso 1001. Hoy tomarán posesión de sus escaños y cualquier día de éstos volverán a proclamar la república, no en el balcón de la Generalitat sino delante de los leones de Ponzano.

 

El Estado español confunde la tolerancia con la incuria y, aunque el Tribunal Supremo les tenía prohibido a los presos de Soto del Real hacer ruedas de prensa, Junqueras ha lanzado un panfleto en su estilo de beato astuto como una serpiente y sencillo como una paloma. Antich ha descrito la escena así: “Carceleros y presos mirándose a la cara después de la aprobación de aquel 155 y se iniciara una persecución contra los dirigentes independentistas». Siguiendo el estilo de la tribu, eluden el delito por el que fueron procesados: rebelión contra la integridad territorial y la Constitución. Así escriben su historia.

 

Borrell nos predica, en vez de informar a las cancillerías, sobre el independentismo como un ejército de agitación y una gran fábrica de fake news. Considera que los constitucionalistas han sido pasivos y ellos, hiperactivos. Pues por eso van ganando. Profesores, hombres de Estado o politólogos insisten en que la independencia es imposible. ¿En que se basarán?

 

Al supremacismo fingido que ellos llaman “derecho al voto” sólo le queda conquistar la Europa que se construyó para evitar que el nacionalismo la incendiara una vez más. Ahora sólo les retiene ese valladar, en una UE plagada de nacionalpopulistas, con la colaboración especial de Puigdemont y Junqueras.

 

La república catalana avanza sin un contraataque riguroso por parte de la democracia española. Quizás no nos hemos equivocado en el diagnóstico, pero sí en la terapia. Las fuerzas del procés pelean mejor que las que defienden la Constitución.

 

El brillante columnista Cristian Campos piensa que izquierda ha sido uno de los orígenes del mal porque no ha analizado la rebelión como lo que es: la última carlistada, con sus abades y su xenofobia. “La izquierda -dice Campos- ve fascismo hasta en los anuncios de El Corte Inglés y ve como lo más normal la insolidaridad fiscal de las extremas derechas vasca y catalana”. Es verdad que no hay catalanismo moderado, sino una versión autóctona de esa vieja xenofobia contra la que se construyó Europa y que por aquí llaman catalanismo para disimular. “Yo he llamado a todo eso -sigue Campos- anomalía democrática, porque soy un tío fino: esto en realidad es un puto frenopático”.

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