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Redacción
Domingo, 2 de junio de 2019
juan tomás garcía andrés, a los 86 años

Ha muerto el coronel que frenó el golpe del 23-F en la Región

[Img #17895]HA MUERTO A LOS 86 AÑOS EL CORONEL QUE PARO EL GOLPE EN MURCIA REGION, siendo entonces teniente coronel de una unidad de paracaidistas  desplegada en Javalí Nuevo, JUAN TOMAS GARCIA ANDRES, un militar de una brillante carrera por su preparación, dotes de mando y su calidad humana.

 

Juan Tomás desempeñó un papel clave en la desarticulación del Golpe del 23 F en el escenario estratégico de nuestra Comunidad Autónoma, marina de combate, aeropuerto castrense de la Aviación y Academia General y  unidades de infantería de marina, paracaidistas y y artillería, así como de carros.Y el estratégico aeropuerto de Alcantarilla, todo  este aparato de guerra formando parte de lo que se llamó durante 24 horas "ZONA NACIONAL" BAJO LAS ÓRDENES DIRECTAS DE VALENCIA, donde tenía su cuartel  general MILANS DEL BOSCH, que junto al teniente general Armada, fueron, según los jueces militares, los inspiradores de la trama.

 

El teniente coronel Tejero se encargó de ocupar  el Congreso de los Diputados, el asalto chapucero.

En nuestra Región las fuerzas militares estuvieron acuarteladas durante tres días, y en servicio operativo la Guardia Civil y Policía Nacional, a pesar de las órdenes tajantes del Estado Mayor. En el Gobierno Militar de Murcia se estableció un equipo de seguimiento a espera de cómo se iban desarrollando los acontecimientos. Pero hubo movimientos de tropas, un despliegue efectuado por  batallones que salieron desde Lorca en dirección a Murcia. Fue entonces cuando el teniente coronel Juan Tomás García Andrés recibió órdenes  taxativas de Madrid, Estado Mayor de la Defensa, para que urgentemente le cortara el paso a la unidad que había tomado la carretera con el objetivo de declarar el estado de guerra.

 

El teniente coronel utilizó la cabeza, su mano izquierda, experta, y solo y acompañado de dos jeeps con un pelotón de paracaidistas de Javalí, ocupó el asfalto a la altura de Librilla. Los militares procedentes de Lorca, al mando de un coronel  fueron bloqueados e invitados a volver a sus acuartelamientos.

 

El diálogo fue corto y enérgico nos contaron meses después: - Mira, mi coronel, o vuelves a Lorca o tendremos problemas. Tengo órdenes de que regreses,  aquí nadie se mueve, pero ya. Ni un minuto más te doy.

 

Hubo tensión pero el coronel Vara algo vio en los ojos de Juan Tomás García que terminó dando la vuelta de regreso.

 

Fueron minutos de máxima tensión ya que los militares de Lorca tenían órdenes -nos explicaban ayer- de sumarse a la tropa asentada en el cuartel de artillería en la calle Cartagena y hacer cumplir las órdenes del Bando de estado de guerra en el Levante español, que también fue enviado a los medios de prensa, tanto al DIARIO LINEA como a La  Verdad,  dirigidos entonces por  Cano Vera, y Paco Saldaña. A ambos diarios se les mandó vía castrense.

 

Terminó el golpe africano, de raíz, tras la afortunada intervención del rey Juan Carlos I, en un mensaje televisivo dirigido a la nación. Este coronel que falleció este jueves, rodeado de su familia, con su  esposa Fuensanta tan valiente, amigos y compañeros, fue olvidado e incluso , creemos saber, marginado pues no logró ascender a general por sus méritos profesionales y dotes de mando y disciplina.

 

En su día, al final de la década de los ochenta, en la Asamblea Regional, hubo un intento de rendirle un merecido homenaje al ilustre militar, pero la máquina burocrática lo alargó y se eclipsó la propuesta que en principio contaba con el apoyo de los grupos parlamentarios de PP y PSOE. Pero todavía hay tiempo para hacer lo que se debe a un héroe anónimo que amaba su tierra.

 

Por último, casi al finalizar la legislatura, en su recuerdo y en homenaje a la unidad de paracaidistas asentada en Javalí, el Parlamento regional, por unanimidad, aprobó conceder una bandera de España en un acto castrense que estuvo cargado de emoción, en el acuartelamiento que mandaba  el teniente coronel Sanz. Fueron  tiempos con más diálogo que enfretamientos descarnados, ya a principios de los noventa. Habia clase política en la que no cabían demagogia ni sectarismo.-

 

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