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Redacción
Martes, 4 de junio de 2019
primeras ediciones: Madrid, Nueva York y París

Tintablanca: El encanto de los libros de viajes que desvelan el alma de las ciudades más fascinantes del mundo

[Img #17907]El alma de Madrid, Nueva York y París ha quedado impresa e ilustrada entre las páginas papel arte de los tres primeros libros que conforman la Colección Tintablanca: un recorrido apasionado y original por tres ciudades emblemáticas que atrapan al lector desde la primera a la última página. Tintablanca es un tesoro impreso, diseñado y fabricado en España con materiales de lujo, que se disfruta antes, durante y después del viaje.

 

Tras una vida dedicada a la edición, la escritura, la cultura y el periodismo de viajes, César Hernández y Manuel Mateo Pérez han hecho realidad el proyecto que siempre habían soñado y al que, de manera natural, su dilatada experiencia profesional les ha encaminado: ofrecer a los lectores y amantes del arte de descubrir el mundo un libro de viajes único y distinto a todo. En esta era urgente y tecnológica, una Tintablanca entre las manos nos regala el placer de la lectura, el arte del sosiego, la gratitud de poder deambular por los secretos de cada ciudad. Nos contagia de todos los espíritus que vagan en cada capital, de la sorpresa por explorar un enclave con una nueva perspectiva, con otros pasos. Incluso nos invita a dibujar y escribir en un cuaderno de viajes, en los apartados que para tal fin reserva cada libro, lo que un lugar nos inspira, bien durante un viaje que se inicia en un sofá o aquel que continúa entre las calles de Madrid, París o Nueva York.

 

La antiguía que viaja al centro de la curiosidad

 

Los autores de cada libro plasman, a través de una pluma impecable y de una colección de fascinantes ilustraciones, la esencia de cada ciudad. Cada autor confiere su estilo, su impronta, a unas capitales que conocen bien. Las han vivido, las han sentido y las han escuchado. Han sido, en definitiva, viajeros que han buceado entre su historia, que han vibrado entre sus rincones y edificios, que han deambulado entre el sabor de una cerveza o un café en el mismo lugar que antes disfrutaron personajes ahora históricos. Y lo han hecho con tanta intensidad y curiosidad, con tanta energía y pasión, que los escritores y artistas ilustradores de Tintablanca Madrid, Tintablanca Nueva York y Tintablanca París nos despiertan el interés por redescubrir estas ciudades indispensables del mundo con otro prisma, a pesar de que hayamos visitado estos clásicos de los cinco continentes que merecen, al menos, un viaje en la vida.

 

Desde un exorcismo en el Reina Sofía hasta el valenciano que construyó NYC

 

Entre los susurros de Tintablanca encontramos un Nueva York trepidante, cosmopolita y singular. Un Madrid esencialmente castizo, acogedor y juerguista. Un París delicado y bohemio que es, sencillamente, irresistible. Y en cada página vibramos con la propia historia de la ciudad y de otros viajeros... Ellos convierten calles, edificios o restaurantes en sugerentes lugares con la suficiente carga emocional como para despertarnos la necesidad de tomar un tren o un avión.

 

Cada explorador del siglo XXI posee sus propios motivos para emprender un viaje. Cada uno busca su particular mirada, su vivencia irrepetible. No obstante, hay una excusa inequívoca que cierra una maleta: la curiosidad. Tintablanca Madrid, Tintablanca Nueva York y Tintablanca París nos dejan durante su lectura increíbles anécdotas que sobrevuelan estas capitales del mundo.

 

[Img #17908]Curiosidades de Tintablanca Madrid

 

En Madrid, Lope de Vega y Cervantes se midieron en la vida… Y en la muerte. El destino quiso que los restos de Cervantes reposen en el convento de las Trinitarias Descalzas de la calle Cantarranas, que hoy se denomina Lope de Vega. Y los de este, en Cervantes. Paradojas de la vida.

 

En los años 50, la mítica coctelería Chicote fue testigo de los excesos de la actriz Ava Gardner y del escritor Ernest Hemingway, corresponsal durante la Guerra Civil. Tenían tal apego el uno por el otro que Ava llamaba daddy (papi) al autor de ‘Por quién doblan las campanas’. Y Hemingway llevó durante años, colgada al cuello, una piedra del riñón de Ava. Ella fue la reina de corazones, pero también la del ruido y la polémica. Sus fiestas eran tan escandalosas que su vecino de la calle Doctor Arce, el general Perón, la denunció, el Ritz la vetó y Manuel Fraga le reclamó 10.000 dólares en impuestos. La actriz se marchó a Londres en 1969. "Estoy muy cansada", dijo. No volvió.

 

El Museo del Prado, que abrió como pinacoteca en 1819, nació, sin embargo, con vocación científica. Carlos III, el mejor alcalde de Madrid, encargó a Juan de Villanueva un edificio que albergara el Real Gabinete de Historia Natural. Los soldados de Napoleón, en cambio, instalaron allí su cuartel de caballería y hasta usaron el plomo de los tejados para fabricar balas.

 

¿Por qué un funcionario del Museo Reina Sofía pidió que se hiciera un exorcismo al edificio? El lugar donde hoy contemplamos el Guernica de Picasso fue un centro de beneficencia para los más necesitados, que fueron enterrados aquí, junto a víctimas de pestes y epidemias. ¿Todas esas almas vagan entre el arte contemporáneo?

 

[Img #17909]Curiosidades de Tintablanca Nueva York

 

Nueva York no es capital del país, ni siquiera de su estado. Pero ello no le roba el título de capital del mundo. El ingeniero que diseñó el célebre puente colgante de hierro que une Manhattan con Brooklyn no llegó a ver la obra construida: John Augustus Roebling, emigrante de origen alemán, falleció cinco días después de que el proyecto se aprobara el 1 de junio de 1869. Le sustituyó su hijo. Curiosidades de la vida, enfermó y tuvo que controlar las obras con un telescopio desde su casa, mientras su esposa transmitía sus órdenes a pie de obra. Seis días después de que se inaugurara el puente de Brooklyn el 24 de mayo de 1883, tras 16 años de trabajo, una tragedia empañó el orgullo de la ciudad. Una mujer cayó por una de las escaleras y el miedo a que el puente se derrumbara provocó una estampida en la que murieron doce personas.

 

La Estatua de la Libertad pudo haber sido símbolo de Egipto, y no de Nueva York. El escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi había diseñado una mujer vestida con una túnica y una antorcha en la mano para la inauguración del Canal de Suez, como símbolo de la luz de Egipto sobre Asia. La idea no gustó al virrey egipcio, pero sí al pensador Édouard Laboulaye, que la convirtió en símbolo de la luz de las libertades en EEUU.

 

El asombroso skyline de Nueva York se empezó a construir a finales del siglo XIX gracias a la feliz suma de tres factores: la revolución en la industria del acero, la invención del ascensor y un subsuelo rocoso capaz de soportar toneladas de peso. Entre ellos, no podemos obviar la labor de los indios mohawks, de la reserva de Kahnawake, en Montreal (Canadá), esenciales para concluir la construcción del Empire State en poco más de un año: las "águilas de las alturas" no tenían vértigo debido a una mutación genética. El 1 de mayo de 1931 el Empire alcanzó, gracias a ellos, los 381 metros de altura y 102 pisos, 25 más que el Edificio Chrysler.

 

La meca del lujo y del consumo, la sofisticada y perfumada Quinta Avenida, nació para que los más ricos huyeran del ruido, las enfermedades y el olor pestilente del bajo Manhattan. No muy lejos, en Central Park, hay un secreto oculto en el pedestal del obelisco: una cápsula del tiempo que contiene una Biblia, un diccionario Webster, el censo de EEUU en 1870, las obras completas de Shakespeare, una guía de Egipto y un facsímil de la Declaración de Independencia de EEUU. Cuando se inauguró el monumento, acudieron más de 9.000 masones de todo el país al evento.

 

¿Sabías que el "arquitecto de Nueva York" era español? Así denominó The New York Times a Rafael Guastavino Moreno cuando murió. Él fue el inventor de unas bóvedas tabicadas prodigiosas ¡que resistían el fuego! Aún permanecen en lugares como el Oyster Bar, de la estación Grand Central. Cuando llegó a Nueva York en 1881, huyendo de un matrimonio infeliz, y acompañado por su hijo menor, su amante y las dos hijas de esta, Guastavino era pobre, no sabía inglés y no tenía título que avalara sus conocimientos de arquitectura. Su huella permanece en lugares como el Carnegie Hall, el metro de City Hall o el centro de acogida de emigrantes de Ellis Island.

 

¿Qué tienen que ver el Madison Square Garden y la Giralda de Sevilla? El actual Madison es heredero de tres espacios anteriores. Uno de ellos, situado al noreste de la plaza Madison Square, llegó a tener, gracias al arquitecto Stanford White, una estructura similar a la del Palacio de la Ópera de París… ¡Con una torre inspirada en la Giralda!

 

[Img #17910]Curiosidades de Tintablanca París

 

Tan visitada e incomprendida, la Torre Eiffel, símbolo universal de la capital francesa, no siempre fue tan querida. En la época no gustó en absoluto algo tan desmesurado y fabricado con hierro. Se temía un desplome. En un manifiesto en su contra se la tildó de ridícula, de negra y “gran chimenea de fábrica”. Se habló de los "monumentos humillados": Notre-Dame, la Sainte-Chapelle, la cúpula de los Inválidos o el Arco del Triunfo. Un agravio. Intelectuales y vecinos la rechazaron, e incluso se publicaron manifiestos en su contra. Sin embargo, en su inauguración, en 1889, se editaron 300.000 postales con su imagen. Las primeras de la historia. ¡Y el éxito de este soporte ligero continúa!

 

El Guernica se pintó en París, en el número 7 de la rue des Grands-Augustins, en un inmueble citado por Balzac en ‘La obra maestra desconocida’, en el que vivió Picasso con su musa y amante Dora Maar.

 

No se puede hablar de París sin citar a Victor Hugo y ‘Los Miserables’. Una de sus frases, "Errer est humain; flâner est parisien" (errar es humano, pasear es parisino), constituye toda una declaración de intenciones. París es también la ciudad que acogió los primeros pasos de escritores del boom latinoamericano. El periodista Gabriel García Márquez no podía pagar la pensión hasta que madame Lacroix, su casera y mecenas, se apiadó de él y le dejó vivir un año entero gratis. Así pudo crear ‘El coronel no tiene quien le escriba’. Vargas Llosa, aspirante a escritor, también recaló en París… Y en la generosidad de Lacroix.

 

Le Procope mantiene intacto su encanto y la leyenda de ser el café más antiguo de París. Fundado en 1686, Rousseau y Voltaire mantenían aquí acaloradas discusiones filosóficas. Diderot escribió en sus mesas su Encyclopédie, y Danton y Marat conspiraron tramas revolucionarias entre sus asientos aterciopelados.

 

¿Sabías que Winston Churchill era capaz de viajar a París solo para comprar queso? El lugar objeto de sus pasiones gourmets era Barthélémy, toda una institución hoy en día para los amantes de este alimento.

 

SOBRE TINTABLANCA

 

[Img #17911]Tintablanca es un libro de viajes y un cuaderno de notas. Es único, original y diferente a todo. Elaborado con un papel arte de gran calidad y encuadernado en tapa dura con telas de algodón orgánico, cada título de Tintablanca es un objeto de lujo dedicado a una ciudad del mundo, con textos realizados por reconocidos escritores y periodistas que han vivido en ellas y han sabido trasladar el espíritu que hay entre sus calles. Junto a las narraciones, ilustraciones originales realizadas por los mejores pintores, dibujantes e ilustradores han dado forma, perspectiva y color a cada ciudad para conformar libros singulares que distinguen a quien los lleva.

 

Cada Tintablanca es a la vez un cuaderno donde anotar las reflexiones del viajero, los pensamientos, curiosidades, notas y direcciones prácticas que le asaltan mientras camina; o el relato tranquilo y salpicado de complicidad y perspectiva sobre todo aquello que le rodea. Y además, toda Tintablanca cuenta con un cuaderno de dibujo realizado con papel blanco de alto gramaje donde plasmar los propios esbozos y dibujos.

 

Cada ejemplar se vende retractilado e incluye un juego de ilustraciones adhesivas extraídas de la obra original, que permitirá al lector/viajero personalizar su Tintablanca.

 

SOBRE LOS TÍTULOS

 

Madrid para apasionados

 

Autores: Carlos Aganzo (textos) y Ximena Maier (ilustraciones)

 

La capital de España es apasionada, heterodoxa, plural y moderna. Pero junto a su incesante animación anida también la ciudad histórica, patrimonial y determinante. El periodista y poeta Carlos Aganzo la conoce bien y la artista Ximena Maier ha vivido en ella el tiempo necesario como para llevar hasta sus dibujos el gesto y las muecas de una ciudad acogedora y generosa, donde nadie es un extraño. La Tintablanca de Madrid nos descubre una ciudad hecha de muchas ciudades. Hay muchos madriles, advierte su autor: “A Madrid se la entiende y se la ama por igual en la barra de un bar que en una sala de teatro, en una ópera o en un musical; lo mismo alrededor de un velador que en un concierto de rock, un club de jazz o un tablao flamenco; así frente a una buena mesa como frente a las Meninas de Velázquez o al Guernica de Picasso”.

 

Por esta Tintablanca de Madrid pasean Cervantes y Lope entre sus incesantes disputas, los amores contrariados de Ava Gardner y los excesos de Hemingway, la animación de la plaza Mayor y el valor que encierran los grandes museos triangulados en la milla de oro de la pintura. En este Madrid aún suenan los estertores de la movida, la poesía de los maestros que habitaron la Residencia de Estudiantes, las tertulias sin fin en los cafés literarios o las alucinaciones de Francisco de Goya. Este Madrid es una invitación a recorrer la Gran Vía y a elegir entre ser hincha de merengues (Real Madrid) o colchoneros (Atlético de Madrid). Porque como escribe Carlos Aganzo “llegar a Madrid es siempre una experiencia. Un descubrimiento. Un asalto al corazón que captura al viajero. Y lo hace suyo para siempre”.

 

Nueva York, destino planetario

 

Autores: Mariano López (textos) y Miguel Ángel Berges (ilustraciones)

 

Nueva York, la capital del planeta, posee para Tintablanca un significado especial. El libro de viajes escrito por el periodista Mariano López e ilustrado por el arquitecto Miguel Ángel Berges nos muestra una ciudad desbordante y apasionada donde toda historia, por inverosímil que parezca, acaba por convertirse en realidad. Los diez textos que conforman esta Tintablanca nos descubren aspectos de la gran metrópoli que no conocíamos: personajes únicos e imposibles, luchadores incansables, heterodoxos llenos de rarezas, artistas, magnates, cronistas y desconocidos con vidas de leyenda. Y junto a ellos la construcción de una ciudad hecha por las voces del planeta entero. El autor de esta Tintablanca nos propone una primera definición de esta urbe inabarcable: “Nueva York superó a otras ciudades por su capacidad para acoger ciudadanos de todos los credos, todos los orígenes y una misma aspiración: crecer en una ciudad que saben y sienten única, cosmopolita, poderosa y creativa. Una ciudad que retiene su identidad al mismo tiempo que estimula un cambio constante”.

 

Los diez relatos de esta Tintablanca son una incitación para perderse por la Gran Manzana. Mariano López y Miguel Ángel Berges nos invitan a conocer los orígenes de Nueva Ámsterdam, a los padres fundadores y los viejos edificios de aquella época que son conservados como veneradas reliquias de la historia. Esta Tintablanca nos descubre el modo en que creció la ciudad y a aquellos pioneros que consiguieron ponerla en pie a fuerza de sacrificio e ilusión por una libertad anhelada. Viven en sus páginas la estatua de la Libertad, los puentes que unen la isla de Manhattan con el resto de la ciudad y sus barrios. Los mitos, sus héroes, los superhéroes y junto a ellos la sombra amenazante de King Kong sobre el Empire State pasean al lado de Walt Whitman, los beat, el arquitecto español Rafael Guastavino, los ideólogos de Central Park y el icónico hotel Chelsea. Y como colofón el jazz, sus grandes músicos y Frank Sinatra entonando su New York, New York en una de las salas más conocidas de Times Square.

 

París para caminantes

 

Autores: Use Lahoz (textos) y Blanca Lacasa (ilustraciones)

 

París es uno de los títulos predilectos de Tintablanca. Está escrita por el novelista Use Lahoz e ilustrada por la artista Blanca Lacasa. Ambos han vivido en la capital de Francia, y en sus textos y dibujos han tratado de apresar el alma de una ciudad mítica e irrepetible. En la introducción de este libro de viajes, Use Lahoz advierte: “París es a la vez un viaje unitario y un viaje espontáneo. Por eso hay lugares, anécdotas, nombres y épocas que se repiten, que dialogan entre ellos, que saltan de un texto a otro como si se persiguieran por un escenario interminable y generoso a la hora de deparar asombros”.

 

Como toda Tintablanca, París está repartida en diez pequeños capítulos que el lector puede leer en el orden que elija. Todos ellos conducen a una ciudad apasionante, de caudalosa historia, dueña de un arte imperecedero y cuyos habitantes profesan un delicioso sentido de la vida. Use Lahoz y Blanca Lacasa han querido en sus relatos e ilustraciones llamar la atención de la importancia que el flâneur tiene en aquella capital. El paseante, el caminante, el que anda y recorre las calles y plazas de París sin descanso es, al final, quien apresa el alma de esta metrópoli irrepetible. Pocos lugares se parecen tanto a un libro, a un cuadro, a una composición.

 

El libro nos invita a conocer a los grandes pensadores que vivieron el París de los siglos XIX y XX, los autores más decisivos del impresionismo, el cambio que significó el art decó o la torre Eiffel en el paisaje urbano de la capital, el significado de la moda, el legado de Picasso y del resto de genios que habitaron sus calles y plazas, las lecciones de literatura que dejaron escritas personajes como Hemingway o García Márquez, y la vida al límite de icónicos cantantes como Serge Gainsbourg. Y es que como asegura su autor, en términos de belleza, París es una de las escenografías más impactantes del ser humano.

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