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Gabriel García Sánchez
Viernes, 12 de julio de 2019

Políticos impresentables

[Img #18102]Entre los muchos adjetivos que pueden definir la actual política en este país, el de impresentable puede ser aplicable a los principales partidos del espectro político nacional.

 

Así, impresentable es la posición que está adoptando Pedro Sánchez, de a la vez que se reúne con su socio “preferente”, Unidas Podemos (UP), para llegar a un acuerdo; en paralelo, está intentando por todos los caminos posibles que tanto Ciudadanos como el PP se abstengan en su investidura para así evitar tener que depender de nadie. Quién nos iba a decir que el que otrora defendiera a capa y espada el “No es NO”, que tomó por bandera hasta su propio fin, iba a andar mendigando, el “No es Abstención”. Increíble pero cierto.

 

También es impresentable la actitud de un Pablo Iglesias, que después de haberse quitado de en medio a todos los que le estorbaban en Podemos, en lugar de dimitir por los malos resultados obtenidos en las elecciones generales del 28-A con pérdida de 29 diputados, que fueron aún peores en las municipales y autonómicas del 26-M, quiera lavar su imagen y mantenerse a toda costa pidiendo una vicepresidencia para él, y unos cuantos ministerios para sus fieles allegados, actuando en representación de UP, cuando la otra pata de la coalición, IU, no quiere entrar en el gobierno y sólo quiere negociar un programa de izquierdas con el PSOE, en línea con los presupuestos pactados en su día que no llegaron a ver la luz. Iglesias no sabe lo que es la vergüenza ni es persona de confianza.

 

Del PP no se puede decir nada que no se haya dicho con anterioridad. Su líder, Pablo Casado, por indicación de su mentor, José María Aznar, inició su andadura política montado encima de la chepa de VOX con intención de quitarle el liderato de la ultraderecha. El batacazo electoral del 28-A le hizo cambiar de opinión para acercarse cada vez más a Rajoy y obtener unos resultados engañosamente aceptables, que le han hecho gobernar instituciones gracias al apoyo de Ciudadanos y VOX. Un ejemplo paradigmático consiste en que con sus peores resultados electorales de la historia gobierna en Andalucía, lo sigue haciendo en Castilla-León, y lo hará en las comunidades de Madrid y Murcia.

 

A VOX le son aplicables los peores adjetivos. Resumiendo, es un partido formado por gente mediocre, en su mayoría procedente del PP, pero con unas ideas decimonónicas racistas, xenófobas, machistas. En definitiva, un cáncer para nuestra sociedad y para Europa.

 

La peor parte se la lleva Ciudadanos, un partido con unos líderes, Rivera, siempre cabreado que destila odio y rencor hacia Pedro Sánchez. Arrimadas, convertida en una bronquista con derecho a insultar a todo el mundo; eso sí, que no se le diga nada porque te lleva a la fiscalía. Villegas, el mamporrero de Rivera, un político triste y mediocre, pero con mano de hierro y fidelidad jurada a su jefe.

 

Ciudadanos ha perdido todo atisbo de partido centrista para situarse al lado del PP, su aliado preferente, y casi único porque, pese a lo que digan, se está teniendo que tragar a VOX con patatas. No se querían sentar a su lado y ahí los tienes, con foto, tomando café, luego dialogando y así sucesivamente, hasta que Abascal y su gente se sientan satisfechos. Y mientras tanto, el PSOE convertido en “sanchismo” es repudiado hasta límites insospechados. No tienen palabra ni ideología.

 

Mal futuro el de Rivera y su gente, porque la militancia no soporta al PP, al que hace poco repudiaban, convertido en su aliado preferente. Es evidente que hay militantes de Ciudadanos, fundamentalmente en Madrid, Murcia y Castilla León, a los que no les está gustando nada el trágala exigido por Rivera de pactar a la fuerza con el PP, que lleva décadas gobernando en estos territorios, por lo que se hace necesario enviarlo a la oposición. Su propia gente no se cree que su partido y los populares sean los guardianes de las esencias constitucionalistas. ¡Amos anda!

 

Pero no saben, no quieren ver que se están suicidando. Pronto llegará un día en que Ciudadanos, el partido más centralista, mirará hacia sus bases y comprobará que se han ido. Estarán solos. Más que la una.

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