Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Jueves, 25 de julio de 2019
editorial

La mano que aprieta

[Img #18144]Como en aquella película mítica de la década de los cuarenta. Nos asfixia el calor de este verano horrible, pero peor son los calentones políticos que asfixian lenta pero permanentemente al pueblo español en los últimos años desde el golpe de los catalanes que ahora resulta que aman tiernamente a Pedro Sánchez y se disponen a votarle para mantenerlo en la Moncloa.
 
Como dice el refrán castellano, hay amores que matan. Nadie se explica este apoyo que huele a robo para llevarse un trozo de España, y luego harán cola otras comunidades autónomas. No es Cataluña, es lo que venga posteriormente con ayuda exterior. El objetivo es volar por los aires las libertades, el estado de derecho, la cultura, la constitución, los derechos humanos y liquidar el estado de bienestar ya practicamente herido de gravedad  por la situación de inestabilidad nacida de la tremenda crisis económica.
 
Se respira  sin dificultades una crisis nacional de las instituciones, paralizadas o renqueantes, como observamos el pasado lunes en el Congreso de los Diputados, todo un zoológico o un parque electrónico iluminado por móviles y tabletas en marcha tuiteando, más pendientes los padres y las madres de la patria del exterior que del bronco debate. Somos la rechifla de nuestros aliados. Un día después un barrido de las cámaras de las televisiones recogiendo el hemiciclo del Europarlamento, no captaron ni un móvil cotilleando chorradas campestres. O comunicandose con sabios tertulianos al servicio de las televisiones millonarias que nos martirizan abriendo telediarios con cuestiones de penes machistas, sangre, sexo, violencia, abusos, odio, desahucios, hipotecas avaras, alquileres por las nubes y descrédito de los partidos y sindicatos, tragedias, narcotráfico e incendios ideológicos radicalizados por los extremistas de ambos bandos.
 
Hay como un deseo, ya no disimulado, de provocar una revuelta, un estallido social, un motin en la cárcel de la desesperación, la soledad y la desesperanza que nos administran en cantidades masivas.
 
Mucho ruido para ocultar temas tan graves como el paro, la precariedad laboral, los abusos de un capitalismo sin alma y un populismo leninista que pretende tutelar masivamente a los 46 millones de españoles para instalarnos en una dictadura de dementes, el mismo comunismo que en el siglo pasado arrrastró a la República a un desastre, a quebrar a la izquierda y huir los primeros. Un comunismo, ruso, que llegó a firmar un pacto con Hitler, por "necesidades estratégicas".
 

España está triste aunque en las playas los santos inocentes anden en fiestas al sol. Los que han votado a los diputados que no son capaces de pactar un acuerdo nacional sin entrar en el engaño y las trampas de los que dicen que prefieren a Pedro Sánchez en la Moncloa, para finalmente decapitarlo friamente. No se esconden, desde hace cinco años lo han prometido. Es todo un drama made in Spain. Pero lo interpretamos como un mal chiste.

¡Deje su comentario!
Normas de Participación
Esta es la opinión de los lectores, no la nuestra.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
VegaMediaPress • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2019 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress