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Belén Lajarín.
Martes, 6 de agosto de 2019
seguimos sin encontrar una normativa que proteja a las personas que trabajan a la intemperie

¿Quién se acuerda de los trabajadores del campo cuando llegan las olas de calor?

[Img #18172]Cada año los veranos son más agobiantes, la temperatura media es más alta y por si no fuera bastante, vienen acompañados de olas de calor que se suceden sin darnos un respiro, de modo que cuando llegan estas fechas las autoridades sanitarias nos avisan por todos los medios sobre los golpes de calor y cómo prevenirlos. Concejales, concejalas y otros cargos parecen preocuparse mucho por la ciudadanía.

 

Pero, ¿ A quién le importan los trabajadores y trabajadoras del campo?.

 

Un lector me preguntaba si era seguro, ante estas condiciones climatológicas trabajar en la agricultura, construcción, obra civil o en las enormes instalaciones de la industria conservera si apenas se puede vivir sin aire acondicionado en casa, ¿Cómo es posible que se trabaje en el campo sin que suponga un riesgo serio a la salud?

 

Murcia es famosa por su huerta, pero también por pasar de los treinta grados en mayo y no volver a bajar de esa cifra hasta prácticamente hasta noviembre, y por muchos memes y bromas que vemos en las redes sociales sobre la temperatura extrema cuando hablamos de calor, el tema es muy serio porque no se trata de estar más o menos cómodo, el calor es un peligro para la salud porque nuestro cuerpo, para funcionar con normalidad, necesita mantener invariable la temperatura en su interior en torno a los 37 ºC. Cuando la temperatura central del cuerpo supera los 38 ºC ya se pueden producir daños a la salud y, a partir de los 40,5 ºC, la muerte.

 

El marco normativo básico en materia de prevención de riesgos laborales viene regulado por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales 31/1995 y la Ley 54/2003 de reforma del marco normativo de la prevención de riesgos laborales. En ellas se especifica "la obligación de las empresas, de garantizar la protección de la seguridad y salud del personal trabajador, desarrollando las actuaciones necesarias para evitar o disminuir los riesgos laborales".

 

Y esto es todo lo que vamos a encontrar en cuanto a protección de los trabajadores y trabajadoras del campo frente a la climatología adversa porque la legislación laboral española y la legislación europea de la que procede no contemplan de manera específica la prevención de los riesgos por estrés térmico.

 

El Real Decreto 486/1997 dedica el artículo 7 y el Anexo III a las condiciones termohigrométricas de los lugares de trabajo, pero excluye de su ámbito de aplicación “los campos de cultivo, bosques y otros terrenos que formen parte de la empresa o centro de trabajo agrícola o forestal, pero que estén situados fuera de la zona edificada de los mismos”.

 

Respecto a los invernaderos, en algunos casos, al ser considerados como lugar de trabajo de carácter permanente si se puede aplicar este Real Decreto, pero aunque todos los años se producen casos de personas que sufren golpes de calor en invernaderos, debido a situaciones de calor intenso y las consecuencias pueden llegar a ser mortales, encontramos que no siempre se cumplen las recomendaciones que debe llevar a cabo la empresa como actividades preventivas, formación, evitar los trabajos que requieran los mayores esfuerzos en los momentos de máxima radiación solar, establecer periodos de descanso y reducir la actividad física.

 

Respecto a las naves, oficinas o cualquier otro lugar de trabajo cerrado,la temperatura debe estar comprendida entre 17º y 27º, si se trata de locales donde se realizan trabajos ligeros debe estar comprendida entre 14º y 25º.

 

Sin embargo, seguimos sin encontrar una normativa que proteja a las personas que trabajan a la intemperie, se deja en mano de los empresarios y empresarias la adopción de medidas que permitan a las personas trabajadoras realizar su labor sin que está suponga un riesgo para su salud, e incluso su vida.

 

Esto no es suficiente, ante el desafío que representa el cambio climático, tanto la OIT como el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo deben esforzarse en realizar una nueva evaluación de los riesgos que conlleva trabajar al aire libre que derive en una legislación de obligado cumplimiento y no simplemente recomendaciones.

 

La clase política quizás debería pensar menos en sus sillones y más en las personas que trabajan a 40 grados bajo el sol realizando un esfuerzo físico y sin ningún lugar de descanso aclimatado, no cómo ellos que si disponen de aire acondicionado en sus despachos.

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