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Juan Rada.
Lunes, 12 de agosto de 2019
Puede que también sea el autor de casos sin resolver en Murcia, Granada y otras provincias

Reportaje Press: Un ‘serial killer’ mató a 10 prostitutas en Almería

[Img #18205]Una espesa niebla informativa ha ocultado los crímenes de un enigmático asesino en serie. Exactamente cien años después de que ‘Jack the Ripper’ sembrara el pánico en el brumoso East End londinense, un imitador aterrorizaba las calles de Almería. También mataba prostitutas siguiendo un patrón concreto. 

 

   La única diferencia es que en la capital inglesa tanto la Policía como la Prensa difundieron ampliamente lo que estaba ocurriendo para tratar de darle caza. Aquí, en cambio, se ha mantenido en secreto pese a que este depredador ha liquidado al doble de mujeres que su colega de las islas británicas.

 

   Su identidad es un enigma. Se sospecha que otros asesinatos sin aclarar cometidos en dicha provincia, así como en Murcia, Granada y demás zonas vecinas, pudieron ser obra suya. Y, lo que es peor, que cualquier día vuelva a matar.

 

SEIS AÑOS, MUERTE TRAS MUERTE

 

   Sus andanzas exterminadoras se iniciaron en 1988. Un chatarrero halló en una cuneta de Purchena una gran bolsa de plástico de la que asomaban unos pies. Era una mujer, con una camiseta deportiva roja y unos zapatos del mismo color, de unos 30 años. Mostraba diversos golpes en la cabeza y cuello. Había sido trasladada de lugar tras su muerte. Sin identidad. No existía ninguna denuncia de desaparición y se pensó que trabajaría en algún puticlub.

 

1.- Tras practicar sexo, las estrangulaba o golpeaba en la cabeza, arrojándolas al vacío.

  

Diez meses más tarde en otro arcén, en Vélez-Rubio, un pastor encontró el cuerpo desnudo y sin vida de María del Carmen Heredia, de 24 años. Vivía con su marido, que la recogía al final de la jornada laboral. La vio por última vez a las cuatro de la mañana en una avenida del Zapillo, zona en la que ejercía. La versión oficial, facilitada a los medios de comunicación, era que había fallecido por sobredosis o adulteración de narcóticos. Pero la autopsia fue concluyente: estrangulada. También el fiambre había sido transportado tras el asalto.

 

   A las tres semanas apareció asfixiada otra colega que trabajaba en el mismo lugar. Su cuerpo fue descubierto en los acantilados del Cañarete, por una pareja de franceses que hacían fotos del paisaje. Era Carmen Dolores Sandmeyer, de similar edad, hija de un alemán y una española. Como en el caso anterior estaba tirada boca arriba, desnuda y con un fuerte hematoma en el cuello. Había sido arrojada desde la carretera. Ninguna huella o pista reseñable por los alrededores. También ejercía la prostitución en El Zapillo.

 

   Lógicamente se creó un clima de temor entre las profesionales del sector. Algunas se retiraron temporalmente, incluso abandonaron la provincia, y a las que no les quedaba otro remedio que continuar en activo lo hacían con el máximo de precauciones. Se empezó a hablar de un exterminador de rameras.

 

   Mientras, las investigaciones policiales continuaban cerrándose en poco tiempo. Incluso, para quitarle hierro al asunto, desde fuentes oficiales comentaban que podía tratarse de ajustes de cuentas por tráfico de drogas o trata de blancas. Algo muy habitual durante aquella época.

 

   Nada más lejos de la realidad. Únicamente que el criminal, por prevención o porque desplazó su campo de actividad a otra demarcación geográfica, cesó temporalmente en su malvada labor.

 

   A los tres años exactos, nuevas muertes. Dos agricultores toparon en la zona de Punta Entinas con el cadáver de una joven en avanzado estado de descomposición. Tan solo llevaba puesto un sujetador rojo. Su aspecto se ajustaba al prototipo de las otras fallecidas. La causa de la muerte, un tremendo golpe en la sien. Al parecer se trataba de otra meretriz sin filiación alguna, de unos 23 años.

 

2.- Una de las víctimas después de ser despeñada por un acantilado.

  

Seis meses más tarde, nuevo hallazgo. Unos albañiles descubrieron en una urbanización de Almerimar el cuerpo desnudo de una joven. María Jesús Muñoz, la Tamara, de 28 años, que ejercía en el barrio de Pescadería y en la salida de las carreteras. Había muerto estrangulada. Después la arrojaron desde más de 40 metros de altura.

 

SIN PISTAS, CON POCOS SOSPECHOSOS

 

   La existencia de un serial killer era indudable. A las autoridades no les quedó otro remedio que aceptarlo. Se puso en marcha la Operación Indalo.

 

   El nombre se escogió porque el primer cadáver apareció muy cerca del lugar donde fue hallada la pintura que hacía referencia al patrón de la ciudad de Almería: San Indalecio. Se creó el perfil físico y psicológico del criminal. La investigación se centró en un tipo de sujeto fuerte, blanco, de entre 30 y 45 años de edad, casado, conocedor de las carreteras de la provincia y, posiblemente, conductor profesional.

 

   El miedo seguía incrementándose entre las trotonas de la noche. Las que por extrema necesidad seguían haciendo la calle recurrieron al ladrillo en el bolso, vieja forma de defensa para ahuyentar a golpes al asaltante. Sistema mucho menos sofisticado y efectivo que la diminuta pistola que empleaban algunas colegas en la época de Jack: cabía en la palma de una mano y la llevaban escondida en las ligas o en el sujetador.

 

   Pocos meses después otro crimen en Aguadulce. Una turista alemana tropezó en unos cañaverales próximos a la playa con el cuerpo semioculto de una joven: desnuda, estrangulada y con el cráneo roto. Una vez más no se encontró vestimenta ni objeto alguno que portara la víctima. El asaltante arrastró hasta allí el occiso con sumo cuidado para no dejar huellas. María Leal, de 22 años, estaba encinta, tenía una niña y vivía con su marido. Su zona de trabajo, el Zapillo.

 

   Una compañera la vio por última vez de madrugada cuando subía a un coche grande, de color azul oscuro y con un alerón trasero abollado. La Policía vigiló a un sospechoso cuyo vehículo respondía al descrito, aunque finalmente no lo pudo detener por carecer de pruebas sólidas que condujeran a su imputación.

 

   Medio año hasta que se produjo otro asalto. De nuevo en El Ejido. Un agricultor encontró, junto a un camino de invernaderos, un cuerpo semienterrado. Se trataba de la marroquí Khadija Monsar, alias Katty, de 25 años. Tan sólo llevaba puesto el sujetador de color rojo. Muerta por estrangulamiento. Inicialmente trabajó en un puticlub de Pampanico; después pasó a hacerlo en la calle. Fue vista por última vez a las cuatro de la madrugada en compañía de un tipo que había contratado sus servicios.

 

   Transcurrió un año hasta que apareció en la capital otro occiso. Nadia Hach Amar, de 22 años, nacida en Melilla, fue descubierta desnuda y estrangulada junto al campo de fútbol de la barriada de Los Ángeles. Tenía cortes en los glúteos. Sus ropas estaban dispersas a 20 metros. No había ni una gota de sangre, por lo que había sido trasladada de sitio tras el óbito. Se movía en los ambientes de prostitución callejera, especialmente en el Zapillo. Hubo varios detenidos, pero no se consiguió aclarar nada.

 

   A los 20 meses unos pescadores hallaron un nuevo cuerpo estrangulado en los acantilados de la playa de El Palmer, entre Aguadulce y la capital. Se trataba de Aurora Amador, de 24 años, que hacía la carrera en el parque Nicolás Salmerón. Estaba desnuda, con un fuerte golpe en la cabeza y el cuello partido. El asaltante le había quitado 22.000 pesetas que había ganado esa noche.

 

   Dos compañeras la habían visto montar a medianoche en un Opel Corsa, de tres puertas y gris metalizado. El número y letras finales de la matrícula eran 5 y AB respectivamente.

 

   De inmediato se localizó a su propietario. Se trataba de un funcionario de prisiones en Granada. Anteriormente había sido denunciado por agresión sexual, pero no llegó a ser juzgado.

 

   Fue interrogado por la Guardia Civil bajo la acusación de ser el autor de cinco muertes. Aunque reconoció haber estado esa noche en Almería, con motivo de la Semana Santa, negó haber contratado a ninguna ramera. El juez no consideró que existieran suficientes pruebas que lo inculparan, ni siquiera para intervenirle el teléfono. Además, desde Madrid llegaron órdenes para que se dedicaran a investigar otro caso. Dicho expediente pasó a empolvarse en los archivos.

 

   La existencia de un serial killer, sobre el que se desconocía todo, era indudable. La Guardia Civil y la policía tuvieron que desplazar expertos investigadores a esta provincia para tratar poner fin a sus correrías de ocho años.  Se iniciaba la caza. Bautizaron al objetivo como el Asesino de los Barrancos, por los lugares donde arrojaba los cadáveres.

 

3.- Portada del semanario almeriense El Caso Criminal informando de los primeros asesinatos de este serial killer.

  

El miedo seguía latente entre las mujeres de la calle. El peligro acechaba tras cada esquina, dentro de cada automóvil que rondaba determinadas zonas. Hubo más crímenes, pero no llevaban su sello.

 

   Ante el mutismo de la prensa almeriense tuvo que ser un diario de Madrid quien levantara la liebre. Abc tituló: «La policía ya no sabe qué decir ante la muerte de otra prostituta en Almería». Después silencio total.

 

   Pasados dos años se encontró el cuerpo de una mujer sin vida en un descampado, próximo a donde se halló muerta a la melillense Nadia Hach. Le habían destrozado el rostro y el cráneo con una piedra. Se trataba de Mónica García, una cuarentona barcelonesa que ejercía en las calles almerienses.

 

SEGUÍA UN PATRÓN ASESINO

 

   Tan enigmático asesino dejó de matar en 1996. El común denominador de todas las víctimas era una serie de peculiaridades físicas muy concretas. Perfil: morenas, pelo rizado, de unos 25 años, con una altura de 1’50 a 1’60, delgadas… Dado que le gustaban de tez oscura, ponía sus ojos principalmente en moras, gitanas y otras de piel atezada.

 

   Ejercían en la calle y eran mayormente toxicómanas. Las contrataba en puntos solitarios, se las llevaba en el coche y, tras practicar sexo, se las cargaba. Morían por asfixia o golpe en la cabeza y, en algún caso, por ambas causas. Fueron encontradas en el fondo de barrancos o lugares semejantes. Las que estaban desnudas mantenían parte de la lencería y zapatos de color rojo o negro. La similitud entre sus presas encuadra a los asesinos en serie, que actúan siguiendo un patrón.

 

4.- Itinerario asesino del Jack de Almería.

 

  Mujeres vulnerables sin arraigo familiar, estigmatizadas por la sociedad y refugiadas en el marco de los estupefacientes, cuya muerte no causó la suficiente presión social para que se acentuaran las investigaciones. La queja de las profesionales era que todo hubiera sido muy diferente si las damnificadas pertenecieran a clase social elevada, lo que hubiera causado fuerza mediática y mayor dedicación policial.

 

   No les faltaba razón a la vista de los resultados. De todos modos hay que reconocer la escasa colaboración que las meretrices prestan habitualmente a la policía aquí y en todas partes del mundo.

 

   El principal medio de comunicación provincial, La Voz de Almería, caracterizado de siempre por su complacencia con el poder, apenas si dedicó atención a estos sucesos. En la ciudad del Indalo apenas si se dedicó atención a las andanzas del estrangulador, al igual que sucedió con las del mafioso Juan Asensio. Apatía investigadora a todos los niveles que los delincuentes han sabido aprovechar.

 

   Diez años después de que cesaron los crímenes fue detenido el camionero Volker Eckert. Habida cuenta de que en alguna ocasión había llevado frutas y hortalizas almerienses hacia Holanda o Alemania, se pretendió cargarle la autoría. Solución fácil, pero quedaba descartada porque varias de las víctimas fueron vistas por última vez cuando montaban en coches, no en vehículos de transporte. El depredador alemán las contrataba en carretera, nunca en núcleos urbanos, y además las fechas de los asaltos no coincidían con las de sus trayectos por la zona del sudeste peninsular.

 

   La circunstancia más curiosa, que empezara a actuar en la misma fecha, un siglo después, que el destripador londinense. Parece como si quisiera conmemorar el centenario, rendir homenaje al más famoso de todos. Exactamente en esa misma fecha otro depredador emprendió una borrachera de asaltos en el estado de Nueva York. Arthur Shawcross, conocido como el Estrangulador de Rochester, acabó con la vida de una decena de rameras, como el de Almería.

 

   El Asesino de los barrancos, un nombre para la historia de los casos sin resolver. Su identidad continúa siendo un misterio. Una temible fiera que todavía puede continuar, en plan durmiente, en dicha franja del litoral mediterráneo o en otra, y que quizá reaparezca en cualquier momento a la llamada de la sangre.

 

   Un espeluznante caso más de la interminable crónica negra de nuestro país. Demasiadas citas con la muerte. Muchas víctimas y mil formas de morir: torturadas, estranguladas, descuartizadas, quemadas, defenestradas… Prostitución y crimen se dan la mano constantemente. Historias escritas en rojo y negro.

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