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Josefina Hurtado.
Miércoles, 11 de septiembre de 2019
se suspendió la petición de cárcel sin fianza para el investigado sin ninguna argumentación/último capítulo

En cuatro días morirás: el presunto asesinato de un hombre en Murcia a manos del Opus Dei

[Img #18326]Ya estamos en septiembre y el 24 de este mes la Audiencia Provincial de Murcia dictará sentencia sobre el caso de mi padre. El último juez que llegó al juzgado de instrucción número 2 de Murcia le dio el CARPETAZO al caso. Le dio el carpetazo a la investigación que se llevaba realizando por más de tres años.  Archivó el caso después de que desconvocaran la declaración de uno de nuestros principales testigos, el prestigioso forense sevillano Dr. Frontela. El Dr. Frontela iba a desenmascarar a los forenses de Murcia que habían engañado a la jueza Mirian Marín no solo no tomando las muestras ordenadas del cadáver exhumado de mi padre, sino también cuando los citó a declarar.

 

También se suspendió la petición de cárcel sin fianza para el investigado e igualmente, sin ninguna argumentación. Así mismo se dejaron sin ejecutar diligencias importantes ordenadas tales como la petición al Instituto Nacional de Toxicología forense de Madrid para que explicaran claramente el informe toxicológico emitido…

 

El auto de ordenación no se llevó a cabo, no se ejecutó porque hubiera dejado al descubierto las patrañas de los forenses de Murcia para salvarle el pellejo al cura del Opus Dei. Tampoco se completó la diligencia ordenada al 061/112 para que le enviaran un informe con todas las visitas realizadas a mi padre en los tres últimos años de su vida. El caso se archivó sin que se llevaran a cabo estas y otras diligencias importantes. Así se vulneraron todos todos nuestros derechos a tener una tutela judicial efectiva.

 

Esto será otra cosa, pero JUSTICIA ¡NO!

 

Ahora y años después vuelvo al comienzo de mi relato, a mi primer capítulo, a mi primer escrito en el que relaté mi declaración ante la jueza Raquel Flores. Ahora puedo añadir detalles que conservé para este momento y que entonces no conté.

 

Ante una de las preguntas que me hizo la jueza saqué aquel documento y se lo mostré. Era el informe de los avisos realizados por el 061 a mi padre en los tres últimos años. Lo había solicitado yo días antes apelando a mis derechos como hija. Con aquel certificado demostraba que el médico que certificó la muerte de mi padre y al que ya le habían tomado declaración, era simplemente un presunto cómplice de mi hermano el investigado y que nunca antes había asistido a mi padre vivo como el declaró.

 

La jueza cogió el certificado. Rápida en reflejos se dio cuenta inmediatamente de que no estaba registrada la visita del Dr. G. F., médico de la UME 14 Unidad que había sido enviada a través mío el día 15, dos días antes de la muerte de mi padre. El aviso no estaba, ni el aviso, ni la historia médica. En los archivos del 061 no quedaba rastro de esta visita. ¿Lo habían borrado del sistema? Probablemente si, y probablemente con ayuda de los informáticos que tienen.

 

Aquella mañana del día 15 de Mayo del 2015 solicité al 061 que enviasen una unidad para ver a mi padre. Hablé con una de las médicos directivos de los tres que estaban de guardia. Le dije la noticia de la muerte que mi hermano el investigado, el sacerdote numerario del Opus Dei le había dado a mi padre. Al decirle esto me dijo en voz baja, ‘¡Calla!’. Allí en el equipo de los tres había un miembro supernumerario del Opus Dei. Yo ya lo sabía, porque un tiempo antes había sido directiva yo también.

 

Aquella historia médica encontrada por mí en la casa de mi padre los delató. Si yo no la hubiera cogido antes de que se la llevara mi hermano, no habría quedado ni rastro de la visita del Dr. G. F. Este doctor declaró que el investigado lo llamó por teléfono para preguntar qué hacían allí. Sin embargo el propio investigado lo dejó por embustero y fue el que declaró que fue a la casa, que los encontró allí con mi padre, sacándole sangre y tomándole la tensión. Fue entonces cuando les preguntó qué hacían allí, a lo que el Dr. F respondió que los había mandado el 112.

 

El Dr.F no solo mintió en eso, tampoco dijo que el investigado lo echó de la casa como otro testigo declaró. Esto lo debió de comunicar al centro directivo y probablemente le dirían que no escribiese nada, que todo se taparía eliminando el aviso. No se esperaban que yo encontraría la historia médica y lo llamarían a declarar.

 

El Dr.F también dijo a la jueza que no había carpeta alguna de Paliativos y que mi padre ya no llevaba la medicación del corazón como dejó constancia en la historia médica. El Dr.F abandonó a mi padre con sus piernas trombosadas sin prestarle la más mínima ayuda como dejó claro en la apelación al archivo. De la misma forma lo hicieron la médica de cabecera, (a la que mi padre visito varias veces), el médico fantasma de paliativos y lógicamente el último oncólogo del Hospital Morales Meseguer que lo remató dándole una sobredosis de quimioterapia que mi propio padre se auto inyectaba en las piernas. El investigado y como maniobra de despiste presentó a seis médicos coordinadores del 061 que se prestaron a declarar como falsos testigos .

 

Como la jueza que nos tomó declaración se dio cuenta de la maniobra, no solo los llamó a declarar sino que pidió al 061/112 el listado de todas las visitas realzadas a mi padre en los tres últimos años. Esta diligencia numerada con el 9 nunca se llegó a ejecutar. El juez último lo impidió al archivar el caso.

 

En la apelación a la Audiencia solicitamos se completase dicha diligencia ordenada por la jueza Mirian Marín. Nueve médicos coordinadores del 061, es decir más de la mitad de los que hay en la plantilla participaron en los hechos como actores y falsos testigos. Yo trabajé allí y solo siento vergüenza e indignación por ver lo que son capaces de hacer unos mal llamados profesionales de la medicina por salvarle el pellejo al cura del Opus Dei.

 

Los Médicos del 112, la médico de cabecera, los oncólogos, el médico fantasma de paliativos, el enfermero que estuvo el domingo por la mañana y que nadie investigó quien era, el hombre de la organización, los forenses, el Instituto Nacional de Toxicología forense de Madrid, todos ellos dejaron sus huellas  aquel domingo 17 de Mayo del 2015, día de la muerte de mi padre.

 

La chica que servía en la casa, hija de la supernumeraria del Opus Dei, M.C declaró ante la jueza Raquel Flores que fue ella fue quien cortó la llamada cuando aquel domingo a las nueve menos cinco de la mañana estaba yo hablando con mi padre. Despegó la clavija cuando mi padre iba a pedirme auxilio. Ellos habían oído la conversación que había tenido yo con él el día anterior, sábado por la noche.

 

El domingo iba a decirle la hora en la que llegaba a España cuando cortaron el teléfono. Una hora después lo volvieron a enchufar y lo cogió la madre. Ya sabían  lo que yo iba hacer. ¡Así que tenían que correr!

 

En su declaración la hija de la supernumeraria del Opus Dei dijo el nombre de una de las personas que conocía lo que en secreto yo le había dicho a mi padre. ‘No digas nada, no hagas ningún comentario de mi visita. Confírmamelo con tu silencio’. Y con su silencio me lo confirmó. Esa persona era una de las que el domingo debía de estar allí.

 

El 22 de Mayo del 2018, año y medio después de que declaráramos tanto yo como el resto de los testigos, lo hizo el investigado. Emplearon todas las argucias legales para que fuera el último. Así era la forma en la que podía enterarse de todo los que habíamos declarado todos.  En mi argumentación en la apelación al archivo resalté este hecho.

 

Como antecedentes puse el ejemplo de lo que el juez que instruyó el caso Asunta dijo a un periodista en referencia al padre de la niña asesinada. Este juez dijo en la entrevista que lo que más le llamó la atención del padre de la niña fue que no hubiera manera de que declarara. Que fue el último y que estuvo esperando a que lo hiciesen todos los testigos. Eso fue lo que más le hizo sospechar que él era culpable. Exactamente igual a lo que hizo el investigado F. H., señalé yo en la apelación.

 

Después de su declaración y con la jueza sustituta puesta AD HOC por el presidente del TSJ de Murcia, pidieron tanto él como el fiscal, que se archivara el  caso. Lo hicieron a pesar de que quedaba todavía un testigo nuestro por declarar, el Dr. Frontela. Como denunciamos tanto a la jueza como al fiscal fue el nuevo juez que llegó al juzgado número 2 (juez progresista de jueces para la democracia) el que le dio el carpetazo al caso.

 

En estos juzgados de Murcia se han vulnerado todos nuestros derechos! No hemos tenido ni una justicia justa ni efectiva como está ordenado en la Constitución Española. Este es un derecho que tenemos todos los ciudadanos y aún más cuando lo que se está investigando es la muerte de una persona. Sin esto, sin una justicia justa e imparcial estamos perdidos.

 

Por último señalaré todas las denuncias adjuntas que hice junto al homicidio de mi padre archivadas y no archivadas.

 

Denuncié la falsificación de mi firma por el investigado en el IMAS (Instituto Murciano de Acción Social). Los documentos fueron compulsados por una funcionaria conocida por sus compañeros como miembro del Opus Dei.

 

Denuncié también la apertura de una cuenta en el BANCO SANTANDER y que solo veían y ven los directivos del banco. La denuncia la expliqué con todo lujo de detalles a la jueza Raquel Flores que me tomó declaración. Le mostré el documento que acreditaba la apertura de esa cuenta y que demostraba que tenían todos mis datos.

 

Esta cuenta de la que no quisieron enseñadme ni los movimientos ni cerrarla, la habían abierto hacia veinte años. Para quitarme de encima y viendo que no me iba, me entregaron ese documento que presenté en el juzgado. Nadie, ningún empleado podía ni puede ver esa cuenta, excepto los directivos.

 

Un amigo, empleado de otro banco, me lo explicó. Hay cuentas generalmente millonarias que se nos ocultan a los empleados y no las controla nadie ni siquiera Hacienda.

 

-‘¿Entonces?’ le pregunté yo.

 

-‘Probablemente serás una de las muchas mujeres y hombres de paja que puedan estar siendo utilizados/as para desviar fondos’.

 

La cuenta abierta veinte años antes había sido incluso renovada con mis propios  documentos en el 2015.

 

Pero…

¿Cuántos habremos en esta situación?

¿Cuántos seremos personas de paja, accionistas de paja o lo que sea?

¿Quiénes están detrás de todo esto?

¿Se lo pueden imaginar, verdad?

 

La joven jueza que escuchaba la declaración había quedado tan absorta con lo que yo decía que se le fue la funcionaria que escribía y ni se dio cuenta. Estoy completamente segura que nunca olvidará mi declaración.

 

Tampoco se investigó aquel sobre abierto y devuelto por correos. En él estaba mi pasaporte y mi firma compulsados. Se lo envié a mi padre en carta certificada para que realizase unas diligencias. Me lo devolvieron abierto y como no recogido. El investigado dejó una copia de los documentos que iban dentro en el IMAS como me mostraron los empleados del Instituto. Ellos mismos comprobaron también la falsificación de mi firma.

 

Igualmente se archivó la denuncia de estafa y saqueo de las cuentas bancarias de mis padres. La jueza lo argumentó diciendo que éste le había dado un poder notarial general al investigado, poder presentado por él en el juzgado.

 

La jueza no comprobó si la firma del poder había sido falsificada. El poder se había realizado con el mismo notario con el que se habían falsificado los testamentos. Por esto es por lo que mi padre siempre me decía que mi hermano tenía un poder.

 

Y esto era también por lo que siempre tenía en la boca: ‘¡Menudo falsificador!’ ‘¡Menuda escuela tiene!’

 

La denuncia del IMAS, la estafa, la falsificación de los testamentos entre otras se archivaron sin investigar. La muerte de mi madre, la cuenta abierta en el Santander, lo de correos y otras más se dejaron sin archivar pero sin investigar. Los jueces se debieron de olvidar de que en el número 408 del código penal se dice que es un delito el no perseguir delitos.

 

Terminaré este escrito con unas palabras sobre mi padre, la víctima.

 

Se llamaba Juan Hurtado Sánchez y era natural de una pedanía de Mula llamada La Puebla de Mula. Había sido jefe de personal de la famosa empresa de conservas ‘La Molinera’ en Molina de Segura (Murcia, España) y aunque trabajó toda su vida en ella su dos grandes pasiones eran volar y la medicina.

 

Por la primera se hizo piloto, por la segunda aprendió todo lo que en enfermería alguien puede aprender. Después me lo enseñaría a mí. Y además y lo que pocos conocen de él es que tocaba perfectamente el órgano y el clarinete. Era además un gran técnico que construyó él mismo la primera radio que tuvimos en mi casa. Manejaba la fotografía como nadie y en los últimos años de su vida aprendió la informática que controlaba con todos los ordenadores que tenía por su casa. 

 

A veces de genio explosivo, a veces un sensiblón como lo llamaba mi madre. Un sensiblón que lloraba con las películas románticas y que no comió ni durmió en varios días cuando tuvimos que sacrificar a nuestro perro. Y sobre todo y ante todo, una buena persona.

 

Falleció el día 17 de Mayo del 2015 día de la Ascensión del Señor y Aniversario de la beatificación de Escrivá de Balaguer. Antes de morir y de pie, mi hermano el investigado le dio la comunión como él mismo declaró. Después comenzó a rezar mientras todos lo miraban.

 

La ceremonia de la muerte de Escrivá (Prueba admitida por el juzgado) la leerían en voz alta.

 

Y una vez más vuelvo a poner la parte principal del documento tal como se muestra en la apelación al archivo que ahora está en la Audiencia Provincial de Murcia. Como pueden ver en el OPUS DEI se llevan a cabo ceremonias de la muerte con sus propios miembros, secretas y no conocidas por la mayoría de ellos. Realizan un ritual establecido por Escrivá de Balaguer y en el que al acabar el médico sale a buscar una inyección.

 

Han venido a decirnos que es la hora, y llega un sacerdote de Casa para atendernos. ¡Qué consuelo abrir una vez más el alma a un hermano tuyo —yo aun hijo mío— con quien has sido siempre sincero! Hacemos una confesión clara, entrecortada y breve. Con caridad sacerdotal nos van ayudando, para prepararnos mejor al abrazo de Dios: ¿y esto?, ¿y esto?, ¿y esto?—Sí, sí, también. Luego nos imponen una pequeña penitencia: di conmigo: Ave María Purísima, sin pecado concebida. A continuación, nos imparten la indulgencia plenaria in articulo mortis. EL MÉDICO DICE QUE NOS VAMOS, Y SALE A BUSCAR UNA INYECCIÓN... Tus hermanos vienen desde el oratorio, donde están rezando, con velas. Han llegado desde el Centro donde se guardan los Santos Óleos, para que nos administren la Extremaunción. Y recibimos también el Viático. ¡Qué alegría!

 

Este documento fue enviado además de al Papa Francisco, al Presidente de la conferencia episcopal española D. R. Blázquez y a la Fiscalía General del Estado Español. 

 

Nunca podrán decir que no se enteraron.

 

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